Los grandes negocios de Gustavo Aponte, el empresario asesinado misteriosamente en el norte de Bogotá

Dueño de la importante arrocera Sonora, de 2 fincas ganaderas del Meta, empresario del plástico y accionista de varias firmas: así era su rentable portafolio

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febrero 12, 2026
Los grandes negocios de Gustavo Aponte, el empresario asesinado misteriosamente en el norte de Bogotá

A las 3:45 de la tarde del miércoles, cuando el flujo de gente del norte de Bogotá se mueve con la prisa habitual, Gustavo Andrés Aponte salió del gimnasio Bodytech de la calle 85. Caminaba con la naturalidad de quien termina una rutina y vuelve a su día. Junto a él iba su escolta, Luis Gabriel Gutiérrez. A pocos metros, esperaba un hombre vestido de traje y corbata desde hacía varios minutos. El hombre estaba atento al ritmo de entradas y salidas, medía tiempos y evitaba llamar la atención en una zona acostumbrada a ver ejecutivos, residentes de alto perfil y personal de seguridad privada. Cuando Aponte y Gutiérrez cruzaron el punto que había escogido, el hombre de corbata se les acercó por detrás y disparó cuatro veces. Luego corrió un poco menos de una cuadra hasta subirse a una motocicleta TVS Apache 200 que lo esperaba con el motor encendido, conducida por otro hombre con el mismo atuendo formal. Ambos huyeron hacia el sur por la carrera Séptima.

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Diez minutos después, una camioneta blanca de platón se detuvo frente a la Clínica del Country. Dos trabajadores del gimnasio habían improvisado un traslado de emergencia. Aponte y su escolta llegaron con vida, pero las heridas no tuvieron margen de espera. La escena cerró con dos muertes y una investigación en curso en un sector donde la vigilancia es intensa y la actividad de las cámaras es constante. La Policía comenzó a reconstruir los últimos recorridos del empresario y el mapa de sus actividades económicas recientes.

El emprendedor

A los 46 años, Gustavo Andrés Aponte había construido un portafolio empresarial concentrado en la industria de los plásticos, con ramificaciones en la agroindustria y la ganadería. No era un nombre mediático, pero sí una figura conocida en círculos empresariales regionales. En la Empresa Colombiana de Soplado e Inyección, una firma creada en 1993 y dedicada a la fabricación de artículos plásticos para distintos usos, ocupó un rol directivo y era accionista con el 2,5 por ciento de participación. La compañía tiene operación en Atlántico, Cauca, Antioquia y Bogotá, una huella que refleja una estructura productiva distribuida y una red de clientes que depende de la continuidad de ese negocio industrial. Desde esa posición, Aponte participaba en decisiones de expansión, compras de insumos y relación con proveedores en un sector que vive de la escala y de la estabilidad de contratos.

También figuraba como accionista de Flexo Spring, una empresa enfocada en la fabricación de artículos plásticos, donde su participación era del 1,62 por ciento. En esa firma estaba vinculado laboralmente su escolta, Luis Gabriel Gutiérrez, lo que explica la relación profesional que los unía más allá del esquema de protección personal. Aponte se movía en el circuito empresarial con un perfil bajo, sin exposición pública, pero con presencia en juntas y decisiones operativas.

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Su portafolio incluía además 146 acciones en Inversiones Aga, una compañía registrada en la Cámara de Comercio del Cauca desde 1998 y dedicada a la producción de bienes plásticos y metálicos. Y tenía un rol más visible en Incoltapas, fundada en 1972, una empresa tradicional del sector que produce artículos de plástico y metal. Allí se desempeñaba como gerente y accionista, con 2.247 títulos registrados. Esa posición lo ubicaba en la primera línea de la gestión: administración de personal, relación con clientes industriales, cumplimiento de contratos y manejo de costos en un contexto donde la presión por materias primas y energía ha marcado los últimos años del sector manufacturero.

Arroz y ganado

Más allá de las fábricas y los balances, dos de los negocios que mayores retornos le generaban estaban lejos de las zonas industriales. Uno era la copropiedad de la marca Arroz Sonora, una de las más vendidas en el país. El negocio arrocero implica una cadena que va del cultivo al procesamiento, empaque y distribución, con márgenes de ganancia ajustados por la volatilidad del clima, los costos de insumos y la competencia de marcas consolidadas. Arroz Sonora se ha posicionado en góndolas de grandes superficies y en tiendas de barrio, con una presencia sostenida en regiones donde el consumo de arroz es parte de la dieta diaria. Aponte participaba en las decisiones estratégicas de esa marca, desde la compra de grano hasta los acuerdos de distribución.

El otro eje de su patrimonio estaba en el Meta, donde era uno de los dueños de dos grandes fincas ganaderas, un negocio heredado de su padre, Gustavo Adolfo Aponte, un referente del sector. La Angostura y La Alcancía formaban parte de un proyecto productivo que combinaba tradición familiar con prácticas técnicas modernas. La Alcancía, ubicada en la vereda San Nicolás, en el municipio de Cumaral, cuenta con una extensión de 1.800 hectáreas, de las cuales 327 están destinadas a bosques de galería, áreas de protección de caños y sombrío para el ganado. La ganadería allí se ha especializado en genética brahman y cruces, con un enfoque en productividad a campo abierto. La Angostura, por su parte, complementa el esquema con una operación ganadera que suma un número significativo de cabezas de ganado en la región, consolidando un bloque productivo que representa uno de los activos más importantes de la familia.

Ese legado ganadero había sido reconocido públicamente cuando su padre recibió una de las distinciones más altas del gremio por su trayectoria al frente de Agropecuaria Alfa, la empresa que articula las operaciones de las fincas. Gustavo Andrés proyectaba la continuidad del proyecto en una nueva generación, con inversiones en genética, manejo ambiental y procesos de transformación de carne.

En paralelo a su actividad empresarial, Aponte participaba como miembro principal de una fundación enfocada en el apoyo a menores en situación de vulnerabilidad en el sector de Patio Bonito, en el sur de Bogotá. En los meses recientes había estrechado su vínculo con una parroquia del norte de Bogotá, donde se había integrado a actividades comunitarias. Eran facetas menos visibles de un empresario que dividía su tiempo entre juntas directivas, recorridos por plantas industriales y visitas periódicas al Meta para supervisar la operación ganadera.

Hoy, mientras las autoridades revisan cámaras y reconstruyen la ruta de los asesinos, la investigación judicial empezó la búsqueda de quienes están detrás del crimen y sus móviles.

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