Carlos Lasso, biólogo e investigador español radicado en Colombia que trabaja en el Instituto Humboldt, identificó un importante hallazgo arqueológico gracias a las redes sociales. La publicación de fotografías y videos por los visitantes y lugareños de una cueva en Santander, llamó la atención de Lasso, quien fue a verificar de qué se trataba y encontró algo que los guaqueros no pudieron llevarse.
En la cueva a la que no llega la luz del sol fueron encontradas varias pinturas rupestres de 40 mil años de antigüedad.
Cuando Lasso descendió a las oscuras profundidades de la cueva se dio cuenta que por ahí ya habían pasado los guaqueros que arriesgaron sus vidas para esculcar los cadáveres de los indígenas enterrados con sus tesoros y venderlos en el exterior.
La cueva estaba desvalijada, solo quedaban unos cuantos huesos de los ancestros del pueblo Guane que sugerían que el lugar era usado para la momificación, una práctica que mediante la cual se preservan los cadáveres alejándolos de la humedad. Estos huesos ya están siendo estudiados en el Instituto de Genética de la Universidad Nacional.
Junto a su equipo, el investigador recorrió 200 metros hasta una habitación llena de figurillas en las paredes que cuentan cómo vivían los ancestros hace miles de años.

En América Latina solo se han encontrado tres cuevas de este tipo. Hasta ahora, esta es la primera que se descubre. El lugar más popular donde se puede apreciar este arte ancestral es en Chiribiquete, un parque de 3 millones de hectáreas ubicado entre el Caquetá y el Guaviare, donde las representaciones artísticas muestran que en ese lugar habitaron mastodontes, paleollamas y caballos del pleistoceno. También muestran las costumbres cotidianas de los primeros pobladores del mundo, quienes desaparecieron por el cambio climático, como lo comprobó Thomas Van der Hammen.

Estos trazos no eran hechos por cualquiera persona, tal como cuenta Carlos Lasso, había un artista que tenía el don de representar las costumbres de su pueblo en un lugar especial. Por ejemplo, los símbolos de la región cundiboyacense suelen ser figuras geométricas abstractas que se ubican con determinada jerarquía, mientras que las de Chiribiquete son figuras que representan a los animales y la naturaleza del pueblo Carijona, ancestros de los amazónicos.
Por el momento, el Instituto Humboldt, liderado por Hernando García, se reserva la ubicación exacta de la cueva donde se descubrieron los pictogramas, esto con el fin de preservar el lugar, que ya está deteriorado por la acción de los guaqueros, para continuar con los estudios que serán revelados en un libro que se encuentra editando el Instituto Colombiano de Antropología e Historia, dirigido por Alhena Caicedo Fernández, una de las fichas que posesionó la exministra de Cultura, Patricia Ariza, la primera en ocupar el cargo durante el gobierno Petro y que salió luego de enterarse por una alocución presidencial que estaba despedida.
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