La forma de la presión dirá si somos padres controladores, sobreprotectores o buenos facilitadores. Una manera correcta y otra inadecuada de motivar nuestros hijos

 - Ponerle presión a los hijos: un acto de amor

Querer que a los hijos les vaya bien es parte del amor que sentimos por ellos.  Los buenos padres sabemos que nuestros hijos necesitan pequeños “empujones” o sea algo de presión nuestra para que hagan las cosas.  Movilizar a un hijo, a veces no es fácil.  Los niños prefieren quedarse frente a un televisor, una pantalla de computador o jugando con otros aparatos electrónicos. No todos se encuentran lo suficientemente motivados para levantarse del juego de “playstation” a menos que un adulto les aplique algo de presión amorosa.  Así se comunican las expectativas que nosotros tenemos sobre ellos.  La forma en que se aplique esta presión va a determinar si somos padres controladores, sobreprotectores o buenos facilitadores.  Definitivamente hay una manera correcta y otra inadecuada para motivar a nuestros hijos.

Es importante entonces hacer la distinción entre aquellos padres controladores y exigentes y aquellos que son exigentes pero de una manera positiva.  En todo caso es claro que los papas deben estar pendientes de darles a los hijos todas las oportunidades para que despeguen sin hacerles las cosas, sin ser bruscos ni obligarlos a hacer cosas que no les gustan solo para satisfacer una necesidad nuestra.  Por esta razón muchos padres son percibidos como metidos e intrusivos.  Lo correcto es estimular y motivar de manera activa a nuestros hijos hacia acciones concretas.  Todos los buenos padres tendrán que exigir y estar pendientes de que sus hijos estén involucrados en actividades que favorezcan su desarrollo.  La diferencia es que a los padres cansones y agresivos se les olvida resaltar el esfuerzo y critican más de lo que elogian.  Los padres motivadores se caracterizan por lo contrario.  Exigen y bastante, pero estimulan a sus niños, haciendo énfasis más en lo positivo que en lo negativo.  No se engañan y conocen bien a su hijo de tal manera que sus expectativas serán siempre realistas y con posibilidad de cumplirse.  El padre sobre controlador, sobre organizador y con expectativas altas termina haciendo las cosas por los hijos y los convierte así en seres inútiles.

Productos de hogares permisivos es lo que abunda:  jóvenes inseguros, asustados y sin ninguna motivación

Como vemos hay que estar encima de los hijos para que hagan algo, hay que animarlos y tener exigencias pero no sobrepasarse para ningún extremo.  El otro extremo es quedarse pasivo y dejar al niño hacer lo que quiera.  Esto a corto plazo es fácil, pero a largo plazo es un desastre.  Productos de hogares permisivos es lo que abunda:  jóvenes inseguros, asustados y sin ninguna motivación.  La exigencia bien administrada es una manifestación de amor.  El niño a quien nadie le exige no se siente querido.  Por estas razones, no se sienta mal cuando sea exigente con sus hijos.  Con el tiempo ellos se los agradecerán.  “Eso si, ¡no se vuelva hipercontrolador, ni sobreprotector!

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Por Annie Acevedo

Lleva 40 años consolidándose como la psicóloga colombiana más reconocida en temas de crianza y familia. Psicóloga de la Universidad de los Andes, tiene maestría en Psicología en la Universidad de Alabama, posgrado en Neuropsicología en la Universidad de Miami y especialización en Neurolingüística Psicología Educativa. Coordinadora del Learning Center del Colegio Nueva Granada en Bogotá, durante 35 años. Reconocida por gobierno colombiano con la medalla Simón Bolívar, por 36 años de trabajo continuo con niños que presentan dificultades emocionales y de aprendizaje y la creación de un learning center único en el mundo. Fundadora del Colegio Fundación Nueva Granada, y la Fundación Oportunidad para niños y familias de bajos recursos con dificultades emocionales y/o de aprendizaje. Actualmente atiende consulta privada de psicología y aprendizaje y es conferencista nacional e internacional. Columnista de la revista Semana y de el periódico El Tiempo, autora 10 libros entre ellos “Hazlos felices para que sean buenos y “La nueva crianza en el siglo XXI”.