Lance Armstrong y el dopaje en el ciclismo colombiano
Opinión

Lance Armstrong y el dopaje en el ciclismo colombiano

Viendo a Armstrong pensaba en que se debe complicar la metáfora de los ciclistas que nos dan identidad como nación. ¿Esta racha de dopaje es un problema cultural o de unos individuos?

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junio 09, 2019
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Hace unos días, Lance Armstrong volvió a dar una entrevista. Armstrong, el mayor fraude en la historia del deporte, mantiene una presencia activa en de las redes sociales y podcasts. Vi la entrevista con las imágenes recientes del Giro d’Italia que coronó, inesperadamente, a Carapaz. Unos días antes del Giro, argumenté en esta columna que los ciclistas “sin proponérselo, además, han lograr construir en Colombia la nación como una comunidad imaginada, idea esa de Benedict Anderson, la nación, una “construcción social, imaginada por las personas que se perciben a sí mismas como parte de ese grupo”. Es cuando veo a estos pelados que me imagino colombiano y me siento orgulloso de eso.” En esta columna, voy a sugerir nuevos elementos del paralelo entre ciclismo y todo lo demás.

Pasó el Giro, arranca hoy el Criterium de Dauphiné (antes Dauphiné Liberé) y ya se ve en el horizonte el Tour de Francia 2019. No para el ciclismo. Ha sido un elemento importante en mi vida, crecí rodeado de uniformes de ciclismo, siempre en la sala o en algún cuarto había bicicletas, muchas mañanas me levanté oyendo a mi papá entrenando en rodillos, y pasé mañanas enteras oyendo ciclismo en radio. Siempre, cada año, salir a ver pasar los ciclistas en la Vuelta a Colombia. Naturalmente, los regalos más importantes que recibí entre la niñez y la adolescencia fueron los balones de fútboles, las camisetas del Medellín y las bicicletas (que fueron tres en total, la primera con rueditas, la segunda a las 10 y la roja que todavía tengo a los 13). Ya después de las lesiones que terminaron con mi paso por el fútbol aficionado pasé de ser un ciclista urbano a un ciclista de ruta aficionado.

Inevitablemente entonces he encontrado en la metáfora del ciclismo una forma útil de entender momentos de la vida, comportamientos y lo de la columna, la construcción de “la nación soñada”.  Fue un Giro agridulce. Miguel Ángel López tuvo mala suerte, no tuvo la fuerza en un par de momentos y los tiempos lo castigaron duro. No logró estar realmente cerca de disputar la general en ningún momento. Mostró, sin embargo, el carácter y la clase que tiene atacando todas las veces que pudo. Chaves tuvo una buena tercera semana, logró un segundo puesto de etapa y una victoria increíble que se terminaría con un abrazo conmovedor con sus padres. La familia sufre tanto o más que el ciclista de élite. Fernando Gaviria ganó una etapa por descalificación de Viviani pero se fue relativamente rápido. Agridulce, como la vida.

Y, claro, el dopaje ahí estuvo. En este tema, vivimos una de las peores rachas en nuestra historia deportiva. Será porque habrá más controles, mayor visibilidad, puede ser. Es la misma pregunta, ¿el mayor debate sobre la corrupción resulta porque hay más corrupción o porque se mide y se condena más? Juan Sebastián Molano, que era pieza clave del tren de embalaje de Fernando Gaviria, fue retirado la primera semana del Giro por su propio equipo por “resultados fisiológicos aparentemente inusuales luego de un estricto y sofisticado control interno de salud”. Sin duda, un golpe duro que lo pone a defenderse durante un buen tiempo. Si es inocente, ojalá logre probarlo. Más triste aún, en la mitad del Giro, suspendieron por "violación de las normas antidopaje" a Alex Cano, un veterano del lote nacional y terminó por cerrarse el Team Manzana Postobón, el equipo más importante del país, justamente por dos casos de dopaje consecutivos que iban a resultar en la sanción del equipo. Una vergüenza internacional. Ya cargábamos con la suspensión de Jarlinson Pantano que, como Molano, está en un equipo World Tour (el nivel más alto).

Escribí la primera columna como un homenaje a estos ciclistas colombianos que tantas alegrías nos dan. Viendo a Armstrong pensaba en que se debe complicar más la metáfora de los ciclistas que nos dan identidad como nación y sentido al ser colombiano. ¿Esta racha que parece ya continua de dopaje -en 2017, 8 ciclistas fueron sancionados por dopaje en la Vuelta a Colombia- es una muestra de un problema cultural a nivel deportivo o es un problema de unos individuos? ¿Es reflejo de la cultura de la ilegalidad que ha permeado muchos sectores de la sociedad colombiana? Las respuestas no son fáciles: por ejemplo, paralelo al caso colombiano, este año ha habido una redada importante que resultó con el desmonte de una red de dopaje de deportistas austriacos -entre ellos, el ciclista Stefan Denifl- liderada por un médico alemán. No parece que Alemania y Austria sean sociedades con un problema reciente de cultura ilegalidad (y la relación del dopaje con el ciclismo alemán es, también, histórica).

Vale la pena pensar en la metáfora y un ángulo especialmente interesante, el de la capacidad estatal.  Acá el panorama es revelador del país del ingreso medio que somos: hace unos meses se realizó con relativo éxito el Tour Colombia que requiere de una logística más o menos compleja. Sin embargo, ese mismo país, no tiene laboratorio de control de dopaje. Increíble, por mala calidad, desde el 2017 el laboratorio está suspendido. Es decir que, un país que es potencia mundial de ciclismo, no tiene la herramienta más elemental para controlar el dopaje. Toca mandar las muestras a otros países. Por supuesto, cabe aquí otra duda: entre otros, dos ganadores del Tour de Francia que se doparon por años, Lance Armstrong y Floyd Landis, dos gringos compitiendo en Francia, no precisamente una combinación de sociedades con baja capacidad estatal.

El ángulo de la capacidad estatal tiene otra arista. ¿Hasta qué punto el desarrollo de estos deportistas resulta de políticas públicas que promuevan el desarrollo deportivo o, más bien, resulta de esfuerzos familiares en donde el Estado no juega ningún papel? En nuestro caso, parece haber variación en las posibles respuestas. En algunas regiones, como Antioquia y recientemente Boyacá, parecería que políticas públicas en la base han sido importantes para el desarrollo de los ciclistas mientras que en (¿la mayoría?) de casos el surgimiento de los ciclistas resulta de caminos familiares llenos de sacrificios y poco apoyo estatal. Por último, Ernesto Lucena, director de Coldeportes, en reacción a la crisis del Team Manzana, sugirió otra idea: las redes del dopaje que hay en Colombia son similares a las redes de narcotráfico. El elemento capitalista del problema.

 

 

Hay unos jóvenes, que ya representan bastante bien nuestra inmensa diversidad,
que con esfuerzo y talento llegan a lo más alto su área de competencia.
Logran reunir a una sociedad -la colombiana- que está casi siempre fragmentada

 

 

 

Se cruzan entonces diversas dimensiones en el ciclismo colombiano: hay unos jóvenes, que ya representan bastante bien nuestra inmensa diversidad, que con esfuerzo y talento llegan a lo más alto su área de competencia. Logran, a mi juicio lo más increíble, reunir a una sociedad -la colombiana- que está casi siempre fragmentada. Actúan, sin embargo, en un país y en un mundo complejo, violento y corrupto en muchas áreas.

Pensaba en las metáforas viendo a Armstrong. Siguen obviamente más preguntas, ¿Cómo puede seguir esta historia? ¿Hay alguna pista que pueda ser interesante para los retos que Colombia enfrenta? ¿O es la búsqueda de paralelos, entre el ciclismo y la sociedad, forzada? Armstrong dijo, entre otras, que no se arrepentía de nada, que volvería a hacer todo igual, que la decisión -en su momento- era doparse como todos los demás o devolverse a la casa y que el no se iba a devolver a la casa, que le daba vergüenza imaginar que sus hijos le preguntan que si ellos también entonces deberían acceder a doparse para triunfar en el deporte. Es un tipo interesante, dice: valoro el dolor y la reflexión sobre el costo de pecar, entonces no puedo decir que no debí haber pecado.

El futuro del ciclismo es incierto. La estrella más grande de los últimos tiempos, Froome, carga una duda sobre su participación en la Vuelta a España de 2017. Fue absuelto después de un largo y multimillonario proceso -que ningún colombiano podría pagar-. Contador, el gran ídolo antes de Froome, tuvo una sanción por dopaje, él se defendió diciendo que había comido una carne contaminada. Inevitablemente, y a lo mejor de manera injusta, cada gesta de un ciclista carga aún con el manto pesado de la debacle de Armstrong. Por mi parte, seguiré pedaleando y disfrutando con las carreras, pensando en las metáforas y su evolución.

@afajardoa

 

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