Es verdad que el capitalismo suele tener mala fama, de pronto por no tener presentes las cifras, pero hay que trabajar con eso.
Algunas personas de izquierda (un grupo amplio que va desde guerrilleros hasta progresistas) suelen decir que el capitalismo empobrece a la gente, explota a los trabajadores, enriquece a los ricos a costa de los pobres, no promueve la igualdad y es moralmente inferior al socialismo. Nada de esto es verdad.
En realidad, el capitalismo es una conquista de la civilización y el más grande creador de prosperidad en toda la historia de la humanidad. Es un sistema de libre empresa, propiedad privada, innovación y progreso, surgido hace apenas 250 años gracias a la Revolución Industrial.
Antes del capitalismo no existía libertad de empresa y la propiedad privada era muy insegura, pues los estamentos y burgueses premodernos eran controlados por los gobiernos y la aristocracia; si eran muy ricos, muchas veces eran perseguidos, les confiscaban el dinero y los expulsaban del país.
Pero veamos, en primer lugar, lo que ha logrado el capitalismo a nivel mundial en los últimos 250 años:
El PIB per cápita en los primeros 16 siglos de la era cristiana pasó de $800 a $970, es decir, casi no creció en 1.700 años; mientras que en los 250 años siguientes ascendió a $20.671 en 2023.
Antes del capitalismo, en un hogar trabajaban todos, incluso los niños, durante todo el día, normalmente en el campo; la pobreza era generalizada y la comida era escasa.
El gran logro del capitalismo ha sido la reducción de la pobreza mundial: hace 200 años el 85% de la población vivía con menos de $2 dólares al día; hoy los pobres absolutos representan el 6% de la población mundial.
La esperanza de vida fue de 28 o 30 años durante miles de años; pero en el siglo XIX comenzaron a desarrollarse vacunas y el saneamiento ambiental. Gracias a ello, hoy la esperanza de vida está entre los 70 y 75 años.
El analfabetismo en 1820 era del 88%; hoy es al contrario: el 88% sabe leer y solo el 12% permanece analfabeta.
A mayor libertad económica, mayor prosperidad. Así lo demuestra el Índice de Libertad Económica del Instituto Heritage de 2024; allí los países nórdicos, que tienen más libertad económica que los propios Estados Unidos, se encuentran entre los más prósperos.
La pobreza no tenía causas, pues era la condición inicial; en cambio, la prosperidad posterior sí tiene causas.
En segundo lugar, ya a nivel nacional, lo que ha logrado el capitalismo también ha sido notable. En los 50 años transcurridos entre 1960 y 2010, en los cuales la población colombiana pasó de 16 a 45 millones de habitantes, el país no cesó de progresar. Veamos algunas cifras: el analfabetismo bajó del 30% al 6%; la esperanza de vida aumentó de 55 a 69 años; la mortalidad infantil bajó de 59.000 a 12.000 niños por año; la desnutrición bajó del 32% al 9%; el agua y la energía llegaron del 39% al 96% de los hogares; el alcantarillado pasó del 30% al 90%; la pobreza extrema bajó del 50% al 12% y el PIB per cápita subió de USD 245 a USD 6.250. Y si no hubiese sido por la guerrilla, el país habría progresado mucho más.
En suma, el logro del capitalismo ha sido extraordinario (sin dejar de reconocer sus excesos y limitaciones) y, sin embargo, es criticado por muchas personas que suelen tener una visión positiva del socialismo, al que consideran un sistema mejor, más justo y más ético. Tampoco es cierto.
Veamos una evaluación del socialismo:
Es el mejor para crear pobreza, como en Cuba, Venezuela y Corea del Norte.
Es el mejor para suprimir libertades y derechos humanos.
Es el mejor para suprimir la democracia. No hay elecciones libres.
Es el mayor asesino de la historia: entre 1917 y 1987 asesinó a 129,6 millones de personas, desagregados así: URSS 61,9 millones; China 35,2 millones; seguida del nacional socialismo 20,9 millones, y luego Camboya, Vietnam, Polonia, Yugoslavia y Corea del Norte. La lista sería mayor hoy, con Cuba, Nicaragua y Venezuela.
Es el mejor para fracasar económicamente en todas partes y durante mucho tiempo. Ha sido intentado 40 veces en países de diferentes partes del mundo y 40 veces ha fracasado.
Es el mejor en fanatismo. Asegura tener la fórmula mágica que conduce al paraíso. Por eso, dicen sus adeptos, sus principios no se podrían negociar ni discutir, sino obedecer. Afirman que están del lado correcto de la historia y que su triunfo será inevitable, así como la caída del capitalismo será inexorable.
El socialismo quería crear “un nuevo hombre”. Stalin decía que debían ser “ingenieros de almas”. El Estado socialista planifica y controla la vida de las personas, que no son autónomas para pensar por sí mismas. El Estado diseña un sujeto obediente y de vida precaria, programa sus hábitos, su sensibilidad y sus relaciones. Se pasa del ciudadano al militante. El miedo se convierte en condición de posibilidad de la continuidad del sistema. En suma, el socialismo es una catástrofe humanitaria cuyo resultado es devastador para la vida humana.
Ahora bien, ante el evidente fracaso del socialismo, algunos intelectuales de izquierda recurrieron a nuevas narrativas para reciclarse. Según Stephen Hicks: “A medida que el movimiento marxista se fragmentaba y mutaba en nuevas formas, los intelectuales y activistas de izquierda comenzaron a buscar nuevas formas de atacar el capitalismo”. A ello se sumarían el ambientalismo radical, ciertas corrientes identitarias y la interseccionalidad.
Muchos anticapitalistas se benefician del capitalismo y desean poseer los bienes que este ofrece, convirtiéndose en una suerte de capitalistas vergonzantes. Cuando una persona discute con un anticapitalista, este suele rechazar cualquier argumento. Se niega a ver la realidad. Y no es porque sean brutos, injustos o locos; pero se niegan. ¿Por qué detestamos no tener razón?
Explicaciones desde el inconsciente (Freud), la disonancia cognitiva (Festinger) o los sesgos mentales (Kahneman) dan cuenta de la dificultad de aceptar ideas que contradicen nuestra cosmovisión. Cuando algo contradice nuestra visión del mundo, produce malestar psicológico. El ser humano prefiere la coherencia cognitiva y tiende a aceptar aquello que confirme sus ideas.
Frente a eso, la tarea sería redefinir la narrativa del capitalismo y ponderar sus logros históricos en reducción de pobreza y mejora de la calidad de vida. También destacar que el propósito de una empresa es fabricar un bien o prestar un servicio que genere ganancias al dueño y redistribuya beneficios con empleados, clientes, proveedores, accionistas, gobiernos y comunidad en general.
Con los impuestos que pagan las empresas, el Estado presta servicios sociales y redistribuye recursos. Según el texto, el 85% del recaudo del impuesto de renta por la DIAN proviene de las empresas, mientras que las personas naturales aportan el 15%.
El capitalismo, como la democracia, es imperfecto; pero es el mejor sistema disponible. No se trata de negarlo, sino de discutir hasta dónde debe llegar el papel del Estado en un régimen capitalista, libre, democrático y en paz.
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