Opinión

¿Duque versus Uribe, será posible?

El uribismo y la derecha se quedaron sin discurso, por eso quieren tomar distancia o lanzar a la hoguera al presidente Duque

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marzo 31, 2021
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¿Duque versus Uribe, será posible?
El uribismo y la derecha tienen razones de muchos pesos para no lanzar a la hoguera a Duque

En el interesante programa de María Jimena Duzán del 24 de marzo, los contertulios (Sandra Borda, César Caballero y Álvaro Forero) alertaron sobre una inminente ruptura entre Uribe y su presidente Duque, tal vez parecida a la ruptura de Uribe con su presidente Santos. Me puse a averiguar y esto fue lo que encontré.

El presidente Duque realizó un emocionado e intimista homenaje a la memoria de Horacio Serpa el mismo 24. En tal acto declaró: “Querido Senador Horacio José (Serpa, el hijo), este es un homenaje sentido con inmensa admiración por un gran colombiano, por un gran amigo, por una persona que admiré, con quien tuve una relación siempre franca, siempre amena y quien, (sin) lugar a dudas, dejó una huella imborrable en nuestro país. Hablar de Horacio Serpa Uribe es hablar de un patriota, es hablar de un político coherente, de convicciones, es hablar de una persona que en todos los eslabones de su vida tuvo esa genuina preocupación por los más necesitados y que siempre luchó por lo que creía”. Y concluyó contando que en la última visita que le hizo a Serpa, Duque se comprometió a hacer el prólogo de sus memorias. “Yo quiero decirles a ustedes que Horacio Serpa pasó por esta vida terrenal y dejó legado, como los grandes hombres…”.

Ahí fue Troya. El ideólogo uribista Fernando Londoño (sí, porque tiene ideólogos el uribismo, no solo propagandistas como Rangel) arremetió acusando que “el presidente Duque (con ese acto) introduce su largas manos en un proceso penal”, el que la familia de Gómez Hurtado sigue contra el establecimiento –es decir, Samper y Serpa, en el lenguaje de Londoño– por el asesinato del patriarca: “no me siento representado por él”, dice, y trae acuento el papel jugado por Serpa en el Proceso 8.000. “No lo aceptamos y no lo toleramos”, dijo. Cuatro días después Londoño arremete de nuevo en Las2Orillas contra Duque. Hace una jugosa selección del desastre del gobierno del joven presidente, tanto en lo económico, lo social, la política de seguridad, la impotencia en la política contra el narcotráfico y la pretendida reforma tributaria. Solo le faltó referirse al fracaso de la lucha contra la pandemia y a la corrupción, posiblementre para no parecerse a las críticas de la izquierda y parte del centro, o por razones menos santas.

La coyuntura política en Colombia es tan volátil que un análisis no aguanta 24 horas. Hace 10 días podía suponerse que la pelea en junio de 2022, en la segunda vuelta electoral presidencial, sería entre Alejandro Gaviria y Gustavo Petro. Al día siguiente Gaviria pateó el tablero y se decantó por seguir de rector de la Universidad de los Andes, pero tiene tiempo para arrepentirse. Un día después, Semana publicó la encuesta que augura la pelea será entre Fajardo y Petro, pero falta aún mucho trecho. El tablero se mueve muy rápido mientras explotan la pandemia, la miseria, la violencia y la corrupción. La mentada trifulca en el Centro Democrático podría ser clave también para las elecciones venideras.

En la referida entrevista conducida por María Jimena Duzán quedaron claras, entre otras, dos cosas: hay una opción real, tal vez no vista desde 1970, de que un actor por fuera del establecimiento, Petro, llegue a la presidencia en el 2022. El hastío con la corrupción, con la pobreza, la inequidad, el desempleo, la violencia, el engaño de la clase política y la pésima administración “del que dijo Uribe”, ha causado el milagro de desuribizar al país. Le resulta imposible a Uribe reinventarse otro muchacho a lo Duque, en el año y cuatro meses que le faltan. Y dos, a la derecha le queda difícil seleccionar un anti-Petro cargando con el lastre del gobierno Duque. Se quedaron sin discurso: no pudieron hacer trizas el Acuerdo de Paz, ni generar crecimiento, ni seguridad, ni el que la hace la paga.

Por esas razones los analistas explican que en el uribismo y la derecha en general quieren tomar distancia o lanzar a la hoguera al presidente Duque. Pero esa sería una opción muy costosa. Veamos.

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Duque contará, de pasar la reforma tributaria, con diez billones de pesos para las elecciones  2022. De esa teta no se pueden privar ni el Centro Democrático, ni los partidos Liberal, Conservador, Radical, de La U o los cristianos

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Duque contará, de pasar la reforma tributaria, con diez billones de pesos para las elecciones de 2022. De esa teta no se pueden privar ni el Centro Democrático, ni los partidos Liberal, Conservador, Radical, de La U o los cristianos. Si tuvieran discurso lo podrían hacer. Pero, repito, se quedaron sin discurso, solo les queda el anti-Petro. Por eso creo que no correrá sangre entre Uribe y Duque. Se harán pasito.

Como no soy politólogo me doy el lujo de improvisar en el análisis de la coyuntura: la “derecha” en Colombia expresa el esfuerzo continuado por impedir el cumplimiento cabal del Acuerdo de paz y por mantener la defensa a muerte de los privilegios y las exclusiones, de género, raciales, del acceso universal a la tierra, al conocimiento, a la salud, al capital. Esa derecha no está solo en el uribismo. Llamo de “centro” a quienes, apoyando el proceso de paz confrontan realmente a Uribe, aunque están dispuestos a mantener el estatus quo en todo lo demás: política económica neoliberal, convivencia con la corrupción “en sus debidas proporciones”, justicia funcional a los privilegios, clientelismo, sí, pero aceptan la movilidad social. Por eso lo de Fajardo no me parece centro sino pantano, indefinición, camuflaje. No está con Uribe ni contra Uribe. En la “izquierda” están los dispuestos a introducir cambios institucionales que permitan el acceso a los derechos universalmente reconocidos, con metas claras de equidad y solidaridad intergeneracional (lo ambiental incluido). Puesto así, hay varias tonalidades de derecha, de centro y de izquierda. Por fuera quedan las guerrillas y los paramilitares, que no cuentan en la institucionalidad, pero existen.

Duque terminó inscribiéndose en la derecha y no le quedó tiempo, como sí lo hizo Santos, de pasarse al centro. Uribe quiere cautivar con clientelismo y diez billones de pesos a parte significativa del centro, para vencer a Petro. Petro está aceptando a sectores que se desgranan del centro para poder resistir la andanada uribista. El centro… desoja la margarita.

 

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