Más de tres décadas después de la muerte de Pablo Escobar, los objetos asociados a su figura siguen circulando en el mercado internacional. Esta vez se trata de una gorra verde de los Boston Celtics que fue adquirida por el rapero canadiense Drake por 75 mil dólares, es decir, más de 275 millones de pesos colombianos.

La información fue publicada por la revista estadounidense Complex, que detalló que la compra se realizó a través de una subasta en eBay cerrada en diciembre. El vendedor figura en la plataforma como “pabloescobarestate”.
En las historias publicadas por Drake en Instagram se observa la gorra exhibida sobre un escritorio, junto a otros objetos atribuidos a Escobar, incluido un escudo del club Atlético Nacional. En otra imagen aparece una fotografía del narcotraficante utilizando la misma prenda.

La reunión de 1988 entre Escobar y los Ochoa que quedó registrada en video
No se trata de una prenda cualquiera. La gorra aparece en el documental francés Yo filmé a Pablo Escobar, dirigido por el periodista Tony Comiti, quien logró grabar imágenes clandestinas del jefe del cartel de Medellín en la década de los ochenta.
En una de las escenas centrales del documental, grabada en 1988, Escobar aparece usando la gorra verde durante un encuentro con Fabio Ochoa Restrepo, patriarca del clan Ochoa y uno de los nombres clave en la estructura del cartel de Medellín. También está presente su hijo Jorge Luis Ochoa.
La reunión muestra a dos de los máximos referentes del narcotráfico colombiano sentados frente a frente, en un ambiente privado y distendido. En el registro audiovisual, Fabio Ochoa ocupa el asiento principal en la casa de Escobar, un gesto que ha sido interpretado como señal de jerarquías y equilibrios de poder dentro de la organización criminal.
Según comentó el propio Comiti, el material fue grabado sin permiso del capo colombiano y no pudo exhibirse sino hasta 1995, dos años después de la muerte de Escobar, debido a las implicaciones de seguridad para el equipo periodístico.
Por todos estos detalles, ese fragmento convirtió la gorra en una pieza asociada directamente a una escena clave del cartel de Medellín, cuando la organización mantenía una confrontación abierta con el Estado colombiano y enfrentaba procesos de extradición hacia Estados Unidos.
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