Las andanzas de Roy en la política no tienen ninguna barrera que las detenga

Roy Barreras, el “camaleón” de la política, ha pasado por todos los bandos y domina las maromas del poder. Astuto y ambicioso se disputa el poder en la izquierda

Por: FABIO CLARETH OLEA MASSA
febrero 09, 2026
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Las andanzas de Roy en la política no tienen ninguna barrera que las detenga

Un clásico de la salsa, “Ahora me da pena”, cantado por Henry Fiol, dice: “Hasta pena me da la jugada, pena me da el truquito, la maroma…”. Roy Barreras no ha tenido barreras para escalar en la política. Ha pertenecido al liberalismo, al Centro Democrático, La U, Cambio Radical, la ADA, el Pacto Histórico, el duquismo y La Fuerza de la Paz. Es el político que más sabe de maromas, truquitos, jugadas debajo de la mesa, trapisondas y zancadillas políticas. Un “camaleón” que cambia de color según el sol que más alumbre; un oportunista que elevó el transformismo a la categoría de estrategia política eficaz. Lo que lo hace poderoso y, a la vez, peligroso, es su maestría para moverse en todas las aguas.

Siempre está donde se reparte el queso. Empezó en el uribismo más radical, siendo el escudero de la seguridad democrática; tan estrecho fue su vínculo con Álvaro Uribe que lo puso de padrino de uno de sus hijos. Pero, en la religión de Roy, el poder está por encima de los sacramentos. Cuando el viento cambió, no tuvo reparos en darle la espalda a su compadre y saltó con una agilidad envidiable al barco del santismo. Allí cambió el camuflaje por la paloma de la paz, convirtiéndose en el gran operador del Congreso.

Para el “camaleón” no hay contradicción ideológica en sus posturas, porque los principios son accesorios que se combinan según la temporada. Del “no pasarán” contra la izquierda terminó siendo el director de orquesta del Pacto Histórico, logrando que los mismos que antes lo señalaban como el símbolo de la “vieja política” terminaran aplaudiendo sus jugadas maestras para aceitar la maquinaria legislativa.

Petro le ha pagado con creces su “lealtad”, nombrándolo presidente del Senado y luego embajador en Londres, cargos que lo han apalancado hacia su gran objetivo: la Presidencia. Roy vive de la política y en ella se mueve como un tiburón voraz. Astuto y ambicioso —dos cualidades maquiavélicas que lo definen bien—, ha sabido jugar en el complejo ajedrez nacional, moviéndose como un alfil.

Por eso no participó en la consulta de octubre pasado, esperando para colarse ahora en la de marzo. Jugó a no quedar impedido, como Iván Cepeda, para buscar más votos que este, dejarlo en el camino y coronarse, finalmente, como el candidato único de la izquierda.

Si alguien es inteligente y un consumado maestro para dar cátedra de politiquería, ese es Roy (al lado suyo, Benedetti es un enano). Ahora, el gran maestro se prepara para darle jaque mate a Cepeda, sacando más votos en la consulta de marzo y, como pintan las cosas, los vientos soplan a su favor.

Roy tiene más amigos que Cepeda en la vieja clase política dispuestos a ponerle votos; y para lograrlo cuenta con el Gobierno, que no dejará de aceitar la maquinaria con esa dulce mermelada que tanto gusta a los políticos, fulminando al que hasta ahora se creía el “Rey” Cepeda. Esto terminará fraccionando a la izquierda, pues Cepeda no se tragará ese sapo y ya anunció que irá hasta la primera vuelta.

Será una contienda electoral entre los partidarios de Cepeda y los de Roy. En el progresismo más ortodoxo, algunos líderes como Camilo Romero, Gustavo Bolívar y María José Pizarro, entre otros, han alzado su voz diciendo que Roy no los representa; pero el “camaleón” saldrá victorioso como siempre, a pesar de que lo tildan de “traidor”.

Políticos como Roy son la prueba de que no hay partidos, sino empresas electorales que reparten avales según sus intereses; eligen candidatos sin respetar las reglas del juego democrático y eliminan oponentes sin defender principios ideológicos. Subsisten de los beneficios que obtienen de quien gobierne; por eso no les importa aliarse con el diablo.

Apoyaron a Petro sabiendo las consecuencias que su elección tendría para la democracia; hoy, víctimas de su propia “criatura”, buscan cómo recuperar el poder. Sin embargo, algunos vanidosos, por puro ego y sin posibilidades de ganar, pueden facilitar el camino a la izquierda para que se mantenga en el poder. Al final, dividiendo es como ellos ganan.

Por supuesto que a Roy no le da pena —como canta Fiol— la jugada, el truquito o la maroma. Representa lo mismo de lo mismo, con los mismos de siempre, y no será quien encarne el cambio que Colombia necesita. Su última movida es proponerle a Petro que sea su fórmula vicepresidencial; al parecer, al presidente le gusta la jugada, pues afirmó que “hay una forma de no irse de un gobierno”.

Por supuesto, respeto la decisión de cada ciudadano de votar por quien quiera; eso es democracia. Pero, en la coyuntura política actual, se requiere una figura nueva, que no represente a la vieja “clase política”. Ese candidato debe ser un outsider. En las próximas elecciones presidenciales hay que votar con responsabilidad, pensando más en la democracia y la libertad.

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