Con Gaseosas Postobón como negocio bandera, Carlos Ardila Lulle entendió pronto que debía controlar su materia prima: el azúcar. Ya conocía el Valle del Cauca y los ingenios desde que había vivido en Cali como gerente de Gaseosas Lux y compraba el azúcar para sus gaseosas, así que a finales de los 70 inició su ofensiva para quedarse con alguno y puso el ojo en el ingenio Manuelita. Sus propietarios, los integrantes de la familia Eder, habían concluido por esos días el montaje de otra moderna instalación: el ingenio del Cauca (Incauca).
El empresario utilizó la misma estrategia con la cual se había hecho a Gaseosas Postobón: la compra sigilosa de acciones a propietarios minoritarios, en este caso herederos residentes en el extranjero, y de esta forma se hizo al 49 % de las acciones del ingenio Manuelita. Luego de enfrentamientos internos por el poder con Harold Eder en 1980 llegó a un acuerdo con la familia y tomó el control de Incauca (en la actualidad el segundo ingenio más grande del país), mientras la familia Eder retomó el control de Manuelita. Posteriormente, se hizo a la mayoría del ingenio Providencia y al 40 % del ingenio Risaralda.
Aunque el azúcar fue su propósito inicial, Ardila Lülle supo aprovechar otros productos derivados de la producción como el etanol y el ácido cítrico. También aprovechó el impulso que dio al programa de biocombustibles el gobierno de Álvaro Uribe en 2005 y puso en funcionamiento una planta de alcohol carburante, que en 2024 produjo unos 70 millones de litros de bioetanol, generando energía para el Sistema Interconectado Nacional a partir del bagazo de la caña.
La aventura del ácido cítrico
Sucroal es una empresa productora de ácido cítrico que inició operaciones en 1966 bajo el nombre de Sucroquímica Colombiana, por la misma época en que Ardila Lülle planeaba hacerse al ingenio Manuelita. Creada por iniciativa de los ingenios colombianos de la mano del Instituto de Fomento Industrial, se concentró en agregar valor al azúcar colombiano por medio de la producción y comercialización de subproductos como el ácido cítrico, ácido acético y alcohol.

Los socios fueron conscientes desde sus inicios que necesitaban mayores recursos en biotecnología y química para lograr sus objetivos, por lo que en 1968 se asociaron con la estadounidense Miles Lab vendiéndoles el 51 % de las acciones. Miles Lab es la farmacéutica que lanzó en 1931 el popular medicamento “Alka-Seltzer”, que incluye ácido cítrico dentro de sus componentes. Sucroal pasó a llamarse Sucromiles, accedió a tecnología avanzada para transformar la melaza en ácido cítrico, y, gracias al pacto andino, pasó a exportar a sus países miembros. Durante la década de los 70, la compañía se benefició de políticas de protección arancelaria frente a la crisis petrolera, y realizó desarrollos innovadores en el negocio de esencias y sabores.
Cuando la farmacéutica alemana Bayer (con presencia en Cali desde 1955) compró las acciones de Miles Lab en Sucromiles en 1978, Ardila Lülle aprovechó el momento y se hizo al restante 49 % de las acciones, formalizando su entrada en el negocio sucroquímico.
La compra de Bayer fortaleció la capacidad técnica de la empresa mediante alianzas con firmas globales como Celanese y Union Carbide, reorganizándose en 1985 en las divisiones de Ácido Cítrico y Alco-Química. Sin embargo, Bayer decidió vender su negocio cítrico a nivel mundial a Tate & Lynch, empresa resultante de la fusión de Henry Tate & Sons y Abram Lyle & Sons, que para 1921 refinaban alrededor del 50 % del azúcar del Reino Unido, y que en 1998, tras adquirir una filial de Bayer, se convertiría en el principal productor de ácido cítrico en el mundo.
Con la entrada de Tate & Lynch, la producción de ácido cítrico escaló a 30,000 toneladas anuales, al tiempo que se modernizaban unas las plantas para optimizar costos y reducir el impacto ambiental, y se construía una tercera para la obtención de citratos especiales para la producción de bebidas. Finalmente, en 2012, la Organización Ardila Lülle adquirió el 51 % que poseía la multinacional británica por USD 31.1 millones, asumiendo el 100 % de la propiedad, la cual renombró como Sucroal S.A.
Sucroal, que celebra 60 años de existencia en 2026, es un referente industrial en el país. Con una capacidad de producción que ronda las 100.017 toneladas anuales, la compañía opera tres plantas en la vía Cali-Palmira, en el departamento del Valle del Cauca, donde fabrica ácido cítrico, citratos, vinagre natural y productos de alcoquímica. Actualmente, se posiciona como el único productor de materias primas derivadas del ácido cítrico en el país y uno de los pocos en Latinoamérica.

Fue una de las 1OO empresas afectadas por la decisión de Petro hace dos años de romper relaciones comerciales con Israel a donde exportaba su ácido cítrico. El año anterior habían exportado a ese país USD 1,4 millones, un producto utilizado principalmente para productos cosméticos para evitar las manchas de la piel, en medicina para combatir algunas infecciones, gastritis, y la elaboración de anticoagulantes, en la industria alimentaria por su propiedades antioxidantes y edulcorantes, en la fabricación de gaseosas y confites.
Con la muerte de Carlos Ardila Lülle hace 5 años, sus herederos con Carlos Julio y Antonio José a la cabeza quienes han continuado al frente del holding empresarial que en sus catorce años ha construido en 32 países como Estados Unidos, Alemania y España.
El portafolio de exportaciones abarca ingredientes esenciales para la industria alimentaria como almidones, edulcorantes, fibras y aditivos utilizados en bebidas, lácteos, nutrición especializada y alimentos procesados. En 2024, sus ventas alcanzaron los $643.314 millones, sustentadas en un catálogo de productos diversificado que atiende desde la industria alimentaria con edulcorantes y aditivos, hasta sectores de la construcción, el cuidado personal y la agroindustria con solventes y fertilizantes.
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