Colombia se ha ido consolidando, casi sin proponérselo, como un destino atractivo no solo para el turismo tradicional, sino también para las grandes producciones audiovisuales. Sus paisajes diversos, su geografía cambiante y la facilidad para recrear escenarios han puesto al país en el radar de la industria cinematográfica internacional. Antioquia ha sido uno de los departamentos más visibles en ese proceso, pero no ha estado solo. En el centro del país, lejos de las montañas verdes y el calor, hay un lugar que sorprendió al mundo del cine y que hoy sigue abierto al público, una mina colombiana única.

En plena Sabana de Cundinamarca, a poca distancia de Bogotá, se encuentra Nemocón, un municipio pequeño y frío que guarda bajo tierra uno de sus mayores tesoros. Allí está la mina de sal que sirvió como escenario para varias escenas de Los 33, la película de Hollywood que recreó el drama de los mineros chilenos atrapados en una mina de cobre y el complejo operativo que permitió su rescate. La producción fue protagonizada por Antonio Banderas y Mario Casas, y necesitaba un espacio capaz de transmitir encierro, profundidad y tensión real.
Un escenario real para una historia extrema: el éxito de esta mina colombiana
La mina de Nemocón ofrecía justo eso. Sus túneles, su estructura y su atmósfera permitieron recrear de forma creíble el ambiente que exigía la historia. Allí se rodaron varias de las escenas que luego llegarían a la pantalla, convirtiendo este espacio colombiano en un set cinematográfico de talla internacional. Hoy, ese dato hace parte de la memoria del lugar, aunque no sea lo único que lo define.

Lo más llamativo es que la mina sigue abierta al público. Cualquier visitante puede recorrerla, caminar por sus galerías y conocer de cerca un espacio que combina historia minera, turismo y cine. Para los turistas nacionales, el ingreso tiene un valor de 46.000 pesos para adultos y 33.000 pesos para menores de edad, con tarifas especiales para adultos mayores de 60 años y personas con discapacidad. En el caso de los extranjeros, los adultos pagan 60.000 pesos y los niños 50.000 pesos. Un costo que muchos consideran razonable frente a la experiencia que ofrece el lugar.
Más allá del cine, la mina de Nemocón conserva atractivos que la han convertido en un destino emblemático de Cundinamarca. En su interior se encuentran los Espejos de Salmuera, uno de los puntos más llamativos del recorrido, así como el Corazón de Nemocón, una estructura tallada en sal que se ha vuelto escenario habitual para fotografías, propuestas de matrimonio y visitas cargadas de simbolismo.

A pocos kilómetros de Bogotá, esta mina demuestra que algunas de las historias más sorprendentes del país no están a la vista. Están bajo tierra, esperando a ser recorridas.
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