La noche del Super Bowl LX no empezó cuando Bad Bunny salió al escenario, sino años atrás, en una oficina de Nueva York en la que un rapero convertido en empresario tomó una decisión estratégica. Jay-Z fue el arquitecto silencioso del espectáculo de medio tiempo que llevó a Bad Bunny al centro del evento deportivo más visto del planeta. No fue una coincidencia ni una improvisación: fue una apuesta calculada, con cifras, contratos y una lectura precisa del pulso cultural de Estados Unidos y América Latina.
Desde 2019, la NFL delegó la curaduría artística del show de medio tiempo a Roc Nation, la compañía fundada y dirigida por Shawn Corey Carter, nombre real de Jay-Z. Ese acuerdo cambió las reglas del juego y convirtió al rapero en el hombre que decide quién se presenta, cómo se presenta y qué mensaje se proyecta en un espectáculo seguido por cientos de millones de personas cada año.
Jay-Z y Roc Nation: el poder detrás del Super Bowl
Roc Nation nació como sello discográfico en 2008, tras una alianza entre Jay-Z y Live Nation, y con el paso de los años se transformó en un conglomerado que abarca música, gestión deportiva y producción de grandes eventos. Desde que la NFL selló su acuerdo con Roc Nation, el medio tiempo del Super Bowl dejó de ser solo entretenimiento y pasó a ser una vitrina cultural global.
El contrato entre la NFL y Roc Nation contempla la selección de artistas, la producción creativa y la dirección musical del espectáculo que puede superar los 13 millones dólares, asumidos en su mayoría por la federación deportiva. Apple Music se sumó como patrocinador principal del show, reforzando el músculo financiero de una producción que mueve millones de dólares en logística, escenografía, derechos musicales y transmisión.
Jay-Z fue quien llamó directamente a Benito Antonio Martínez Ocasio para confirmarle que sería el artista principal del Super Bowl LX, el 8 de febrero de 2026, en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California. Era la primera vez que Bad Bunny encabezaría el espectáculo en solitario, tras su participación en 2020 junto a Shakira y Jennifer López.
Bad Bunny, cifras y alcance global
Bad Bunny llegó al Super Bowl como uno de los artistas más escuchados del mundo, con unos 86 a 87 millones de oyentes mensuales en Spotify a principios de 2026. Su música en español rompió una barrera histórica en un evento tradicionalmente dominado por artistas angloparlantes.
El show de medio tiempo duró cerca de 13 minutos, pero su impacto se midió en audiencias que, según datos de la NBC, superaron los 135,4 millones de espectadores en todo el mundo. Solo en Estados Unidos se reportaron unos 100 millones de personas que vieron el evento, sin contar retransmisiones y consumo digital posterior.
La NFL defendió la elección con un argumento claro. Roger Goodell, comisionado de la liga, señaló que Bad Bunny es “uno de los artistas más populares del mundo” y que su presencia responde a una estrategia de entretenimiento cuidadosamente pensada. La apuesta no era solo musical: era demográfica, cultural y económica.
Latinoamérica en el centro del show del Super Bowl
El show de Bad Bunny integró símbolos de Puerto Rico, referencias a la clase trabajadora, ritmos tradicionales y mensajes directos sobre identidad, migración y pertenencia. Todo esto ocurrió bajo la producción de Roc Nation, que aprobó cada decisión creativa del espectáculo.
En escena aparecieron figuras latinas como Jessica Alba, Pedro Pascal, Karol G y Cardi B. Lady Gaga se sumó en un momento clave, acompañada por Los Sobrinos de Puerto Rico, con maracas y güiro. La orquesta dirigida por Giancarlo Guerrero aportó una dimensión sinfónica poco habitual en el medio tiempo del Super Bowl.
La presencia de Ricky Martin, interpretando “Lo que le pasó a Hawaii”, y de los Pleneros de la Cresta en “Café con ron” reforzó la narrativa cultural del espectáculo, que cerró con banderas latinoamericanas y el mensaje “Together we are American” (Juntos somos americanos).
Críticas, política y respaldo institucional
Cabe recordar que la elección de Bad Bunny fue polémica, y generó críticas desde sectores conservadores en Estados Unidos. Donald Trump calificó el show como “una afrenta a la grandeza de Estados Unidos” y cuestionó el uso del español en el evento. Sin embargo, Jay-Z desestimó las críticas con una frase breve pero contundente: “Lo adoran. No se dejen engañar”.
La NFL respaldó públicamente la producción y negó la presencia de agentes de ICE tras rumores previos al evento. Bad Bunny, por su parte, ya había expresado críticas a las políticas migratorias en escenarios como los Grammy, donde hizo historia al ganar el premio a Álbum del Año con un disco en español.
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Un modelo que llegó para quedarse
E l Super Bowl LX confirmó el peso de Jay-Z como productor cultural. No solo contrató a Bad Bunny: diseñó un espectáculo que conectó música, identidad y audiencia global. Roc Nation, distribuida por Universal Music Group y con acuerdos de administración con Warner/Chappell Music, consolidó su rol como la empresa que define el tono del evento más importante del deporte estadounidense.
Detrás de los fuegos artificiales y los aplausos, quedó claro que el show de medio tiempo ya no es solo un concierto: es una declaración de alcance global, y un rapero estadounidense es quien mueve los hilos.
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