Sillas Rimax, la empresa de 70 años que fue el inicio de un emporio llamado grupo Gilinski

Sillas Rimax, la empresa de 70 años que fue el inicio de un emporio llamado Grupo Gilinski

Todo empezó con la llegada del inmigrante Isaac Gilinski a Santander en el siglo pasado. Hoy son un imperio con una fortuna de unos 5 mil millones de dólares

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octubre 04, 2023
Sillas Rimax, la empresa de 70 años que fue el inicio de un emporio llamado Grupo Gilinski

Isaac y su hermano Max Gilinski lograron salir de la fría Lituania, mientras que el partido más conservador y autoritario de aquel país, apoyado por el ejército, se tomaba el poder. Era mediados de diciembre de 1926. Aquel golpe de estado dejó varios muertos que se revelaron en las calles contra el nuevo gobierno.

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Los hermanos Gilinski, que se salvaron de la muerte y de la represión que se vivió con el nuevo gobierno, aterrizaron en primero en Venezuela, donde conocieron un polaco, experto curtidor de pieles, con el que años después hicieron su primera empresa en Piedecuesta, en Santander, que llamaron Curtiembres Búfalo, que luego trasladaron a Barranquilla, para estar más cerca del puerto y exportar sus cueros con menos costos.

Aquel Isaac Gilinski que huyo de la muerte hace ya casi un siglo, era el abuelo de Jaime Gilinski, el hombre detrás de los grandes negocios bancarios que volvieron multimillonaria y poderosa a la familia, aunque su padre, el segundo Isaac, que nació en Barranquilla, pero que fue criado en el Valle, ya los había hecho ricos en la prospera Cali de los años 60, manejando las empresas que creó el abuelo inmigrante.

Grupo Gilinski
Los esposos Perla Bacal e Isaac Gilinski fueron los que hicieron grande Rimax, ahora el negocio está en manos del banquero Jaime Gilinski (Der.)

Después de posicionar la curtiembre, que se convirtió en la más importante y tecnificada de América del sur, Isaac y su inseparable hermano se radicaron en la ciudad de Cali, donde por aquella época, varios industriales ponían sus empresas.

Ya en la capital del Valle del Cauca y con sus familias a cuestas, los hermanos Gilinski, siguieron poniendo los primeros ladrillos para la construcción del imperio que los tiene hoy como la cuarta familia con más dinero del país. Isaac I, y Max fundaron en 1953 una empresa de pelotas de plástico, juegos de mesa y collares de fantasía, en la que también incorporaron una la línea de artículos para el hogar como loza de plástico y materas, que llamaron con el nombre de Rimax. 25 años después fundaron otra de las compañías que los catapultó como empresarios de peso y que también aún conservan en su portafolio como una de las más rentables, la de alimentos Yupi, que fue famosa por hacerle la competencia a los tradicionales chitos de la desaparecida marca Jacks Snacks.

Grupo Gilinski
Rimax, que empezó como una fábrica de juguetes y los comestibles Yupi fueron las primeras empresas de la familia Gilinski, una de las más ricas de Colombia

Mientras Yupi crecía en el segmento de las comidas de paquete, la marca Rima —ya en manos de Isaac II, el papá del banquero Jaime Gilinski, hecho ingeniero químico en Estados Unidos— intentaba no estancarse y a comienzos de los años 80 fabricaron envases plásticos para agarrar de clientes las empresas petroquímicas que estaban en auge. Pero el gran salto lo dieron seis años después, en 1988, después de más de tres décadas de fundada. El boom de Rimax se dio cuando sacaron al mercado la silla Dinastía. Las ventas de la empresa se dispararon y el lento caminar de la compañía caleña cambió a partir de aquel momento. Rimax se volcó a hacer muebles. Con el slogan ‘Diseñados para durar’, y los comerciales en los que se veía la silla ser golpeada por un musculoso hombre y aguantar sol y lluvia, se convirtieron en los muebles preferidos para poner en fincas, restaurantes, empresas y como mobiliario de reuniones sociales y empresariales.

Este fue uno de los comerciales que más hizo famosa la marca de sillas Rimax con su slogan "Hechas para durar"

Rimax es una de las marcas mejor posicionada en el mercado. Tanto así que a toda mesa y a toda clase de silla y sofá hecha de plástico –sin importar si la hace la competencia— le dicen Rimax. En Colombia no se compra una silla de plástico, se compra una Rimax. Entre sus anécdotas, que hace ya parte del diario vivir, constantemente llegan reclamaciones de calidad a la empresa caleña por sillas genéricas que ellos no han fabricado.

Hoy la empresa tiene siete líneas de negocio, que son: muebles y jardín, armarios, hogar, ferretería, industrial e institucional. Su portafolio está compuesto por 350 productos; pero la tradicional silla dinastía de color blanco plástica es la estrella del negocio y la que más se vende por unidad. Según estudios de mercadeo que ha hecho la empresa, el 90% de los hogares colombianos tiene o ha tenido al menos una silla Rimax en la casa.

Rimax exporta a 30 países. Es una de las empresas industriales más importante del grupo Gilinski que, mientras iba fortaleciendo esta fábrica puesta en Yumbo, una ciudad de empresas vecina a Cali, entre padre e hijo Isaac I e Isaac II, se montaron en otras empresas, principalmente las entidades financieras, con las que se hicieron magnates, poderosos e influyentes.

Familia Gilinski
La familia Gilinski, una de las ricas del país, son dueños de decenas de empresas y marcas, también son dueños de bancos y medios de comunicación.

El último reporte financiero de la Superintendencia de industria y comercio (2022) la ubica en el número 924 de las mil más grandes del país con ventas al año de un poco más de 270 mil millones de pesos y ganancias anuales por 25 mil millones. Después de Rimax vinieron decenas de compañías más. El control del grupo pasó del segundo Isaac a su hijo Jaime Gilinski, nacido en ya en el Valle del Cauca.

Aunque los varios bancos en quiebra que compraron entre Jaime Gilinski y su papá fueron la catapulta económica, Rimax es una de las empresas más queridas de la familia, no solo porque nunca ha dejado de ser rentable sino porque fue la punta de lanza del poderío económico que fundó un viejo europeo para hacer vida y plata en una calurosa Cali muy diferente y muy alejada de aquella fría Lituania de la que le huyó de la muerte un siglo atrás.

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