Opinión

Los componentes de una estrategia perversa

A juicio de Trump eso se llama hacer grande a América de nuevo, los Estados Unidos adelante y todos los demás atrás con la cabeza gacha

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febrero 04, 2026
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En diciembre del año pasado fue publicada la Estrategia de Seguridad de los Estados Unidos por parte del gobierno de Donald Trump. Mucho se ha escrito y comentado al respecto, particularmente porque frente a las grandes potencias, Rusia y China, el planteamiento general es de mantener un equilibrio estratégico con la primera, al tiempo que sostener la competencia con la segunda, si bien descartando el enfrentamiento militar. Es el reconocimiento de la tripolaridad a escala mundial.

Al mismo tiempo, se informa que los Estados Unidos piensan desentenderse de Europa, abandonando toda preocupación por su seguridad militar. Esta debe quedar a cargo de los países miembros de la OTAN, que aumentarán su gasto militar, por lo menos hasta ahora, al cinco por ciento de su producto interno bruto, con el propósito de autofinanciar completamente su seguridad, comprando a los Estados Unidos cuanto armamento necesiten.

Donde la agresividad de la nueva estrategia se muestra exacerbada es con lo que llaman el hemisferio occidental, del cual consideran que hace parte geográfica Groenlandia, y el cual comprende, para nuestra desgracia, a todo el continente americano. De Canadá y México hasta la Patagonia somos considerados formalmente el patio trasero de los Estados Unidos, territorios que por el destino manifiesto le pertenecen, sobre cuyos recursos puede disponer de modo exclusivo.

Los Estados Unidos se preocuparán en gran medida por desterrar la presencia de otras potencias, léase Rusia y China, de Latinoamérica y el Caribe. En la lógica de esa estrategia resulta completamente absurdo e indebido que países de la región mantengan importantes relaciones económicas con potencias foráneas, pero sobre todo que les vendan sus riquezas, sus recursos naturales, que, por gracia de la decisión todopoderosa, sólo deben vender a los Estados Unidos.

A eso le llaman compartir sus mutuos intereses para beneficio de ambas partes. De donde se desprende que en los países del continente todos los gobiernos deben estar conformes con esta política y dispuestos a contribuir a su materialización. O, en otras palabras, que en América Latina no puede haber gobiernos que muestren desacuerdos con esa estrategia. Todos deben saber que de comportarse mal sufrirán presiones muy gravosas para sus economía y estabilidad.

Comenzando por los aranceles, que se elevarán a porcentajes astronómicos para todos los productos que ese país exporte a los Estados Unidos. Si aquello no resultara suficiente, vendrán otras medidas, como las sanciones económicas que incluyen la prohibición de acceder al comercio internacional en general y a los sistemas de pago bancario en dólares, controlados por los Estados Unidos. La consecuencia obvia será la hambruna, las enfermedades y la ruina para esos países.

Desde luego que no se excluye el recurso a la intervención militar e incluso, de ser necesario, la invasión a sus territorios cuando quiera que sus gobiernos insistan en políticas que no concuerden con lo dispuesto desde Washington. Con alguna lógica, habrá gradualidad en la aplicación de cada una de las posibles presiones, se empezará por lo menos, para llegar al caso extremo de lo vivido en Venezuela hace apenas un mes. Lo de Petro es apenas el comienzo.

La manifestación pública de Trump, en el sentido de que el derecho internacional y sus instituciones lo tienen sin el menor cuidado, puesto que su única guía son sus criterios morales, es mucho más que una declaración de su carácter, de por sí demoníaco, como pueden creerlo algunos. Es la manifestación abierta del significado de la Estrategia de Seguridad Nacional de su país. Cada vez que hablen los Estados Unidos, todos en el continente deben bajar la cabeza y asentir.

A juicio de Trump eso se llama hacer grande a América de nuevo, o el América First, los Estados Unidos adelante y todos los demás atrás con la cabeza gacha. Se trata, ni más ni menos, de una dictadura caprichosa y despótica, que consideran necesaria para poder ser tomados en serio por sus rivales del hemisferio oriental, Rusia y China. Hay quienes al observar esto lo califican como un virtual reparto del mundo entre las potencias más poderosas.

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Con verdadera amargura contemplamos la criminal decisión de imprimir el golpe definitivo a Cuba, a la que se le agravaron la semana anterior todas sus sanciones, impidiéndole el acceso libre a los combustibles fósiles, tan vitales para el sostenimiento de su economía y actividades. Dice Trump que antes de fin de este año caerá el régimen. Millones de hombres, mujeres y niños cubanos padecen las oprobiosas condiciones económicas y sociales de semejante decisión.

La dictadura también se vive en Estados Unidos, donde según las encuestas, mucha más de la mitad de la población está contra Trump. El tirano no la tiene fácil. Rusia, China, India, los BRICS en general se mueven inteligentemente. Irán se muestra dispuesto a todo. Los pueblos no van a tragarse tranquilamente la humillación. Cambiarán finalmente las cosas.

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