Opinión

No se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo

Qué duda puede quedar, no se trata de democracia, derechos humanos o justicia, se trata de la avaricia enfermiza de un poder moribundo

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febrero 11, 2026
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Este año nos llega con revelaciones sorprendentes, como si estuviera ocurriendo ante nuestros ojos la erupción de un volcán, que ya sabíamos que existía, pero cuyas gigantescas columnas de lava se tornan incontenibles. Podemos comenzar por el medio oriente, que hoy muchos llaman occidente de Asia, en donde el peligroso pulso entre Irán y los Estados Unidos ha terminado por descubrir ante el mundo quién es en realidad el justo y quién el criminal.

Por parte de la hasta hace poco potencia hegemónica mundial, el país de los medos, aquel que recordamos por Ciro, Darío y Persépolis de la antigüedad clásica, nos fue presentado como el imperio del mal durante por lo menos los últimos 47 años. Toda la red mediática occidental se dedicó por décadas a difamar de la llamada revolución islámica. Posesionaron en nuestras mentes la idea de que Irán no era más que la cuna del terrorismo internacional.

Un régimen político y religioso al que los más elementales principios de la civilización imponían derrocar, destruir y borrar de la faz del planeta. Los últimos meses, con sus precipitados acontecimientos, han servido para develar la falsedad de esos asertos. Ahora entendemos que nada de lo que ocurra en esa región puede ser examinado con objetividad, si no se tienen en cuenta los intereses y actuaciones del ente sionista de Israel.

Las decenas de miles de víctimas del genocidio cometido por ese estado en un poco más de dos años contra la población palestina, en su mayoría ancianos, mujeres y niños, a cuyo histórico pueblo se condena además a morir de inanición, enfermedad o simplemente de frío, mientras que poderosos inversionistas inmobiliarios de los Estados Unidos y el mismo Israel planean construir sobre esas ruinas un paraíso turístico, nos hablan por sí solos.

A su cabeza se halla incluso la familia del presidente Trump, quien publicitó su propósito con un video de la IA, en el que él y Netanyahu aparecen asoleándose sonrientes en las playas del futuro resort. Ninguna imagen puede ser más representativa de la podredumbre política y moral que caracteriza la siniestra alianza entre los Estados Unidos e Israel. Entre los dos pretenden que este último sea el poder dominante en esa región del mundo, sin discusión.

Al costo de bombardear y masacrar cualquier pueblo de cualquier país que se les oponga. Una sola nación desde el río Nilo hasta el Éufrates, que incluso aparecen en la bandera sionista enmarcando la estrella de David. Un designio que, además, no tiene los dos últimos años, sino que se ha venido cumpliendo desde hace por lo menos 78, mediante la brutalidad y el terror. Mientras en Irán gobernó el Sha impuesto por la CIA en 1953, no hubo problema alguno con ese país.

Otra cosa cuando llegaron el Ayatolá y la república islámica, que denunciaron y se opusieron a la realización de esos planes. En el lenguaje estadounidense y de Israel pasaron a ser el imperio del mal. Y no ha pasado un solo día en que los dos no tengan como objetivo central aplastar a Irán y balcanizarlo en numerosos países, ojalá enfrentados entre sí. Mucho ha resistido Irán, apoyando además la causa palestina, un pecado más que resulta imperdonable.

Nadie cree ya lo que se dice contra Irán. El propio Trump reconoció que las protestas recientes contra el gobierno iraní habían sido financiadas y promovidas por la CIA y el Mosad. Resultan descaradas incluso las acusaciones en torno a la situación de la mujer en Irán, cuando provienen de personajes como Trump y Netanyahu, involucrados en el escándalo de explotación sexual, violaciones, tráfico de mujeres y asesinatos que revelan los archivos de Epstein. Al lado de una cúpula de destacados políticos y empresarios de los Estados Unidos, Israel y la Unión Europea. Pedófilos degenerados que se presentan como heraldos del bien.

El asalto a Venezuela y el secuestro de su presidente, pusieron en evidencia la falsedad de la narrativa largamente construida contra ese país y su gobierno

Ya no queda duda alguna de que el asalto a Venezuela y el secuestro de su presidente, pusieron en evidencia la falsedad de la narrativa largamente construida contra ese país y su gobierno. No existe el cartel de los soles, reveló el propio departamento de justicia de los Estados Unidos. Ni siquiera pudieron instaurar un gobierno de la oposición venezolana, porque se vieron obligados a reconocer que el chavismo es la aplastante mayoría política. Verdades que se levantan.

Por otra parte, el bloqueo y el cerco acentuados hoy contra Cuba, a cuyos millones de habitantes se condena a morir de hambre o enfermedad so pretexto de acabar con una supuesta dictadura, pone de presente quién es en verdad el tirano, que antepone sus negocios a la vida y la dignidad de un pueblo que no se le arrodilla. Qué duda puede quedar, no se trata de democracia, derechos humanos o justicia, se trata de la avaricia enfermiza de un poder moribundo.

La verdad siempre triunfa.

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