Opinión

Lo grande que es perdonar

Por:
agosto 19, 2014
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Bienvenidas y bienvenidos a su emisora radio Luna. En esta noche, siendo las diez y piquito iniciamos nuestro programa “Historias de lo posible”.

Nuestra primera historia: En el año 2001, mientras en el Caguán daban vueltas y exponían arrogancias y retórica los delegados de la guerrilla y el Estado, un grupo de mujeres encabezado por Ingrid Eide, exministra Noruega de Educación, mujeres de Estados Unidos y Europa y colombianas como la caleña Ángela Cuevas, postularon la hipótesis de que, seguramente si en la mesa de negociaciones hubiera más mujeres, los acuerdos habrían avanzado más. Este argumento llegó a oídos del Instituto de la Paz de Suiza y la organización japonesa Peaceboat, las cuales facilitaron hacer este experimento. Se convocó una especie de Mesa Alterna de Negociaciones, con mujeres provenientes de los grupos al margen de la ley, mujeres excombatientes de todas las corrientes, activistas de los derechos de las mujeres, víctimas y mujeres académicas, acompañadas de la escucha respetuosa y facilitadora de organizaciones internacionales. El reto: construir propuestas de consenso sobre temas acordados entre todas. La metodología: Sintegración, que permite construir la agenda y luego pasar por los diferentes temas ocupando roles diferentes, para lograr moverse física, emocional e intelectualmente.

Muy complicado el reto, dada la desconfianza. Algunas llegaron a la reunión con gorras y gafas oscuras, por si no se llegaba a nada, por lo menos no quedar expuestas ante las de bandos contrarios. Sin embargo, contra todo pronóstico, lo logramos. En un escenario neutral, a bordo del Barco de la Paz y en aguas internacionales, pudimos construir propuestas de consenso impensables en el primer momento de la reunión. Incluso en pocos días, al escuchar las historias de sufrimiento de unas y de otras, se fueron construyendo confianzas y empatías, a tal nivel que al despedirnos de la combatiente de las Farc, quien no podía llegar a Cartagena por razones de seguridad, la reservista de la Armada y la exfinanciadora de ejércitos privados paramilitares, hicieron una colecta de dólares para que esta mujer, quien ha perdido a casi a toda su familia en la guerra, pudiera pasar menos penurias económicas en sus caminos. Las demás, al ver este abrazo y gesto solidario, con ojos encharcados nos dijimos que era posible construir reconciliación en Colombia.

Antes de la segunda historia, en nuestra sección de dedicatorias y complacencias, con amor para mi vecino virtual Fernando Londoño y para su vecino ideológico Álvaro Uribe, el siguiente tema, mezcla de salsa y rap, para abrir mentes y corazones: Con ustedes Gilberto Santa Rosa y Vico C:

Nuestra segunda historia es un poco más cercana. En el marco de una investigación de Luz María Londoño, Patricia Ramírez y otras profesoras de la Universidad de Antioquia, titulada “Desde Diversas Orillas”, se convocó creo que en el año 2004, a un evento con el mismo nombre que reunió a mujeres excombatientes, activistas de paz, víctimas y mujeres académicas de distintos países a analizar desde enfoques diferenciales, las posibilidades de paz, justicia, reparación, reconciliación y garantía de no repetición en procesos de negociación política de conflictos armados en el mundo y en Colombia.

Las activistas de paz y académicas estaban trenzadas en un debate sobre si es posible hablar de posconflicto en esta sociedad atravesada por miles de tensiones, injusticias y causas estructurales, o si es posible la reconciliación en un país que no sale del conflicto. De pronto, dos mujeres se levantaron del público y contaron su historia: Una era excombatiente del grupo paramilitar que asesinó al hijo de la otra. Después de un proceso de sanación de heridas, de comprensión de la maraña de intereses que acompañan estos actos de muerte y despojo y después de reconocer cada una la historia de dolor de la otra, y como parte del proceso de perdón, lograron emprender juntas una iniciativa productiva. “No puedo devolverle a su hijo, pero puedo poner mis fuerzas y mi empeño en sacar este nuevo sueño juntas y puedo comer en el mismo plato que ella”, sentenció con toda sinceridad la excombatiente. La intervención terminó en un abrazo en el que las lágrimas de ambas se encontraron.

Hace sólo un año, asistimos a esta tercera historia: la declaración de perdón a las víctimas de Salvatore Mancuso.

Aunque hay mucha desconfianza e incertidumbre respecto a la sinceridad y profundidad de su arrepentimiento y a su disposición para la reparación, es un gesto que, junto con algunos pocos casos en el proceso de las Autodefensas, me lleva a encender de nuevo la chispa de esperanza que sentí en el Barco de la Paz.

La historia más reciente ocurrió esta semana en el encuentro entre las víctimas y los delegados de la guerrilla de las Farc. En un ambiente de respeto y escucha solemne a las palabras e historias de desgarramiento que han dejado décadas de conflicto armado en el país, logramos vislumbrar que tal vez pedir perdón, permitir comprender el contexto, los intereses y motivaciones de los hechos y sobre todo, cumplir el juramento y gestar las condiciones para la reparación y la no repetición, pueda ser esa segunda, tercera o enésima oportunidad que nos merecemos las estirpes macondianas que nuestro amado Gabo amó y describió con maestría.

Si hasta Gilberto Santa Rosa se dio cuenta de lo grande que es perdonar, ¿cómo no vamos a lograr el perdón y la reconciliación con tanta inteligencia superior recorriendo este país?

@normaluber

 

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