Opinión

Cultura popular y pandemia

Seminarios, recitales, versiones virtuales de festivales renombrados, concursos de música; ferias del libro en la ventana-pantalla, sin embargo, no está ahí la cultura popular

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agosto 22, 2020
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Cultura popular y pandemia
¿Por qué sale mal librada la cultura popular en la pandemia? Ni Valledupar con su gloria mundial del vallenato, ni San Pelayo con sus porros inmortales, ni Ovejas con sus gaitas paganas…

Mientras transcurre el aislamiento indisciplinado en medio de la cuarentena por el Coronavirus y hemos estado expuestos y utilizado las redes sociales, y luego de un aparente seguimiento juicioso a las diferentes convocatorias y llamados que hacen los creadores y gestores culturales de la cultura popular, en un propósito bien intencionado de mantener a flote en la memoria viva y digital de la sociedad, las diferentes manifestaciones artísticas y literarias, gastronómicas y artesanales, entre otras, que como fuerzas telúricas mantienen viva a la cultura popular, a pesar de la estética depuración de la especie que está haciendo la peste del siglo XXI, obtengo una ligera conclusión: la cultura popular no ha salido bien librado hasta ahora en esta pandemia.

Podemos afirmar entonces, que el “invento gramatical” de reinventarse para sobrevivir a la pandemia, no ha sido lo fuerte de la cultura popular en estos tiempos de distancia social y de disciplina con el aislamiento.

Diariamente usted puede disfrutar de seminarios, recitales, versiones virtuales de festivales renombrados y de concursos de música y danza; hasta ferias del libro he presenciado por la diminuta ventana-pantalla, sin embargo, no está ahí la cultura popular, sino una tenue manifestación que habla y grita de que en tiempos normales había algo que resistía y mutaba certeramente o deambulaba entre discusiones de renovación y tradición.

Más bien hay iniciativas cuasi elitistas de gestores y creadores culturales para una inmensa minoría de espectadores virtuales (que entran y salen sin pedir permiso), que no resisten media hora seguida de cualquier evento por muy encoñado que estén con la manifestación de cultura popular que se pretende impulsar por las redes sociales.

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Es vergonzante la masa de público que visita sitios virtuales de chabacanería confundida con falsa identidad, humor grotesco y sexista, refritos de novelas , series de narcos, y otras hierbas

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En cambio, es vergonzante la masa de público que visita sitios virtuales de chabacanería confundida con falsa identidad, humor grotesco (no a lo Bajtín) y sexista, refritos de novelas populares en rating, series de narcos, goles de la selección Colombia y otras hierbas.

¿Por qué sale mal librada la cultura popular en la pandemia?

Simple. Ella se nutre de las masas, del vulgo y del sentido común del pueblo que la goza y sufre. En conciertos, festivales, corralejas, recitales, desfiles de comparsas, teatro callejero, teatro popular, exposiciones, carnavales, tamboras, acordeones, guitarras, pasillos, bundes, diablos sucios, coleos, bullerengues, porros y gaitas; con la carne viva, la sangre hirviendo, el cerebro trastocado en éxtasis y embriagado en alegría.

Y de eso no hay nada. Ni Valledupar con su gloria mundial del vallenato. Ni San Pelayo con sus porros inmortales, ni Mompox, Popayán y Santiago de Tolú con sus procesiones de Semana Santa, ni Cotorra y Sincé (en Córdoba y Sucre) con sus corralejas pantagruélicas, ni San Jacinto y Ovejas con sus gaitas paganas, ni el Imperio y el Rey de Rocha con su negra algarabía champetera, y así, una larga fila de cultura popular reprimida por un tapabocas.

Mientras, hay una larga lista de creadores culturales mendigando pan y vino para congraciar el estómago en esta prolongada sequía de ingresos y labores de lo único que saben hacer: cultura popular y vivir de ella. Músicos de bandas, gaiteros, vallenatos y sabaneros, mariachis mexicanos alimentados con yuca dulce y suero agrio, serenateros de oficio, cuenteros, teatreros, malabaristas, cirqueros, humoristas de todo pelambre, poetas menores que vendías poemas al detal, actores de medios masivos y pintores varados en sus propios oleos y acuarelas.

Casi nadie o nadie ha podido responder por ellos. Las ayudas han provenido más de la solidaridad propia de la sociedad que los estima y valora, antes de quienes como Estado y gobierno están llamados a socorrer, porque ellos, cuando todo esto pase, y podamos volver a bañarnos en la saliva de todo el mudo; serán los primeros a los que llamaremos para festejar.

Coda: rescato dos esfuerzos de difusión cultural (y de cultura popular también en el buen sentido), uno, “Las Rauladas” organizadas por el amigo y Poeta Ensuncho de la Bárcenas en homenaje al amado poeta mayor Raúl Gómez Jattin en el mes de mayo pasado, y la programación virtual permanente dirigida por otro amigo, Miguel Iriarte en la Biblioteca Piloto del Caribe Colombiano.

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