Opinión

Populismos mentales

El populismo es un templo de los antivalores porque encarna un ideal personal, egocéntrico, caprichoso e individualista; y para la muestra, muchos líderes en el mundo

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noviembre 14, 2020
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Populismos mentales
Donald Trump y Jair Bolsonaro: El populismo está tan abundante en el planeta como el plástico y su maldición ambiental

Lo incierto y cierto de la política es una verdad verdadera, una moneda con dos caras en cada cara. No importa como caiga, no importa a donde usted apuesta. Ellos siempre ganan. El ciudadano desde Grecia con su política de clases hasta estos tiempos globales y de miedos biológicos; mantienen el control de las decisiones “autónomas” de los ciudadanos que se sienten “libres” de ejercer el voto en una democracia liberal y de clara tradición occidental.

Por ese viejo y transitado camino de la política, entendida como “el arte discursivo de engañar con consentimiento del engañado”, el populismo ha hecho carrera desde las mismas fisuras que la sociedad brinda con su incapacidad para tomar decisiones independientes o para dejar que otros -por pereza mental quizá- tomen esas mismas decisiones, pero haciéndonos creer que fuimos nosotros de manera autónoma como ciudadano libre y ejerciendo derechos políticos.

Mentiras. Fueron ellos. Los políticos de oficio los que sutil o abiertamente hacen esas cosas por nosotros. Quienes desde el sofá del confort miramos atardeceres cuando en el mundo real hace rato que anocheció. Allá esos políticos a los que nos queda más fácil echarles la culpa.

El populismo de cualquier lado (izquierda o derecha, y hasta de centro) se nutre de esa materia orgánica.

Por lo menos se ha demostrado que el populismo en el mundo de la política brota fértil cuando se hacen evidentes las siguientes condiciones de manera independiente o complementarias:

Una gran masa de desposeídos “hambrientos de visibilidad” y de platos de comidas materialmente hablando. El populismo se alimenta de la pobreza, en una típica situación de parasitismo social que lo nutre por largo tiempo.

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El populismo se alimenta de la pobreza, en una típica situación de parasitismo social que lo nutre por largo tiempo

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Otra forma es cuando la sociedad experimenta conflictos de inseguridad, conflictos armados no resueltos, riesgos permanentes para las élites y reducidas clases medias de su status por atracos, secuestros, asesinatos y otras formas de delincuencia; donde los populistas ofrecen soluciones de pena de muerte garantizada para los malhechores y con ello, usted se tranquiliza y disfruta la copa de champán desde el borde del precipicio.

También existe un populismo más contagioso en estos tiempos, es el que se nutre de las pobrezas mentales de los ciudadanos e individuos desesperados por el desempleo estructural que se origina en los flujos globales de mercados (China versus EE. UU., por ejemplo); desencantados de los políticos tradicionales desgastados y que sienten que ellos no son capaces de sintonizar y resolver las crisis de todo pelambre y deslumbrados por los reflectores que apuntan a los “outsiders” que como mesías vienen a redimir sus penas acumuladas (Trump I).

El populismo no define doctrinas políticas. Las elimina y a cambio reclama su sentido práctico de la política para solucionar los problemas como el papel periódico con la mosca impertinente. El populismo no contiene valores, es un templo de los antivalores porque encarna un ideal personal, egocéntrico, caprichoso e individualista.  El populismo no debate, acusa; no critica, censura; no analiza, exacerba; no tolera; condena.

Revise el talante de los actuales líderes políticos del mundo y en su mayoría, encontrará rasgos parecidos a los que hemos compartido en estas líneas. El populismo está tan abundante en el planeta como el plástico y su maldición ambiental.

Coda: un ejemplo de populismo digital es el que se ejerce desde Twitter. Todo está permitido prácticamente, la capacidad de debate y de control es mínimo.

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