Eso dice este candidato populista: que tiene el deber moral de cohesionar al pueblo colombiano, que está en política por un deber. Pero el peligro real de los populistas más rampantes no es lo que dicen, sino como lo dicen, aquello que tiran al aire desde su exacerbado Yo mayúsculo, desde un concepto moral maleable como una barra de plastilina.
Igual que las piscinas para niños, Abelardo de la Espriella tiene una profundidad de 1.30 y es así como propone cosas sazonadas al azar sobre seguridad, economía, salud, relaciones internacionales o moda.
A un costo seguramente enorme de caudal de dinero que se repondrá con el pago estatal de votos o de ser necesario con el sudor del Estado mismo si fuera elegido, este candidato está participando en el mejor y más caro reality show de su vida profesional, porque no nos llamemos a engaños, más que las corbatas de presentador de chistes, los vestidos brillantes empacados al vacío o los zapatos de borlas con medias al tobillo, una campaña hoy, frente a tantos otros candidatos derrochadores, cuesta mucho.
Y es que en la vida profesional de este abogado de sonoros casos en el mundo del derecho penal (entre los que retumban o se traen siempre públicamente a colación los de Mancuso o Alex Saab), bien parece haber brillado un lema que suele oírse entre penalistas de hígados: Quiero clientes bien ricos y bien culpables, para sacarlos bien pobres y bien inocentes.
Se sabe que en política hoy no importa el mensaje, sino la imagen del mensajero, y la de De la Espriella parece una imagen fusionada de Roy Barreras y Daniel Palacios. Un combinado populista, acomodaticio y flojo.
La imagen de De la Espriella parece una fusionada de Roy Barreras y Daniel Palacios
Un tigre es depredador natural. Un tigre que ruge y muerde. Tigre que nada teme. Tigre que deja huella, que es lo que dice su canción de campaña, un tigre al fin y al cabo en un desierto en el que chulos y otros seres rapaces que también aspiran dan vueltas en círculo.
Pésima, como es esta campaña, pésima como es entre tigres y otros seres del rebusque, hay un par de candidatos buenos que seguramente estarán en la segunda vuelta.
De la Espriella no estará. Y no estará porque si él se atribuye el deber moral de cohesionar a los colombianos, hay un país con el deber moral de sobrevivencia que no se deja meter gato por liebre.
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