Opinión

¡¡Territorios de paz!!

Cooperación solidaria o la mezquindad de la guerra en época de covid-19, en América latina y el Caribe. Una reflexión

Por:
mayo 20, 2020
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¡¡Territorios de paz!!
La crisis de salud y pobreza que afecta América Latina debe conducirnos a pensarnos una vez más en nuestra integración

El día de hoy, 20 de mayo participo del foro virtual: América Latina y el Caribe territorio de paz organizado por la Red de Activismo Judicial–Corpeis.  Estaré junto a Ernesto Samper, Atilio Borón y Medófilo Medina reflexionando sobre la actual pandemia y la cooperación solidaria que debe haber en la región para enfrentarla de mejor manera y poder estar preparados para la gran recesión económica y demás consecuencias que se vienen. Aquí les comparto mis reflexiones.

La dicotomía que este espacio de reflexión está planteando: cooperación solidaria o la mezquindad de la guerra en época de Covid abre la discusión urgente y necesaria sobre el devenir de la integración regional, pero no de la integración regional bajo la única y exclusiva  lógica del mercado neoliberal sino una integración basada en la solidaridad, en una cooperación de ayuda mutua y de amor por Latinoamérica y el Caribe, la cual tiene un antecedente de superlativa importancia en las propuestas llevadas a cabo por Fidel Castro y Chávez, propuestas basadas en una nueva geometría del poder como: Alba-Tcp, Inasur y Celac.

Sin embargo, estas plataformas de integración regional actualmente se encuentran debilitadas y desarticuladas por motivos geopolíticos y económicos. Esto me lleva a plantear mi intervención en tres vías:

  1. La actual situación de los procesos de integración alternativos Alba, Unasur, Celac
  2. América latina frente a la pandemia Covid y la falta de respuestas conjuntas como región.
  3. Retos de la integración regional en escenario poscovid

 

  1. Los mecanismos de integración latinoamericanos alternativos empezaron su declive desde que en la región se dio un nuevo balance hegemónico. La correlación de fuerzas cambió desde el año 2015 con la llegada a la presidencia de Argentina de Mauricio Macri, luego el impeachment realizado en contra de Dilma Roussef (2016), la traición de Lenín Moreno en Ecuador y el más reciente golpe de estado contra Evo Morales. Este viraje ocasionó las rupturas en los proyectos de integración y se empezaron a diluir los marcos comunes, los pactos y sobre todo los principios democráticos que se lograron establecer. Los efectos de esto lograron llegar hasta la retirada de la mayoría de los países de la Unasur, por un lado y la conformación de instancias multilaterales pro “Consenso de Washington” por otro lado como el Grupo de Lima (creado en 2017) y  el Foro para el Progreso de América del Sur Prosur (creado en 2019 por iniciativa de Colombia y Chile).

Esta situación de los procesos alternativos de integración en América Latina y el Caribe obedece a la lucha hegemónica de los Estados Unidos, movilizada desde su política injerencista apoyada por las elites de la derecha en cada país, lo cual fue alimentando la política de acorralamiento contra los países promotores de las iniciativas de integración alternativa, agudizando el bloqueo económico contra Cuba e imponiendo sanciones económicas y morales contra Venezuela.

Una vez roto los lazos de integración que se lograron con las plataformas alternativas, los países de la región vienen desarrollando una dinámica de enfrentamientos diplomáticos, amenazas de guerra contra Venezuela y así la integración de América Latina y el Caribe ha quedado fragmentada y en función de atacar en lugar de ayudar, de poner sobre los intereses comunes de los pueblos los intereses hegemónicos de Estados Unidos, de ahí que esta actual pandemia nos encuentre desarticulados y sin un referente de cooperación regional que nos permita enfrentar y mitigar las consecuencias del covid.

  1. La respuesta de cada país latinoamericano y algunos del Caribe a la crisis que detonó la pandemia covid demuestra que ningún Estado es autosuficiente y que debido al debilitamiento de este por políticas neoliberales no han podido responder no solo en cuanto a reacción hospitalaria, práctica de pruebas y atención recuperación de infectados sino también en lo que tiene que ver con la garantía de derechos básicos económicos y sociales a la población que tuvo que ser confinada. En el marco de esta pandemia es importante resaltar las situaciones de Brasil, Peru, Chile y Ecuador ya que permiten analizar la gravedad de la falta de respuestas como región frente a la crisis agudizada por covid.
  • La situación más grave es la de Brasil que se convirtió en el tercer país del mundo con más casos, al día de hoy acumula 16 856 muertes de las cuales 674 fueron registradas en las últimas 24 horas. Esto debido a las medidas irresponsables de Bolsonaro que empezaron desconociendo la gravedad del virus, sumado a la crisis política interna que ha hecho más visible la pugna entre el poder nacional y local, además de una falta de unidad al interior del mismo gobierno nacional debido a las medidas de Bolsonaro, que por más que cada día aumenta el número de casos, él sigue empeñado en negar la gravedad so pretexto de la recesión económica que desde ya vive el país. Sumado a esto, Brasil desde la salida de Rousseff aumentó su cooperación militar y “económica” con EE. UU. como la cesión de la base aeroespacial de Alcántara y la apertura de la Amazonia a operaciones combinadas con tropas estadounidenses
  • Después de Brasil los países más afectados de la región suramericana son Perú con 94 333 casos y 2 789 muertes, Chile 46 053 casos 478 muertes y Ecuador 33 582 y 2 799 muertes. Aunque Perú cuente con más casos que Ecuador, este último lo supera en muertes. El factor común de los países suramericanos más afectados es que son los que más han promovido “iniciativas de integración” bajo los parámetros de EE. UU. dichas iniciativas con la principal intención de debilitar las propuestas alternativas de integración y desestabilización de Venezuela.
  • Sumado a lo anterior, se debe analizar el papel que ha jugado Colombia en pro de una guerra contra Venezuela en tiempos de pandemia. El pasado 7 de abril Duque anunció la participación de nuestro país en la Campaña Naval Internacional de lucha contra el Narcotráfico –Orión-, campaña dirigida a una supuesta lucha contra el narcotráfico en Venezuela, dando a entender a la opinión publica la férrea contradicción de que ahora somos el adalid en la lucha contra el narcotráfico, cuando somos el primer país productor y tránsito primario de cocaína y en donde investigaciones serias y de muchos años han confirmado que además en el negocio siempre ha estado involucrada la clase política, así lo demuestran actualmente los casos del Ñeñe Hernández, el embajador en Uruguay y los presuntos nexos de la señora vicepresidenta y su esposo con el narcotraficante Guillermo León Acevedo, Memo Fantasma.
  • Todo lo que he reflexionado hasta el momento me lleva a realizar la comparación entre las propuestas alternativas de integración y las que surgieron después, única y exclusivamente con el propósito de desestabilizar a Venezuela, pues si analizamos las posibilidades que abrió Unasur, Celac y Alba en cuanto a garantía de derechos como educación, salud, infraestructura de sus países miembros, deja mucho que decir de los invisibles beneficios que ha traído para Chile, Ecuador, Brasil, Colombia y Perú el Grupo de Lima o Prosur, permitiendo este hecho la conclusión de una integración basada en una nueva estrategia de seguridad nacional, que en lugar de promover el desarrollo y bienestar de la región, lo que ha generado es una política de guerra y más empobrecimiento de nuestros países.
  • Latinoamérica en lugar de enfrentar unida la pandemia y sus efectos sigue actuando con la mirada en EE.UU y la Unión Europea, acudiendo a los organismos multilaterales que han generado deudas a costa del bienestar, la salud, la vida de los pueblos. Mientras que Cuba y Venezuela actúan en conjunto, prácticamente aisladas y obligadas a acudir a China e Irán para salvaguardar sus economías y la vida de sus habitantes.

 

  1. La actual situación de crisis de salud y pobreza que afecta América Latina debe conducirnos a pensarnos una vez más en nuestra integración para enfrentar las problemáticas juntos y bajo formulas solidarias de respeto mutuo y de bienestar. Yo soy optimista, y en consecuencia creo que podemos fortalecer la Celac y volver la mirada a la Unasur y Alba , pues allí hubo avances importantes de desarrollo, integración y consensos en pro de los pueblos que no se pueden perder sino al contrario estamos en la obligación de recuperar a través del encuentro respetuoso y del análisis en colectivo de los aciertos y desaciertos de dichas plataformas. Debemos pensar en la cooperación solidaria y no en hacer la guerra a nuestros países hermanos.
  • La actual situación en la que nos ha puesto esta pandemia debe conducirnos a reflexionar sobre los retos por venir, los cuales no son fáciles, pero si los asumimos en conjunto, integrados y no fragmentados serán retos que nos fortalecerán y conducirán hacia una reinvención de la región con espacios de integración que brinden seguridad económica, seguridad alimentaria, garantía de derechos, etc.
  • El mundo poscovid estará marcado por restricciones más estrictas sobre el movimiento de bienes, servicios, capitales, trabajo y demás. La mayoría de países tendrán que responder a este escenario con políticas proteccionistas para proteger empresas públicas y privadas y a los trabajadores. La deuda pública y privada en cada país serán insostenibles, la brecha de los ingresos y riqueza de la economía se ampliará mucho más, habrá una caída colosal de exportaciones, del turismo, del precio del petróleo y otros productos.
  • La situación aunque se prevé poco alentadora, debe llevarnos a la reinvención de cada nación, pero no aisladas ni mucho menos enfrentadas sino unidas bajo la consigna de recuperación de derechos, de transformación de las economías, de cooperación real que piense en las mayorías. Estamos en la obligación de pensarnos estrategias fuertes de cooperación y creadas más allá de los proyectos de EE. UU., que como demuestran, lo único que han hecho es perjudicarnos e incentivar guerras y políticas mezquinas hacia países hermanos y hacia nuestra gente.
  • No podemos pensarnos más en bloques de poder enfrentados entre nosotros mismos sino en uno solo. Las estrategias de integración nuestras bajo la divisa de la solidaridad y unidad no pueden hacerse sin Venezuela o Cuba o sin Brasil.
  • Urge una nueva integración y articulación que, a mi manera de ver y teniendo en cuenta la actual correlación de fuerzas en la región, le corresponde liderar a México, a Manuel López Obrador, haciendo hasta lo imposible por construir consensos en el único espacio de integración en el que al menos aún permanecen la mayoría de países latinoamericanos y caribeños, en la Celac. Como presidente pro tempore México está llamado a impulsar la integración, revitalizar la Celac, establecer consensos entre todos los países.
  • Ojalá la actual crisis nos permita volver a encontrarnos para actuar juntos frente a todos los retos que nos depara el actual contexto y le permita entender a los mandatarios que la solución no está en los acuerdos de cooperación comercial como los TLC ni en las iniciativas retoricas y de seudointegración que solo pretenden azuzar odios, guerras y divisiones en América Latina.

    

 

 

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