Opinión

El espejo hondureño

El gran triunfo de Xiomara Castro puede cambiar el panorama regional replicándose en Colombia con sus muchas analogías y en Chile con los mismos grandes retos

Por:
diciembre 11, 2021
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El aplastante triunfo de Xiomara Castro y el Partido Libertad y Refundación, Libre, en las elecciones de Honduras, bien puede representar un hito histórico en América Latina. Los comicios hondureños son los primeros de cuatro votaciones claves en menos de un año, que podrían cambiar el panorama regional, en cuanto se trata de cuatro fortines de la derecha continental: Honduras, Chile, Colombia y Brasil. Por primera vez en su historia estos cuatro países podrían estar eligiendo simultáneamente presidentes de izquierda dada la grave crisis generada por los gobernantes de la derecha en estas naciones.

La victoria de Xiomara, que la convierten en la primera mujer presidenta del país centroamericano y la más votada de su historia, es un premio a su tenacidad y resistencia. Conozco personalmente a Xiomara y la he acompañado a ella, a su partido y a su pueblo, desde que su compañero Mel Zelaya fuera derrocado por presiones geopolíticas en 2009. He podido ver como ella y su pueblo han logrado resistir una desbordada violencia estatal y paraestatal que emula al terrorismo de Estado disfrazado de democracia que hemos sufrido las y los opositores en Colombia. Lloré a su lado el asesinato de Berta Cáceres, uno de los referentes de la resistencia desde los liderazgos sociales y feministas contra el modelo extractivista. También acompañé al Partido Libre en 2013 y 2017 cuando un régimen corrompido le arrebató la victoria electoral con los enésimos fraudes de la historia del país catracho. Triste recordar como los gobiernos de Uribe y de Santos avalaron el golpe de Estado y ayudaron a su legalización reconociendo al gobierno títere del hoy judicializado Porfirio Lobo y haciendo mutis al igual que la OEA ante las repetitivas elecciones fraudulentas.

Si bien saltan las obvias diferencias entre Honduras y Colombia, son inevitables igualmente las analogías, frente a los conflictos existentes y sus retos. Zelaya terminó siendo derrocado de manera violenta, simplemente por aplicar a cabalidad el ideario de su Partido Liberal, que era parte del bipartidismo hondureño. Hoy con las consignas de reformas democráticas y sociales elementales asumidas por el Partido Libre, los partidos tradicionales (Liberal y Nacional) han quedado relegados a minoritarios en el Congreso y en las urnas, tendencia que ya se vio con el bipartidismo chileno de la Concertación y ni qué decir de los vetustos partidos colombianos que han traicionado sus mismas tradiciones ideológicas.

En segundo lugar, el sustento mayor del macartismo contra Zelaya y Xiomara, es el fantasma del castrochavismo. Su pecado fue creer en el Alba hace 15 años, en momentos en que ni los TLC ni otros modelos de apertura económica neoliberal contribuían al desarrollo de la economía hondureña. Tras 12 años de la interrupción violenta de este gobierno, el modelo económico defendido por el golpe de estado ha arrojado al 70% de la población hondureña a la pobreza y al 10% de sus habitantes a unirse al tren de la muerte para migrar a EEUU, sometidos a coyotes y traficantes de personas. Por fortuna, las y los electores no se dejaron asustar por este “coco” y se dieron cuenta que sus problemas principales no pasan por lo que sucede en Venezuela, sino en Honduras.

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Marines y maras, han jugado para que Honduras haya sido hasta ahora un fortín de la derecha continental: una amenaza regional y para las fuerzas que como el partido Libre luchan por su apertura democrática

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En tercer lugar de las analogías, Honduras es un territorio ocupado, un Estado hasta ahora sin soberanía. Desde los intentos de invasión de William Walker, hasta la actual base militar de Palmerola en Soto Cano, donde se fraguó el golpe de estado de 2009, Honduras ha sufrido todo tipo de intervención directa de EE. UU. y sus mercenarios. Lejos de ser paradójico, dicha ocupación militar extranjera, está acompañada del desarrollo de verdaderos ejércitos paramilitares articulados al negocio capitalista de la cocaína. Estos dos factores, marines y maras, han jugado para que Honduras haya sido hasta ahora un fortín de la derecha continental: una amenaza regional y para las fuerzas que como el partido Libre luchan por su apertura democrática. Cualquier parecido con Colombia, no es coincidencia, y sin duda este nudo será uno de los mayores retos de un gobierno democrático en Tegucigalpa o Bogotá.

En cuarto lugar, las mafias de las drogas han permeado la débil institucionalidad del Estado hondureño, con la complicidad de organismos internacionales y demás gobiernos de derecha. Desde los tiempos del escándalo Irán-Contra ha habido permisividad con el narcotráfico para fortalecer a los aliados geopolíticos de Washington. Lo de los Hermanos Hernández, el presidente Juan Orlando y su hermano alias Tony, diputado capturado y condenado en EEUU es impúdico y solo devela la doble moral imperial. Es ridículo que se hagan montajes e indictment contra representantes del Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, mientras se respalda a auténticos capos apadrinados por la mafia. La corrupción campea en Honduras, y se calcula en 12.5 % del PIB las tajadas de las coimas estatales. Una vez más, se queda uno pensando en el espejo hondureño, y hasta vienen a nuestras mentes otros narcopolíticos de apellido Hernández.

Pese a todos estos aspectos que se ciernen como amenazas para un gobierno democrático y soberano, Xiomara Castro y el Partido Libre pudieron obtener la victoria electoral y las mayorías parlamentarias. Aun así Xiomara ha planteado la necesidad de una Asamblea Constituyente Originaria, entendiendo que los mínimos cambios que la hicieron elegir exigen transformaciones de fondo en un régimen cooptado por las mafias y recurrente a la violencia política. El pueblo hondureño logró romper con fraudes y dictaduras, maras y marines, y votó esperanzado en soluciones a sus graves penurias sociales. Eligieron a Xiomara para salir de la pobreza. Parece ser una señal que nos llega desde la cintura dulce de América –como la llamara Neruda-, que ojalá pueda repetirse en el balotaje de las elecciones chilenas en diciembre, y con la elección del Pacto Histórico en Colombia, con una agenda de cara a lo social. De seguro, si llegamos las fuerzas alternativas a La Moneda o a la Casa de Nariño, tendremos que enfrentar los mismos grandes retos que Xiomara, batallar en el que desde ya la acompañamos a ella y a la heroica resistencia hondureña.

 

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