Opinión

Terapia con rayos de protones

Desintegrar con este rayo a todo servidor público, presidente, ministro de Hacienda, legislador o asesor que proponga o apruebe para la Nación un presupuesto desfinanciado

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noviembre 20, 2018
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Terapia con rayos de protones
El ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla heredó de su antecesor un presupuesto sin los recursos para financiarlo. Foto: Twitter/Minhacienda

En una puesta en escena que se repite con puntualidad cada cuatro años, con una fría acogida pero con enorme cantidad de debate, se presentó la reforma tributaria del gobierno que se inaugura. Esta vez con nombre nuevo, pero con la misma intención, se pone a consideración del Congreso y de la ciudadanía un proyecto que busca conseguir los fondos que le permitan a nuestro acromegálico Estado seguir funcionando.

La acromegalia, esta rara enfermedad que hace que algunos órganos del cuerpo crezcan de manera desmesurada, ha causado que las manos, la boca y el estómago de nuestra burocracia hayan alcanzado proporciones gigantescas en relación con sus pies, sus ojos y, especialmente, su cerebro. Parecen haberse atrofiado hasta dejar al organismo en su conjunto totalmente deforme e incapaz de regularse a sí mismo.

Como consecuencia de este mal, el apetito de nuestro organismo estatal es cada vez mayor, al punto que ya ninguna cantidad de dinero resulta suficiente para saciarlo. Entonces, el debilitado cerebro resuelve que una buena idea para tratar su mal es aumentar las cantidades de comida que requiere su increíble apetito. Falto de ideas, recurre a incrementar las enormes cargas que ya soportan las otras partes de su anatomía, todo con el propósito de permitirles a las partes agigantadas seguir consumiendo de manera desaforada, exigiendo sacrificios que con seguridad el cuerpo en su conjunto no va a soportar y que van a terminar por derrumbar la totalidad de la estructura de la que solo se nutren unas partes, condenando a la inanición al resto y sin tener la capacidad de entender que se está autoconsumiendo sin remedio.

Para la reducida pero significativa comunidad de personas que en nuestro país viven con este mal, la lucha por mejorar su condición y reversar su enfermedad se da en varios frentes. Por ejemplo, está la terapia con rayos de protones, procedimiento cuyo nombre parece salido de un comic del recientemente fallecido Stan Lee, pero que es real y que consiste en dirigir una dosis alta de radiación hacia el tumor que genera el mal, de manera que los tejidos sanos no quedan expuestos a la radiación. La terapia con rayos de protones se aplica en pequeñas fracciones en el tiempo, pero la duración del tratamiento por lo general es menor a la de la radioterapia convencional.

Valdría la pena analizar si nuestro organismo nacional todavía responde a este tratamiento. Como primera medida, desintegrar con el rayo de protones a todo aquel servidor público, sea presidente, ministro de Hacienda, legislador o asesor que proponga o apruebe para la Nación un presupuesto desfinanciado. Solo a un enajenado mental o a una mente perversa e irresponsable se le puede ocurrir que cualquier organización, llámese familia, microempresa o país, pueda aprobar un presupuesto sin tener los recursos para ello. Es como si un jefe de hogar cuyo sueldo es de cinco millones de pesos, resolviera que para darles gusto a la esposa y a los hijos se va a gastar siete millones al mes. Al comienzo podrá hacerlo a punta de crédito, pero va a llegar el momento en el que las deudas lo ahoguen. Si no es responsable gastar todo lo que se tiene sin dejar algo para ahorrar, empeñarse para gastar lo que no se genera es una absoluta falta de inteligencia. Por decir lo menos.

 

Valdría la pena usar el mismo procedimiento
para extirpar la parte del cerebro de nuestro Estado
que ya aceptó la corrupción como forma de gobierno

 

Por otro lado, valdría la pena usar el mismo procedimiento para extirpar la parte del cerebro de nuestro Estado que ya aceptó como inevitable la corrupción como forma de gobierno y del quehacer diario. Frases como “es que el Congreso es así”; “es que hay que ganar gobernabilidad”; “es que sin los jefes regionales no se puede hacer nada”, son solo una muestra de que nos rendimos ante la corrupción. Repito, este gobierno tiene la oportunidad de oro para hacer un cambio histórico, aprovechando sus millones de votos para denunciar con nombre y apellido a los corruptos y llevándolos a la picota pública. Un solo caso bien documentado de chantaje cometido por un gamonal político, a quien se le pueda demostrar su intento por extorsionar al Ejecutivo a cambio de apoyar un proyecto de beneficio para el país, sería el desencadenante de la revolución que verdaderamente necesita nuestra Nación.

Dejemos a los estudiantes con sus demandas sin ofrecer nada a cambio. Dejemos a los líderes sindicales pescando en río revuelto. Dejemos a las Farc oponiéndose a la adopción de medidas contra su amigote el gorila de al lado. Dejemos al candidato derrotado tratando de destruir la institucionalidad en su propio beneficio. Los colombianos que queremos el cambio debemos comprometernos en rescatar la democracia que 8 años de pesadilla dejaron empeñada en el peor de los montes de piedad que haya conocido nuestra historia.

Es hora de ir hacia adelante con quienes entiendan que el futuro se hace con trabajo y no con marchas. Con esfuerzo y sacrificio y no con leguleyadas. Con propuestas y no con calumnias amparadas en un fuero de congresista indigno.

 

 

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