
Hasta mediados de febrero la galería El Museo dedica su primera exposición anual a los maestros. Los maestros nacionales e internacionales que agrandaron e internacionalizaron el arte colombiano. Seres que intuyeron o pintaron su realidad desde muchos puntos de vista del siglo XX. La exposición comprende un largo sentido de la certeza con la realidad.
Marta Traba afirmó algo claro que se presentó en la literatura. Así como los cuentos de Juan Rulfo aclararon con más autoridad e intensidad la relación de los campesinos mexicanos y el sentido de la tierra, Onneti desarrolló la profundidad del alma rioplatense, Julio Cortázar con Rayuela mostró el calor de un barrio en Buenos Aires, García Márquez enmarcó la realidad costeña en el universo del Realismo Mágico con Cien años de Soledad. En el arte también se presentaron figuras con la enorme posibilidad que habla sobre el hombre americano.
Desde 1959 el temprano dibujo de las primeras Monalisas de Fernando Botero plasmó una nueva versión casi imposible de lo universal en su propio lenguaje, Fernando de Szyszlo pudo representar en su bella manera de pintar una mesa sagrada del ritual de los Inca. Cruz Diez desde la geometría cinética contó el auge del desarrollo de la economía petrolera en Venezuela.

Son muchos los representantes en esta muestra que expresan su otra versión, en especial colombianos y artistas extranjeros que se impregnaron de la representación de la realidad. En la sala de proyectos de la galería presentan la gran impresión que el alemán Guillermo Wiedemann encontró el sentido de la atmósfera y el ritmo atemporal del calor del pacífico colombiano, Gustavo Zalamea, que se encuentra en la gran vitrina muestra la manera como entendió el caos socio político de Colombia en la plaza de Bolívar en Bogotá mientras ilustra al congreso hundiéndose como el Titanic.
En la exposición, se muestran algunas obras tempranas que plasman el duro comienzo que representa la búsqueda de un lenguaje propio, se evidencia un poco sospechoso el cuadro de Alejandro Obregón de 1946 El solyloquio en una firma roja tardía y en otros casos como se llega a la cima como lo es el cuadro de Carlos Rojas Al oriente del sol de 1981.

Otro sentimiento que aflora en la exposición son los caminos de la geometría abstracta de Edgar Negret que nos llena de incógnitas por el desarrollo ajeno de su obra al final de sus días hasta el presente. La calidad rotunda del trabajo de Ramírez Villamizar en relieve y escultura. Ambos tuvieron su aproximación a la geometría precolombina como la representación del orden en un cronograma del caos.
Igualmente podemos encontrar artistas que se dedicaron al paisaje como Gonzalo Ariza o Antonio Barrera que mantuvieron su mirada en la geografía. Dentro del Pop art se encuentran las obras de Álvaro Barrios mientras él se alimenta de la representación del consumo y sus héroes fugaces; como Ofelia Rodríguez con su caja mágica donde se unen objetos extraños en una expresión libre.

Con las fotografías de Jesús Abad Colorado se retrata a la Colombia más cruel. Donde la humanidad no alcanza para que unos violentos respeten el comienzo de unos niños en su clase, quedando plasmado el horror y la desesperanza.
En el camino de la abstracción se encuentra Manuel Hernández que buscó siempre representar el silencio o Luis Fernando Peláez que busca la angustia de la sobrevivencia en el paso de un río.

Lorenzo Jaramillo, gran pintor que se fue temprano, representa con una Naturaleza muerta la vida de un expresionista que se desborda frenéticamente en una intuición figurativa.
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