Cinco empresas extranjeras se llevan las mejores esmeraldas de Colombia

La Texas Colombia le compró a Carranza la mina de Muzo y otros esmeralderos decidieron vender y hoy son gringos los que mandan en la zona minera de Boyacá

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agosto 30, 2020
Cinco empresas extranjeras se llevan las mejores esmeraldas de Colombia

Meses antes de que muriera Víctor Carranza, el zar de las esmeraldas, el 4 de abril de 2013, vendió el 100% de las acciones que tenía en la mina más productiva de esmeraldas de Colombia. A sabiendas que sus hijos no seguirían el negocio y anhelando que no lo hicieran – por la protección de sus vidas– entregó a norteamericanos su pedazo de tierra más consentido: Puerto Arturo, una mina ubicada en Muzo, de donde en 1999 sacó a Fura y a Tena, dos de las tres esmeraldas más grandes y valiosas del planeta.

Esta negociación, de la cual la cifra se mantuvo y se ha mantenido en secreto, duró casi dos años. Carranza, cansado y aquejado por un cáncer de próstata que lo estaba matando, firmó la venta en 2012. Sus socios en esta mina, la familia Molina y la familia Vitar, también vendieron.

La empresa colombiana Minería Texas Colombia (MTC), brazo de la norteamericana Texma Group, una gigante compañía experta en yacimientos de petróleo, gas y mineros, se hizo con la mejor mina del país. Aun cuando no fue la primera, este fue el momento en que se conoció que empresas foráneas estaban buscando el negocio de las esmeraldas colombianas.

El director –no dueño– de MTC es el estadounidense Charles Burgess, exfuncionario de la embajada de Estados Unidos en Colombia. Se interesó en el tema esmeraldero a finales de los años 80, pero entró en la industria en 2009 –30 años después y ya pensionado– cuando fue contratado por Texma Group para convencer a Carranza de que los dejara entrar en el negocio.

Charles Burgess, exfuncionaro de la embajada de EE.UU. en Colombia, clave para la negociación con Víctor Carranza.

Pero antes de MTC, otra empresa extranjera que se había abierto camino el mundo esmeraldífero de Boyacá, fue la estadounidense Thorn Investment Limited, una compañía de Houston. En 2010 Carlos Julio Molina Murcia, integrante de la famosa familia Molina, le vendió a esta empresa su 15% de la mina Cunas, también de Muzo, la segunda mina más productiva de Colombia, en la que aún tienen acciones los Carranza.

Sobre el papel y las cifras ‘legales’ el mercado de la esmeralda colombiana no es más jugoso del país. Según Fedesmeraldas solo mueve al año unos USD$150 millones (En oro se exportan anualmente USD$2.000 millones), pero es un negocio interesante para grandes capitales y tecnologías que puedan extraer más piedras en menos tiempo.

El valor de la esmeralda, a diferencia del oro, no es fijo. No se mide en peso. El exportador es quien pone el valor de la piedra y antes de él lo pone quien la saca de la tierra. Es un negocio en el que se puede jugar con sus regulaciones, con el dinero y su representación. Bien jugado deja millonarios dividendos a los exportadores que ahora buscan ser los mismos extractores. Y los extranjeros están detrás de él–, dice un conocedor de la industria que quiso dejar su nombre en secreto.

Según el presidente de la Federación Nacional de Esmeraldas (Fedesmeraldas), Óscar Baquero, en Colombia solo se ha explorado el 10% del territorio que posiblemente es productor de esmeraldas. El experto en el tema aseguró en una entrevista que los cinturones oriente y occidente quedan unas 100 mil hectáreas productivas que no han sido tocadas.

La violencia ha rodeado el negocio de las esmeraldas en Boyacá. Entierro de Pedro Simón Rincón, hijo de Pedro Nel Rincón, alias 'Pedro Orejas'.

Antes de la venta de Puerto Arturo a los gringos el negocio de esmeraldas era manejado por patrones y clanes familiares de la zona; muchos de ellos vinculados con narcotráfico y paramilitares para proteger el control de sus territorios mineros y para hacerse, más a las malas que a las buenas, con más tierra llena de esmeraldas. Esta época violenta es conocida como la Guerra Verde, que ha dejado hasta el día de hoy –porque no ha terminado– unos 4.000 muertos.

La sangrienta violencia entre los emporios familiares que manejaban el negocio esmeraldífero dejó varios patrones muertos o tras las rejas. Pedro Orejas está detenido en Estados Unidos por narcotráfico; Horacio Triana también paga una condena en EE.UU por el mismo delito. Los herederos de los clanes, para salirse del camino de sangre, buscaron entregar las tierras a los extranjeros que las pagaron muy bien.

La zona de mayor producción esmeraldera de Colombia es Boyacá. Las minas joyas de la corona, de donde salen las esmeraldas más finas y costosas del mundo están en tres lugares: Borbur, Maripí, y Muzo, este último pequeño municipio ya es marca reconocida en el negocio mundial de la esmeralda.

El nuevo Zar de las esmeraldas, Jesús Hernando Sánchez, le vendió a la británica Gemfields Group Company el 70% de las licencia de sus minas.

A finales de 2015 Jesús Hernando Sánchez, el hoy llamado zar de las esmeraldas, aprendiz y heredero comercial de Víctor Carranza, le vendió el 70% de sus licencias mineras a la británica Gemfields Group Company, la mayor productora de piedras preciosas de color en el mundo, para extraer esmeralda de una de sus minas en Borbur.

Precisamente la mejor mina de Borbur se llama Coscuez, que también era propiedad de Jesús Hernando Sánchez. En 2018 el 76% de esta mina fue vendida a Fura Gems, una empresa que en papel es canadiense, pero realmente sus dueños son árabes. Este negocio se cerró por USD$13 millones.

Otro gringo que tiene capital invertido en minas de Maripí es Michael Gad, dueño y representante de Gad International LTD., una empresa de Nueva York. Esta compañía es dueña de concesiones para extraer piedras preciosas en Boyacá. Michael es uno de los hombres más famosos del mundo como comprador y vendedor de esmeraldas colombianas.

La posesión de las minas y la producción de esmeraldas en manos de empresas extranjeras ha generado la formalización del negocio. Los empleados mineros, que son en promedio 3000 directos, ahora cuentan con contratos de trabajo, horarios, y el pago de seguridades sociales, así como mejores condiciones de protección y trabajo dentro de los socavones.

Pero esta misma formalización del negocio, vista con buenos ojos las entidades oficiales, ya que hay pagos de impuestos fijos y regalías, ha generado también que miles de personas que se beneficiaban de la informalidad quedaran fuera del movimiento.

El efectivo y esmeraldas pequeñas y medianas se veían correr en los en las tiendas y en los playones donde mineros y planteros compravendían. Los mineros trabajaban por comisión de lo que encontraran enterrado en la tierra y no por sueldo fijo. El oficio de los guaqueros que esperaban abajo de la quebrada para pescar alguna pepa entre los escombros que botaban desde la mina también está llegando a su fin. Cumpliendo prácticas medioambientales ya no botan tierra al agua.

La entrada extranajera y la formalización del negocio cambió por completo la dinámica económica y social de la zona esmeraldera donde cientos de campesinos boyanceses crecen con la ilusión de salir de pobres con una piedra de color verde.

Vea también:

El ascenso del heredero de Víctor Carranza en la guerra de la esmeralda

 

Ha muerto el zar, el zar ha muerto: el funeral de Víctor Carranza

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