El país de las Chuanas o Gaitas
Opinión

El país de las Chuanas o Gaitas

¿Por qué debemos asistir al Festival Nacional de Gaitas “Francisco Llirene” en Ovejas (Sucre) todos los octubres por venir?

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octubre 14, 2017
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Hay un país mezquino, vulgar y conflictivo. Donde sus élites se insultan y disputan el poder de frente a las cámaras y luego, en la penumbra de los bastidores, se abrazan sin vergüenza alguna y se destornillan de risas como niños después de pilatunas.

Un país donde prima la cooptación de la corrupción por parte de las élites para asociarla con un comportamiento aceptado y generalizado. Con una alta indiferencia de la comunidad, con poca creatividad desde la política desprestigiada para resolver los problemas y con una gran incapacidad para reconocer nuestra inviabilidad como sociedad que no asume un contrato social serio.

Hay otro país esencial, prístino, decente y honesto que se levanta todos los días con un sol distinto pero con los mismos rayos de esperanza.

Son dos caras de una misma realidad. De una sociedad bifronte y casi que con comportamientos de rochela; no tanto por quienes inspiraron el término, sino por la desobediencia civil pasiva que los ciudadanos tenemos frente al establecimiento y con él, ante su máxima expresión: el Estado.

Pero también hay un tercer país telúrico, vibrante y sensible a sus propias emociones que se construye con la fuerza del pensamiento y se hace cada día más imprescindible, en especial a la hora de reivindicar propuestas desde lo popular y transparente.

Esa construcción social a la que me refiero es el País de la Chuana o Gaita inmortal. Como cualquier territorio legendario tiene un centro político y cultural imponente: es Ovejas, municipio que domina a los Montes de María en el cruce del tiempo sobre el viejo Bolívar del Caribe colombiano y el actual departamento de Sucre, a 42 kms de Sincelejo, la capital de Sucre.

En la ruta cultural del país es un destino obligado llegar en octubre al Festival Nacional de Gaitas “Francisco Llirene” en Ovejas, sobre la carretera troncal de occidente en cruce hacia Cartagena o Barranquilla o de regreso hacia el interior del país.

La Universidad de la Gaita se autodenominan en esencia al territorio de Ovejas (Sucre) y eso debe hacer referencia a que es la academia donde se imparten los designios musicales de preservación de una mítica e invaluable herencia musical de razas, credos y culturas que nunca se sabrá de dónde surgió con totales certezas arqueológicas, pero que para defender había que construir el relato suficiente y fuerte que trascendería cualquier discusión de foro encumbrado y mejor se reafirmara en cada legendario encuentro anual por los días lluviosos de un octubre tropical.

¿Por qué debemos asistir al Festival Nacional de Gaitas “Francisco Llirene” en Ovejas (Sucre) todos los octubres por venir?

Primero porque es la esencia recreada de una manifestación viva y sempiterna. La Gaita o Chuana ancestral es la forma como los hombres y mujeres –no sólo de los Montes de María- se comunican entre sí y le transmiten al resto del universo, una energía única y cósmica.

 

 La Gaita o Chuana ancestral es la forma como los hombres y mujeres
–no sólo de los Montes de María- se comunican entre sí
y le transmiten al resto del universo, una energía única y cósmica

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Segundo, porque en Ovejas convergen las coordenadas de un territorio imaginario y potente; real y de fuerza popular auténtica; que va desde San Jacinto (Bolívar) – Cartagena y su memoria – Barranquilla y su aire cosmopolita que acoge todo lo bueno – Cereté (Córdoba) – Magangué (Bolívar) – Guacamayal (Magdalena). Esas referencias en la geografía de la Gaita envuelven a otros puntos distantes pero atraídos por la magia ancestral del universo campesino y urbano que convive de manera paciente y festiva. Hasta del interior del país, de la fría capital, del extranjero y de otras distancias acortadas por la música de la sinceridad y del alma de la nobleza campesina.

Tercero, porque es una reivindicación con la vida que le debemos al territorio de los Montes de María, el cual pasa la página después de una triste melodía de muerte y guerra que se ejecutaba en horas de claridad y en medio de la angustia de las noches largas e inciertas. La Gaita en estos momentos es un grito de fe en la vida, en los hombres y mujeres de Ovejas (Sucre). Ellos se merecen toda nuestra devoción por la resistencia que nos enseñaron, por la constancia en cada amanecer y por no dejar de sonar una Gaita en medio de la neblina espesa de la violencia pasada.

Valen más que cualquier polaridad insensata que un país incierto pretende construir en medio de la única certeza que los pueblos tienen: la fuerza y tradición de lo popular.

Coda: el amigo Gerson Vanegas (de Ovejas, por supuesto) nos dice en unos versos contestatarios en aire de cumbia, “Porque el ovejero es sano de nacimiento, y si dicen que carga un fusil, seguro es una Gaita con cinco huecos…” La canción se titula Por qué nos llaman así y fue canción inédita ganadora en una anterior versión del Festival.

 

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