Pies secos pies mojados: Se acabó la música guantamanera

La abolición de la política que otorgaba visas a los cubanos que pisaran suelo estadounidense cambia el panorama para muchos isleños

Por: Víctor Cachay chicana
enero 15, 2017
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Pies secos pies mojados: Se acabó la música guantamanera

La melodiosa y armónica composición salsera hecha popular por la caribeña y desaparecida Celia Cruz ahora acompaña a más de un cubano que varado en diversas partes del mundo tramó llegar a tierras estadounidenses; sin embargo con la dimisión de la ley “Pies secos, pies mojados”, ha llevado al limbo, angustia y a la desilusión a  sus compatriotas.

Con el inicio de la dictadura de los Castro miles de cubanos se lanzaron al mar buscando una salida a la opresión y a la falta de oportunidades con las que tenían que lidiar (aún luchan contra ello), de tener no un mejor futuro para ellos sino para sus hijos y nietos, por lo que usando carros viejos, embarcaciones fluviales y demás basando sus sueños en cacherías (cámaras de llanta), con el que navegar por las peligrosas y cada vez más vigiladas aguas del océano Atlántico.

Unos no han tenido la fortuna y han perdido sus vidas en el mar 

Ojos azules no llores no llores ni te enamores. Como el nacimiento del mar este hombre barbudo y que mide poco más de metro y medio de tez, manos abolladas por la vida dura y una mirada perdida hacia el océano - que finalmente fue su pase al país del sueño americano  - y con dos hijas a cuestas Marcos Simone declaraba ante medios locales la travesía que le tocaría vivir pero eso era mejor que morir de a pocos, que llevar una vida mísera y distante cuando la realidad te golpea todos los días y te sumerge en un sueño del que jamás despertarías.

“Mi vida está allá junto a mis hijas y mi mujer que lograron la residencia gracias a dios. Ya con esta es la tercera vez que me rechazan la visa los gringos y yo no puedo seguir en esta situación y la única forma de llegar es lanzándome al mar ¨chico¨, pues sino moriré esperando que me den el pase y yo no quiero eso. Estoy envejeciendo no por la edad sino por la tristeza”, manifestaba allá por el año 94 el también trabajador mecánico.

Remontarnos al año en que los Estados Unidos y el mundo entero estaba expectante al Mundial y al penal final desperdiciado por Roberto Baggio ante el portero brasileño decenas de miles de cubanos se aventuraban al mar caribeño sin pensar en siquiera volver, pues en esa época y hasta ahora no es posible retornar a tu tierra (debido a la política del país socialista), a tus inicios, a tu barrio, al rincón que perteneces y del que jamás te fuiste en mente, en espacios, en recuerdos, y donde finalmente están depositados lo dejado, lo anhelado y lo que a pesar de la distancia aún añoras vivir.

“Yo nací en el paraíso”.

Aquel oasis en el que se ha convertido Cuba desde épocas remotas y donde la salvación seudo social se ha convertido en un mal ejemplo instalado en algunos países latino americanos y que a la única fuente y destino cierto es hacer más pobres al humilde y de mayor poder al que tiene bonanza; sin embargo, aún el modelo rojo es aplaudido en la Venezuela del hoy Maduro y en la Nicaragua de Daniel Ortega.

“Nosotros tuvimos que salir de Cuba pues la situación era inmanejable y nos ha costado dinero, tiempo y el poner en peligro nuestras vidas el estar aquí en Colombia. Ahora con la derogatoria de esta ley (en la que cualquier cubano que pise tierras gringas – por cualquier vía que llegase - podía pedir asilo y asistencia de forma inmediata), no sabemos qué hacer. Estamos trabajando de lo que sea y hasta de meseros tenemos que hacer para sobrevivir”, indicó uno de los tantos jóvenes médicos cubanos ubicados en Bogotá.

Esta situación se repite en la docena de países en lo que cubanos arriesgan sus vidas entregándose en manos de mafiosos o coyotes que les prometen el sueño dorado – claro está – con el pago de una fuerte suma de dinero por hacerlos pasar al otro lado; empero, en muchos casos esta experiencia se convierte en el inicio de una muerte segura y por el cual los deudos jamás logran llorar sus muertos, enterrar sus tristezas y pasan de la esperanza al delirio del silencio.

Cuando cuba sea LIBRE seremos un mismo calibre

“En barco real con sueños y con la risa voy, pues soy un balsero huyéndole a Fidel, combatiendo el viento, el sol y el mar sobre balsas destrozadas y hasta en gomas desinfladas, solo quieren vivir en libertad…que sigan llegando, y siguen llegando”, atesora una más de las tantas canciones a los también llamados Balseros, aquellos hombres y mujeres que con la mano levantada despedían a sus familiares en la década de los 90 desde aquellas orillas como Camagüey, La Habana o Cien Fuegos sin saber que les esperaba y ante que se enfrentarían, pero con la única consigna de no volver, así sea para ser enterrados.

“Ella se fue hace muchos años dejándome con mi hijo pequeño. Yo no podía viajar pues tenía un problema de salud y ahora no sabemos más que se volvió a casar y que de nosotros no quiere saber nada. Yo salí con mi hijo años después pero me fui por Ecuador y ya en Perú tuve que quedarme pues me quedé sin dinero para seguir con mi travesía y aquí estoy lejos de mi Cuba, de mis padres pero tengo fe que el régimen Castrista algún día caerá y podremos ser libres aún en tierra ajena".

Quería hacerse famosa quería ganarse un Grammy y salió a probarse su suerte balsa destino Miami, dicen que se siente bien que Miami es la locura, pero le falta la habana, el chisme y la sabrosura, aseguran que tiene dinero, el carro que ella soñó, pero no encuentra en Miami, lo que en la Habana dejó – reza una canción de los ex patriados integrantes de la Charanga Habanera, en su periplo por los diversos escenarios del mundo.

Fueron más de 65 mil cubanos que ingresaron vía fluvial, terrestre y dios sabe como a territorio americano; sin embargo el numero se quintuplica de los que trataron y aún tratan de entrar por las diversas fronteras con la finalidad de cumplir con el cada vez más difícil y alejado sueño americano con el que salir de la pobreza e incertidumbre.

Si me dijeran pide un deseo, preferiría un rabo de nube, un torbellino en el suelo y una gran ira que sube. Un barredor de tristezas, un aguacero en venganza que cuando escampe parezca  nuestra esperanza – detalles sin ilusiones.

 

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