El fútbol no se lo puede comer todo

Lo que hoy está viviendo Colombia no deja espacio para cosas menos importantes, así algunos insistan

Por: Sebastián Acosta Zapata
mayo 14, 2021
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El fútbol no se lo puede comer todo
Foto: Twitter @RiverPlate

Me gusta el fútbol. Soy hincha del Deportivo Cali, a veces me entusiasmo con la Selección Colombia, y sigo con alguna lejanía al Real Madrid. Creo, al igual que Jorge Valdano, que “el fútbol es la cosa más importante de las menos importantes”. Sin embargo, lo que hoy está viviendo Colombia no deja espacio para las cosas menos importantes.

En 1936, Hitler organizó los Juegos Olímpicos para mostrarle al mundo la fortaleza, la soberbia y el desarrollo de la Alemania Nazi. Ocultó, por supuesto, toda la barbarie que se estaba gestando principalmente hacia los judíos. Y el mundo aplaudió. En 1978, Videla organizó el Mundial de Fútbol para mostrar que Argentina era un remanso de paz y desarrollo en perfecto orden. Ese año Argentina ganó el mundial en una final disputada con Holanda. Y el mundo aplaudió.

El poder político siempre ha usado las cosas menos importantes para ocultar las cosas muy importantes, y eso es lo que están intentando hacer Duque y Lucena con la Copa América. En un mundo fuertemente lastimado por la pandemia, en la región más golpeada, y en un país con un grandísimo conflicto social, cualquier persona sensata debería renunciar a una inversión de grueso calibre para organizar un torneo de fútbol. Pero ellos no son sensatos.

“La pelota no se mancha” dijo una vez Diego Armando Maradona ante un estadio lleno confesando su adicción, y yo lo sé. El fútbol no tiene la culpa de estar sometido y ser prisionero de organizaciones mafiosas, corruptas y avaras. La Fifa y la Conmebol se han apoderado del invento de los ingleses que los brasileros perfeccionaron. Escándalos que envuelven a la dirigencia mundial del fútbol en malos manejos, desfalcos, sobornos y malversaciones hay muchos.

La esperanza brota cuando el mismo Maradona sale a vengar Malvinas en México 86 en contra de los ingleses. Dos goles soberbios: el gol del siglo y la mano de Dios. Brota cuando un equipo modesto como el Leicester City gana la Premier League por primera vez en su historia venciendo a los máximos referentes ingleses. Brota cuando el médico y jugador de fútbol, Sócrates, lidera la Democracia Corinthiana en un Brasil en dictadura, democratizando las decisiones del equipo.

Hoy no le podemos pedir a ni a los jugadores ni a los artistas posiciones ni carácter, muchos de ellos son simples productos del mercadeo, que con el primer contrato olvidan de dónde vienen, olvidan su infancia, a lo mejor muy necesitada. Sus manejadores, mejor nombre no se puede encontrar, les dicen que si opinan de la realidad pueden perder contratos, espantar a los patrocinadores y asustar al capital. Solamente le sirven al dinero, y a éste no le gusta mucho el carácter.

Sin embargo, la realidad es más fuerte y se filtra por las cortinas que la pretenden esconder. Es vergonzoso que se hayan llevado a cabo los juegos por Copa Libertadores en los cuales Junior, Atlético Nacional y América fueron protagonistas. En Barranquilla se disputaron los partidos entre Junior y River Plate de Argentina, el 12 de mayo, y entre el América de Cali y Atlético Mineiro, el 13 de mayo. Por su parte, en Pereira jugaron, el 12 de mayo, Atlético Nacional y Nacional de Uruguay. En Barranquilla ambos partidos tuvieron que ser interrumpidos porque los gases lacrimógenos llegaron a afectar a los jugadores y a todos los que estaban dentro del estadio. Adentro rodaba la pelota, afuera volaban balas y corría sangre. En Pereira no fue diferente la historia, Nacional de Uruguay se demoró más de 1 hora en salir del hotel porque no tenía garantías para desplazarse al estadio. El árbitro dice que dejen todo de lado y que jueguen un partido de fútbol, antes de tirar la moneda al aire. Replica Gonzalo Bergessio, capitán de la escuadra uruguaya, diciendo “necesitamos más empatía”. El capitán del conjunto colombiano solo lo mira, sin articular palabra.

La prensa deportiva extranjera fue sensata, sensible y empática a lo que estamos viviendo. Diego Latorre inquirió “Habría que preguntarse por qué el fútbol no tiene la sensibilidad de identificarse con lo que pasa fuera del estadio y con las necesidades que vive el pueblo colombiano”. Martín Abreu trinó: “Mirando Junior versus River en Colombia, realmente te asusta escuchar los bombazos afuera del estado. Los están matando y ocultan la realidad con un partido de fútbol. Complicidad de la Conmebol”. Y Juan Pablo Sorín, figura retirada de la Selección de Argentina y actual comentarista de fútbol, fue enfático al decir que es una “vergüenza que  se hayan jugado Junior versus River y Atlético Nacional versus Nacional de Uruguay ayer en Colombia. Conflicto social, represión policial, cantidad de muertos y desaparecidos que suben día a día, lamentablemente. Fuerza Colombia. El show no puede continuar a cualquier precio”.

Igualmente, Marcelo “El Muñeco” Gallardo, director técnico de River, dijo en la rueda de prensa posterior al compromiso que “no fue normal venir a jugar un partido en una situación tan inestable que está viviendo el pueblo colombiano. Se jugó con gases lacrimógenos y escuchando detonaciones desde afuera, no podemos mirar para otro lado”.

Los equipos y los gobiernos, nacional y locales, quisieron ocultar lo que está pasando en Colombia, y no pudieron. Le mostraron al mundo entero que no les importa ni sus hinchas ni sus ciudadanos, respectivamente. Dejaron en evidencia que no hay ningún tipo de condiciones, ni garantías para realizar una Copa América que desde ya está manchada de sangre, y hecha de represión en contra de un pueblo que solo pide nivelar la cancha para poder jugar justamente.

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