El deprimente porno de Amaranta Hank

A este escritor las películas de la cucuteña no lo calientan…lo entristecen y dice “Amaranta es la actriz porno más insulsa de toda la comarca”

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Diciembre 06, 2018
El deprimente porno de Amaranta Hank

Por exclusivo interés investigativo —todo hay que aclararlo—, entro a una página de pornografía a ver varios videos de Amaranta Hank. Supe de Amaranta hace más de un año, cuando apenas era reconocida por los lectores de una famosa revista colombiana. Entonces, había dejado atrás su carrera de periodista y editora para convertirse en actriz porno. Volví a saber de ella cuando, en medio del furor de Twitter, declinó grabar un video porno con Yeimis Echeverry.

Resumo la historia porque, si bien muchos la conocen, es importante para lo que voy a escribir más adelante: Amaranta le puso a Yeimis —conspicuo habitante del Twitter colombiano— el reto de lograr diez mil RTs para hacer una película porno con ella. Lo particular del asunto es que Yeimis mide 1.31 centímetros y sufre de osteogénesis imperfecta, lo que le impide mover la pelvis con soltura. Toda una rareza.

Yeimis logró más de once mil RTs y entonces vino el silencio de Amaranta. Días después, apareció con una carta en la que explicaba, con argumentos sólidos, por qué finalmente el video nunca se filmaría. La carta empieza en estos términos: “En las primeras entrevistas que di al entrar a la industria para adultos, dejé muy claro que estaba interesada en nuevas formas de pornografía que ofrecieran una imagen más real de la realidad”.

En el comunicado, se lee, en dos ocasiones, la palabra posporno. El posporno es una manifestación feminista que reacciona a la pornografía tradicional, ampliamente pensada para el disfrute sexual del hombre y, por tanto, cosificadora de la imagen de la mujer. Mencionaba también que siempre le había llamado la atención el sexo con personas con movilidad reducida —como Yeimis—, y por eso, aunque en su momento no lo consideraba, ya había adelantado los contactos con el interesado para grabar una película de este tipo. En un instante determinado de la carta se lee: «Pero un tuit desacertado de Yeimis me ha hecho cambiar de opinión».

Hardcore fallido

La razón del arrepentimiento de Amaranta Hank estaba en un tuit lejano en el que Yeimis afirmaba lo siguiente: «Vivimos en un mundo que les pide a los hombres no culearse a las mujeres y botarlas en vez de enseñar a ellas a no dejarse culear tan fácil». El argumento central de Amaranta —ya lo pueden intuir— era que «la posición de “no dejarse culear tan fácil” es arcaica además de claramente errada». Así, ante la atractiva idea de grabar porno con una persona con movilidad reducida, se imponía su mirada feminista de la pornografía, el posporno. Yeimis fue desechado por machista y torpe. Jamás por pigmeo.

El escueto mensaje de Amaranta Hank venía a afianzar la idea central de un texto de su autoría publicado en la revista SoHo. En ese artículo, la actriz narra las incidencias de su debut en el mundo del entretenimiento para adultos. Amaranta Hank es actriz porno porque quiso ser actriz porno. Dejó atrás su carrera como periodista y editora para, desde la pornografía, aplicar el viejo principio del templo de Delfos: «Conócete a ti mismo». «Quería sentirme sexy, retar mi experiencia sexual al compararla con la de las expertas y vivir una vez más mi sexualidad libre», escribió en su momento. Después de esto, empezó su carrera de pornstar criolla.

De amateur a pornstar criolla

Llevado por la curiosidad de que una figura pública —a quien, sin embargo, yo no conocía— se introdujera en el mundo del porno, me senté a ver su primer video. El hecho de que fuese una figura relativamente conocida hizo que Amaranta Hank gozara de un aparato de propaganda del que carecen la mayoría de las personas que se deciden hacer porno. Por tanto, llevados por la prensa, miles de personas como yo vieron el debut en solitario de Amaranta Hank, vestida de monja.

Hot Girls Wanted es un documental de Netflix que cuestiona el mundo del porno desde la vida de varias chicas que deciden probar suerte en la industria del porno amateur. La historia que cuenta el documental dura apenas unos meses. En todo ese tiempo, las jovencitas graban centenares de películas que, sin embargo, no les representan mayor dinero. Al final del documental, varias de las chicas regresan a sus casas sin fama y sin un centavo. Los sueños frustrados.

Digamos que Amaranta es una privilegiada, pues tuvo el camino expedito. No sufrió lo que una chica cualquiera puede sufrir en su carrera hacia el estrellato. No tuvo la etapa anónima por la que pasaron actrices colombianas con más años en la industria como Franchesca Jaimes o Jasmine Gómez. Por el contrario, su estrategia de marketing fue muy clara: aprovechó la ventana de difusión de los medios colombianos que hacen eco de cualquier barullo o rareza, y mostró una cara de mujer emancipada, libre y empoderada de su sexualidad para crear un personaje.

Alejandra Omaña no fue más Alejandra Omaña: ahora era Amaranta Hank, la actriz porno más insulsa de toda la comarca.

POV sobre Amaranta

La afirmación anterior, lo acepto, es impopular. Amaranta Hank roba aplausos y vítores entre periodistas y lectores. Cada palabra suya, cada declaración, cada gesto se roban titulares y clics. Y aunque tiene sus haters, la bulla de estos se queda en el comentario misógino y conservadurista. No hay, entonces, un solo artículo sobre ella en que se valore su carrera o se analicen sus videos, es decir, en que se haga una crítica no sobre su personalidad, sino sobre sus películas. Cuando de Amaranta Hank se trata, todo se ve desde la valentía de la acción primera: «Oh, miren esa periodista que ahora es una super estrella del porno colombiano».

Trataré a continuación de sustentar —a partir de sus películas— por qué el porno de Amaranta Hank es un bodrio más de la industria. Otro ladrillo en un muro sempiterno.

Acepto que no he visto todos sus videos. Su producción, de menos de dos años, es ya numerosa. Sin embargo, con el porno sucede lo mismo que con los vinos y la encuestas: una pequeña cata nos permite saber el sabor del resto del barril, una pequeña muestra nos permite ver qué piensa el universo. He visto detenidamente algunos videos de Amaranta Hank, he analizado los detalles, he reflexionado sobre ella misma. Y al final me queda la imagen de que el porno de Amaranta es fake, de mentiritas. Y triste, profundamente triste.

El primer video de Amaranta, como ella lo admite, es un clisé de la industria: una solitaria monja se masturba ante un altar de Cristo. ¡Vaya novedad! Esta secuencia, de tanto repetirse, ha dejado de ser iconoclasta. Pero también los clisés se pueden retomar y, con ellos, plantear rupturas. De esto sí que sabe el ya clásico director, Mario Salieri.

Ese primer video porno de Amaranta Hank cumplió dos funciones. La primera, que ya he mencionado, fue la de promoción. Los gemidos de Amaranta se irradiaron por todas las redes sociales y la pusieron, de un tirón, en la cima del world porn. La segunda, y es la base de mi trabajo, fue condenarla a ser una actriz porno de lugares comunes.

¿Dominatrix?

Un invernadero. Unas matas de mariguana. Una mujer con una camiseta de Kill Bill se fuma un porro. Lo succiona lentamente. El humo de disgrega en el aire. La mujer bota el porro. Ahora, con un pequeño rociador, les echa agua a las plantas de mariguana. Aparece un hombre calvo. Aborda a la mujer por la espalda. Voz de engalochada. El porro es reemplazado por la verga. Felación. La mujer es penetrada por la espalda. Gritos de mentirita. Otra mamada. Sentadones sobre la verga. Gritos. Gritos. Gritos. Una paja rusa. Final feliz en las tetas.

Título de la historia: Dosis mínima de porno.

Así son todas las historias de Amaranta Hank. Aburridísimas. Todos los lugares comunes de la pornografía tradicional confluyen en ellas. ¡Y vamos que la industria está llena de lugares comunes! La ruptura y el empoderamiento con los que argumentó su entrada al mundillo del porno han sido reemplazados por la ramplonería, la insulsez y la rutina. En el comunicado del Caso Yeimis, Amaranta afirmó: «Yo decido quien accede a mi cuerpo y eso no va a cambiar». Y lo cierto es que Amaranta Hank ha decido por ella misma, pero lo ha hecho contrariando sus palabras.

Toda su pornografía es una pila enorme de lugares comunes: sexo con un actor porno amateur, sexo lésbico sin retoques ni creatividad, anales después de la estimulación con un dildo. Y para terminar buscó al mainstream de los mainstream: Nacho Vidal. Y también con él hizo una película.

Y entre todo ese montón de imágenes manidas, no aparecen por ningún lado las «nuevas formas de pornografía» ni la «imagen más real» del porno ni el «posporno». En la filmografía —palabra muy agraciada para referirse a esa colección de láminas repetidas— de Amaranta Hank, el hombre manda e impone condiciones, el hombre mantiene su condición de privilegiado, el macho, con su verga, domina. El porno de Amaranta Hank está pensado para hombres. Sí. Para hombres que consumen porno barato.

Se me podrá acusar de querer reclamar contenido y profundidad en algo que solo sirve para entretener. Yo solo diré que quien pretendió buscar trascendentalidad detrás de un polvo frente a la cámara fue Amaranta Hank. Fue ella quien habló de empoderamiento del cuerpo femenino. Fue ella quien rescató de los recovecos de la teoría feminista el término posporno.

Amaranta interracial

En esa búsqueda de los lugares comunes de la pornografía, Amaranta ha terminado transformándose a sí misma. ¿Cuál es el prototipo de actriz porno que más se consume en la web? ¡Exacto! Los caballeros las prefieren rubias. Por eso, la pelinegra de las primeras películas se ha convertido en una rubia de extensiones larguísimas para tratar de acercarse a un ideal de actriz porno que predomina en la industria.

Si algo se rescata de su primer video porno es que entonces Amaranta Hank tenía aún la belleza primigenia de Alejandra Omaña. Era un pelinegra preciosa de ojos grandes y labios atractivos. Ahora, el cabello es rubio, rubísimo. Y sus labios —parece— se han saturado de botox. A la naturalidad primera, le ha seguido el fingimiento tenaz que conlleva introducirse en una industria en la que, a pesar del realismo, todo es mentira. Su personaje —como en la literatura de folletín— no tiene un rasgo propio. Sus atributos son un préstamo de las actrices porno de la tradición gringa.
Cuando digo esto, pienso que otra vez todo es una argucia de la actriz o una exigencia de la productora para la que trabaja. Amaranta Hank grabó su primer video porno por puro gusto y por exploración personal. «Solamente las ganas de hacerlo ya lo justificaban» escribió para SoHo. Parece que a ese impulso interior le han seguido la necesidad y la supervivencia. Al ser un porno de industria y al ser una actriz porno vinculada a una productora, sus películas buscan generar ganancias. La marca Amaranta Hank es un negocio rentable. Y cuando los negocios son rentables, no hay espacio para la creatividad ni la transformación. El posporno ha muerto sin siquiera haber nacido.

Vuelvo al Caso Yeimis. En el comunicado, la actriz termina con estas palabras: «La sexualidad de personas con movilidad reducida me seguirá inquietando, así como lo ha hecho por muchos años. Grabaré cuando las personas y las circunstancias sean las indicadas». No lo creo. El porno de Amaranta Hank es ahora un porno triste y sin riesgos. Y sirve para lo que sirve el porno mainstream: para echarse un pajazo en una solitaria tarde de martes.

Tomado de la página Formas Circulares. Enlace original:
https://formascirculares.com/el-porno-triste-de-amaranta-hank/

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