Opinión

Trump muestra el garrote para no usarlo. Petro lo niega en público y lo teme en privado

La charla Trump-Petro que se vendió como triunfo y termina en control

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enero 11, 2026
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Donald Trump publicó su mensaje “conciliador” tras hablar con Gustavo Petro y de inmediato le fijó la cita para febrero. El orden no fue casual: primero el gesto, luego la espera. No fue diplomacia entre iguales, fue pedagogía de poder: uno marca el ritmo, el otro agradece y se acomoda.

Una lectura ingenua del mensaje de Trump: el elogio llegó y Petro quedó de rodillas

Muchos hablaron de distensión diplomática: Fue una lectura ingenua. Ese mensaje, breve, elogioso y medido, no fue un gesto de buena voluntad, sino una operación de control político. Trump no aplasta a Petro porque no lo necesita destruido. Prefiere algo más eficaz y menos costoso: administrarlo desde su vulnerabilidad. Trump no aplasta a Petro: lo administrará y decidirá por él

Y Petro hoy es vulnerable. No solo políticamente, sino estratégicamente. Su familia lo sabe, y le ha aconsejado para que se modere, especialmente su hija Antonella, quien ejerce mucho poder sobre los sentimientos de Petro.

Retórica sin poder: el error de cálculo de Petro

Antes de la llamada, Petro optó por la retórica maximalista: habló de guerra, de armas, de clandestinidad, de soberanía amenazada. Esperaba un ataque militar de Trump. Estaba con el agua al cuello y muchísimo miedo. Dijo conocer la guerra “aunque no haya sido militar” y se presentó como un actor dispuesto a resistir presiones externas. En paralelo, criticó con dureza a Estados Unidos por Venezuela, alineándose discursivamente con un régimen sostenido durante años por la ilusión de que Washington ya no intervenía directamente en la región.

Esa ilusión se rompió.

La caída del mito venezolano

La captura de Nicolás Maduro, y la eliminación de su guardia pretoriana cubana, más allá de cómo se quiera narrar políticamente, fue un golpe psicológico y estratégico de enorme magnitud. Demostró que Estados Unidos sí tiene capacidad operativa, inteligencia y está dispuesto a actuar cuando decide que el costo es asumible. Para Petro, el mensaje fue devastador: el régimen que defendía retóricamente resultó mucho más frágil de lo que parecía. Y si Maduro cayó, nadie en la región puede sentirse inmune y menos el bravucón de barrio Gustavo Petro.

El mensaje que no era conciliación

La llamada no fue una victoria; fue una válvula de escape. Trump no quedó impresionado por Petro, pero Petro si quedó impresionado por Trump, especialmente después de ver caer a Maduro. En la política entre desiguales, el elogio no premia: pone límites. “Buen tono” no es un trofeo; es la condición mínima para permanecer dentro del marco que fija Trump, quien manda.

Petro y sus incoherencias expuestas, sin “carreta”

“Trump quedó impresionado” vs. “Petro temía un ataque”
Si Trump estaba impresionado, no había razón para el temor. El miedo revela asimetría de poder, no admiración.

“Diálogo entre iguales” vs. “La llamada salió de la Casa de Nariño”
Quien llama pide oxígeno. La iniciativa fue de Gustavo Petro, no de Donald Trump.

Soberanía retórica vs. lobby con más de 30 congresistas
El discurso antiimperialista contrasta con una gestión intensa en Washington para abrir canales. Dependencia disfrazada de autonomía.

Elogio como triunfo vs. elogio como disciplina
El “buen tono” no es premio: es condición. Trump fija límites; Petro los acepta.

Negar debilidad vs. admitir miedo tras la caída de Maduro
Defender a Venezuela y luego moderarse tras su colapso evidencia rectificación forzada, no estrategia.

La jugada previa: meses de lobby y una llamada que no fue espontánea

Conviene desmontar otro mito: la llamada no fue casual ni inmediata. Durante muchos meses, el embajador Daniel García-Peña trabajó en Washington para lograr que Trump atendiera a Petro. Hubo reuniones con más de treinta senadores, gestiones discretas, insistencias repetidas. La puerta no se abría.

Al final, la gestión la destrabó un senador republicano de Kentucky, Ron Paul, quien logró interceder para que Trump aceptara la comunicación. La cita quedó cuadrada para las 5:00 p. m. del 7 de enero de 2026. Petro se acomodó a esa hora. No al revés. Cuando Trump estuvo listo, hizo pasar al teléfono a Petro. Petro suspendió su arenga palaciega, dejó el discurso interno y pasó al teléfono. Luego diría que “había llamado”. El detalle importa: Petro no controló la escena; quedó administrado.

La Lista Clinton como mordaza

Aquí está el punto técnico que completa la jugada. La llamada se produce con la sombra de la Lista Clinton, la SDN List administrada por la OFAC, sobre la mesa. No es una condena penal ni un indulto posible: es sanción administrativa y financiera. Y, crucialmente, no se borra por voluntad presidencial. Aunque Trump quisiera sacar directamente a Petro, no puede hacerlo: exige revisión técnica y acto administrativo del Tesoro, un trámite que suele tomar entre 3 y 7 años, y más en casos sensibles.

Administrar en vez de aplastar: de Ciro el Grande a Trump

Este método no es nuevo. Ciro el Grande, rey persa, lo entendió hace dos milenios: integrar al vencido en un orden que no controla. Trump opera con la misma lógica, adaptada al siglo XXI. Henry Kissinger habló de autolimitación inducida; John Mearsheimer de previsibilidad estratégica,

Hubo sometimiento estratégico. Donald Trump no llamó para tender la mano, sino para administrar a Gustavo Petro, dentro de un marco que no controla. En la política de poder, quien fija la hora, el tono y las condiciones manda. El otro, aunque conserve el micrófono, obedece.

La política internacional no funciona por buenas intenciones, sino por cálculo y límites creíbles.

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