El periodista que me mantiene vivo

Quiero eso. Hacer historias, historias de paz. Escribir, producir, salir con la cámara a recorrer las calles, frías, sin cemento algunas, con huecos y seres deambulando

Por: EDGAR AUGUSTO TORRES SOTELO
Febrero 09, 2019
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El periodista que me mantiene vivo
Foto: Pixabay

Caminar por las calles, ver sus gentes, no puede ser un lugar común, una historia igual allá o acá. Hay historias en las historias que pueden ser contadas de manera diferente. Lo importante es tener ese olfato para detectarlas. Me gusta la crónica y el relato y la entrevista y el corre corre: Estoy cansado de tantas primeras noticias con un párrafo de entrada limitado y un full track acomodado, casi que repitiendo sin compasión para el televidente.

Quisiera, en adelante, abrir cada noticiero con pequeños relatos. Contar esas verdades que incomodan y  dejar que sean los protagonistas, en charla exacta con café y tostadas, quienes me lleven a descifrar sus pasiones y sus aportes a esta sociedad tan convulsionada. Esto lleva tiempo y ese es nuestro principal enemigo cuando se es periodista, pero ya tengo el método que me lleva a una historia por lo menos diaria.

Me hice periodista en Inpahu pero me moldearon al antojo de Toño Morales y una especie de maridaje con Carlitos Chica, en el que sirvieron de pajecitos Germán Castro Caycedo, Margarita Mesa, Edgar Maldonado, Jairo Pulgarín, Daniel García Peña, Jorge Enrique Botero, Gloria Gómez, Óscar Galvis, el profe Nelson Ospina, y mil journalistes más.

Eso de buena escuela es primordial. Leer a los maestros y la prensa. Conocer cómo escriben, escuchar radio, ver los programas de opinión, conocer del manejo de las fuentes… ser exactos, equilibrados, rigurosos y madrugar o trasnochar hasta enfermarse de la gastritis. Leer debajo de las cobijas Noches de humo o la biografía de Oscar Wilde y releer Neruda, Baudilio Montoya o un cuento de Quiroga es algo que no se olvida fácilmente.

Mi escuela me dejó dos hijos y a lo largo de estos años fumé y tomé no solo tinto; además, canté hasta el amanecer las letras de Ismael, Lavoe, Blades, Colón, Celia, Cheo Feliciano, e incluso bailé muchas veces vallenato en algún campamento de esos de la clandestinidad, buscando noticias.

Llorar y celebrar los goles de la Selección Colombia, el cinco cero contra Argentina al lado de Hans Sarmiento, Antonio Moralitos, Mauricio Bolívar, Óscar Fernando Gómez, Tito Puccetti, Luis Fernando Martínez y toda la tropa AMPM también hizo parte de esa escuela.

Retirado de la vida social por gusto, mi mejor pasión son mis hijos, la lectura y mis notas, además lo que haga como asesor. No tengo plata, trato bien a la gente y creo que les caigo bien.

En mi vida de comunicador desde el año 93 certificado, estudiado, diplomado y con tarjeta profesional e internacional, recuerdo miles de pasos fugaces y eternos por las vidas de cientos de personajes. Algunos bien presentados, otros no; o no he preguntado lo debido. Corro mucho de aquí para allá. Las limitaciones de las actuales redacciones en cuanto a personal son extravagantes y muchas veces resultamos haciendo cientos de labores con un afán desmesurado.

En Colombia nuestros programas de opinión, noticieros y magazines merecen un mejor producto. Algunos medios nacionales o cadenas grandes con mayores recursos podrían hacerlo. Eso lo sabemos  todos los que a diario tecleamos los computadores o rasguñamos el papel tratando de hacer un lead, o linkeamos buscando una frase clave o esa imagen imborrable.

Actualmente, trabajo en un proyecto personal de historias y noticias. Salí de un trabajo. Renuncié porque su dueño está cuestionado y estaba asfixiado en un escritorio, ganando sueldo con prestaciones sociales y todas las garantías de ley, con una familia que mantener, pero no encontré tiempo para hacer lo que me gusta, teniendo todo el material a la mano.

En esta época de reencuentro con el periodista que me mantiene vivo, decidí hacer locuras escribiendo y produciendo. Salgo con mi cámara y recorro las calles, frías, sin cemento algunas, con huecos y seres deambulando sin rumbo. Quiero eso. Hacer historias. Historias de paz. Escoger, seleccionar la correcta. Es un día día con el periodista que soy y hacer un trabajo bello para contribuir con esta sociedad, es mi premio. No sé si moriré de hambre pero lo haré.

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