Se “abudinearon” la dicha

Mientras los colombianos celebraban la justicia poética de tener un verbo nuevo, la reforma tributaria fue aprobada sin mayor debate. ¿Cuál fue la jugada de ajedrez?

Por: Juan Sebastian Garcia Clavijo
septiembre 17, 2021
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Se “abudinearon” la dicha
Foto: Leonel Cordero

Es normal para un novato en el ajedrez que celebre la captura de una ficha adversaria, sin notar que su rey ha quedado expuesto y en jaque inminente. ¿Cuán efímera será su sensación de victoria? Pues aún no ha descubierto las dinámicas del juego.

Muy familiar ha de resultar esto para los colombianos, quienes absortos por una sensación de justicia (justicia poética), celebraban el visto bueno de la Real Academia Española (RAE) frente al uso de un nuevo verbo, “abudinear”, sinónimo de estafar o robar. ¿Cómo no hacerlo? Si existían 70.000 millones de razones para celebrar este acontecimiento. Esa era la misma cantidad de pesos colombianos que se evaporaron de las arcas públicas por culpa de la nefasta gestión de Karen Abudinen, exministra de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC).

Los medios de la información compartían el mensaje de descontento y de indignación por parte de la ministra y los miembros del partido de gobierno –al igual que simpatizantes de otros partidos– salían en su defensa y pedían se respetara su derecho al buen nombre. Por otra parte, influencers, youtubers y otros personajes públicos (opositores al gobierno Duque) celebraban el acontecimiento y utilizaban repetidamente el nuevo verbo en sus publicaciones. Así, “abudinear” se convirtió en tendencia, en # o en hashtag.

La dicha nublaba el tablero de juego y el rival ya estaba listo para la jugada definitiva. El alfil del rival ya estaba expuesto para distraer a los peones que ansiaban justicia, aunque fuese únicamente simbólica. Pero la reina avanzó rápidamente rumbo a un jaque seguro, fue veloz, tanto que solo la vieron cuando ya no había movimiento que contrarrestara su jugada. La reina (corrupción) y su jugada –denominada reforma tributaria– ganaron la partida. Mientras los colombianos celebraban ingenuamente la exposición de un alfil, ni siquiera se percataron que era su turno de mover las piezas.

Justamente, Karen Abudinen dejó su cargo, pero Duque ya la había nombrado como alcaldesa ad-hoc de Sincelejo un mes y medio antes de su renuncia. Esa jugada ya se ha visto antes.

Algunos ejemplos, el caballo Carrasquilla –quien renunció hace unos meses como ministro de Hacienda, pues no le aprobaron su reforma tributaria– fue nombrado por Duque como codirector del Banco de la República. Y antes, la torre Arango (quien arrasó con los derechos de los trabajadores cuando ejercía como ministra del Trabajo) se aseguró un buen cargo para su inexperta hija, Bibiana Taboada Arango, como codirectora del Banco de la República. ¿Y cómo olvidar al alfil Bieri?, quien tras el escándalo por la censura contra el programa Los puros criollos lo único que tuvo que afrontar fue un ascenso, ya que fue designado como asesor presidencial.

Esos actos son (sin duda alguna) los más coherentes del gobierno de Iván Duque, pues ningún “abudineador” se corta su propia mano.

Nota: Esta columna de opinión surgió como resultado de los diálogos entre los integrantes del grupo de estudio 'Teorías sociales clásicas y contemporáneas' en la Universidad Pedagógica Nacional, coordinado por John Alexander Castro Lozano.

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