Opinión

No me aguanto a Uribe, no soporto a Petro

Los de centro que no soportamos el ego de Petro, que estamos secos de escuchar el nombre de Uribe, suplicamos por un político que asuma una posición diferente

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Enero 10, 2019
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No me aguanto a Uribe, no soporto a Petro
Buena parte de los votos de Petro provinieron de quienes no querían ser partícipes del experimento al que sometió a Colombia Álvaro Uribe: exponernos a un buen muchacho sin experiencia. Foto: montaje Las2Orillas

Voté por Gustavo Petro en las pasadas elecciones. Voté ejerciendo mi deber de ciudadano: creí que era la opción menos peor para un país en donde la zanja entre pobres y ricos es cada vez más ancha. Voté y opiné en mis redes sociales a favor de la Colombia Humana. Los debates confirmaron lo que todos saben así lo nieguen: Gustavo Petro es un hombre brillante. Su valiente resistencia en el Congreso contra el uribismo en la década de la Seguridad Democrática, la vehemente denuncia a los desafueros de la fuerza pública, su llamado convincente a la equidad, su obsesión por otorgar una educación pública de calidad y gratuita, me parecían el antídoto perfecto contra el uribismo. Es que estoy convencido que el uribismo, entre los pobres, se combate a punta de una buena educación.

Sin embargo, su coqueteo con el chavismo, la deslealtad con sus amigos, su autismo selectivo, su ego desbordado y la ausencia total de autocrítica y carisma me han hecho creer que Gustavo Petro sería un pésimo presidente. No me lo imagino conciliando con la oposición. Si exaspera en una conversación a ese pan de Dios que es Antonio Navarro, ¿ustedes se imaginan tratando de acordar algo con los empresarios que mal manejan este país? Nos someterían a una desestabilización parecida a la que Fedecámaras condenó al régimen de Maduro.

 

Los más de ocho millones de votos que consiguió Gustavo Petro
sin maquinaria –el que diga lo contrario es un peligroso calumniador–
no fueron por él

 

Los más de ocho millones de votos que consiguió en segunda vuelta Gustavo Petro sin maquinaria –el que diga lo contrario es un peligroso calumniador– no fueron por él. Buena parte de ellos surgió de ciudadanos que no querían ser partícipes del experimento al que sometió a Colombia Álvaro Uribe: exponernos a un buen muchacho sin experiencia, a un joven que ha convertido cada una de sus visitas en un semillero de burlas y memes. Los ocho millones de votos que obtuvo un político de izquierda venían, en buena parte, de gente del centro que ya estás asqueada del odio que despierta el uribismo en redes, en la calle, en la casa de tu suegro, de tu mami, en los estadios, en los restaurantes, en las filas del supermercado, en las bombas de gasolina, en los soldados que se cansaron de la guerra, en los guerrilleros que entregaron su fusil con la esperanza de poder subsistir sin él, en los universitarios pobres que ya tienen ampollas en lo piel de tanto marchar, de tanto pedir, de tanto suplicar No más Uribe, No más Uribe, No más Uribe.

A Sergio Fajardo le quedó grande la misión. Cuando tuvo que arriesgar demostró que es un conservador que no queda mal con nadie. Los de centro que no soportamos el ego de Petro, que estamos secos de escuchar el nombre de Uribe, suplicamos por un político que asuma una posición diferente. Sabemos que Fajardo es más de lo mismo. Es apresurado, casi una estupidez, dar un candidato faltando más de tres años para las próximas elecciones. Con Duque y con el propio Uribe sabemos que los candidatos ganadores pueden empezar a mostrarse apenas unos meses antes de las elecciones. Ojalá surja una nueva voz, por qué no una mujer, por qué no una lesbiana, por qué no alguien que no sea Claudia López, por qué no alguien que no sea Navarro, ¿por qué no empezar a ver entre los líderes sociales que sobreviven al apocalipsis?, ¿por qué no darle esa responsabilidad a los verdaderos héroes de este país?

 

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