Marchas del 21A fueron la síntesis de lo que somos como país: los que quieren eternizar la horrible noche

Marchas del 21A fueron la síntesis de lo que somos como país: los que quieren eternizar la horrible noche

Las marchas del 21A desnudaron el desgreño psicológico de miles de ciudadanos: ataúdes, incitación al magnicidio de Petro, palabras procaces, ¿en qué estamos?

Por: César Augusto Patiño Trujillo
mayo 06, 2024
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Marchas del 21A fueron la síntesis de lo que somos como país: los que quieren eternizar la horrible noche

Las marchas del 21 de abril fueron la síntesis de lo que somos como país. Un verdadero carnaval del canibalismo. Los medios, la ciudadanía, los políticos abyectos están decididos a declarar sempiternamente la guerra, estamos decididos, como país, a seguir extendiendo en el tiempo, esta oscura y horrible noche

A veces, ni siquiera los medios están preparados para publicar leer y/o publicar opiniones, que, a su parecer pueden ser directas y descarnadas, por lo tanto, impublicables.

Las buenas maneras se deben mantener; sin embargo, cuando uno lee columnas tan peligrosas e incendiarias de columnistas pagados por los medios, queda en el ambiente la duda de sí, la censura se aplica al ciudadano del común por ser precisamente eso y nada más, mientras, que, las figuras nacionales, muchas de ellas promotoras de la guerra, se les permite, con cierta complacencia, sentar cátedra de violencia con una tranquilidad que a todas luces es pasmosa.

Ha sido un tiempo de reflexión para leer y opinar de dientes para adentro; es la única manera en que no se censura, he ahí la necesidad de la autocensura; sin embargo, ante la magnitud de lo que está ocurriendo en el país, cuando una élite soberbia y una rancia oligarquía se enseñorean con sus medios de comunicación contra este gobierno.

Me pregunto por qué esos medios guardan silencio ante muchas manifestaciones de cruda violencia contra el gobierno, por qué permiten que voces altisonantes de líderes de opinión se derramen en prosas de muerte y violencia.

Dirán los medios tradicionales e inclusive, alternativos, que es la libertad de opinión y de prensa, sin embargo, pareciera ser que dicha libertad supera el derecho a la vida y a la paz de la nación, les han dado rienda suelta a los enemigos de la paz y se prestan, no sé, si voluntariamente, o con cierto dejo de inocencia, para que, la oposición fementida que hay en Colombia, se ensalce a sí misma y se atreva a mostrar los dientes, al punto de promover un golpe de Estado contra el presidente Gustavo Petro; lo peor, es el descaro de negar sus intenciones, cuando todo, hoy en día, queda grabado y en cualquier momento se puede acceder a las desafortunadas campañas golpistas y promagnicidas, atenuadas en ocasiones de un falso juicio político.

La defensa de la paz no es una teoría novedosa propuesta por el presidente, es un mandato de la Constitución, e inclusive, si nos vamos a los inicios del s. XX, por allá en un lejano 1913, el presidente Carlos E. Restrepo la defendía y promovía, ya, que, él participó en la genocida guerra de los 1000 días, así, que, siendo protagonista de primera mano conocía las consecuencias funestas de una guerra bipartidista, por esa razón, escribía que: “el único medio posible, pero lento, es la conservación de la paz, que permite el desarrollo de la instrucción pública, la educación de las masas y que da campo a tremendos exámenes de conciencia, en que, merced a la calma, los espíritus extraviados por la pasión de partido, se espantan y retroceden ante sus propias iniquidades.”

Por supuesto que, lejos de materializar ese anhelo, muchos columnistas y políticos de oposición se llevan por delante las bondades de ese bien superior que ayuda a mantener la vida y la tranquilidad de los pueblos: la paz. Baste con leer o escuchar a Mario Fernanda Cabal, a Carlos Alonso Lucio, Jorge Enrique Pava Quiceno, Alberto Zuluaga Trujillo, o a hombres de las más abstrusas oligarquías como Andrés Pastrana Arango,  Felipe Zuleta Lleras, Germán Vargas Lleras, Enrique Gómez, Diego Santos o incluso a individuos de bajísima capacidad intelectual como el señor Polo Polo, Jota Pe Hernández o Francisco Santos, para quedar atrapados en un mar de nervios, en una constante zozobra, pensando que mañana o pasado, se incendie el país y logren, como “gente bien”, tal cual, se denominan, “salvar” a la patria.

Realmente, las señoras Vicky Dávila y Andrea Nieto se terminan quedando corticas ante esa violentísima pléyade de opositores antipetristas, una secta, de quien, ni siquiera el mismo Satán estaría seguro. No se salvan de esta pléyade ni Néstor Morales, ni los Vélez, padre e hijo, y tampoco, duele aceptarlo, los desconocidos Jorge Enrique Robledo y Aurelio Suárez Montoya, totalmente desdibujados en sus posturas cada vez más sectarias y retardatarias. ¡Nada le rescatan a este gobierno, pero, nada es nada, y más bien, se ayuda a atizar el fuego deslegitimador e irracional!, eso genera aplausos preelectorales.

La agenda anterior de desprestigio y erosión planificada por muchos de estos opositores ha sacado a las calles, el pasado 21 de abril, lo peor de muchos ciudadanos engañados (no todos, porque miles tienen un alma extremoderechistas que aterra), un odio irracional como el que más, videos y fotografías lo evidencian, aunque los medios recalcan lo pacífico de las marchas y ocultan cientos de manifestaciones de odio extremo contra el gobierno, manifestaciones que pasan el umbral de la legalidad, por cierto. La manipulación no duerme

Las masivas manifestaciones del pasado domingo 21 desnudaron la porquería y el desgreño psicológico que gobierna la cabeza de varios cientos de miles  que se manifestaban contra el gobierno; ataúdes, incitación al magnicidio del presidente, argumentos con base en palabras procaces, movimientos casi convulsionantes de algunos ciudadanos,  eran la manifestación de la fealdad política; es tan, pero tan desesperante la rabia y el odio que los gobierna, que, incluso en sus movimientos se contonean los más siniestros e irracionales desvaríos, la sed de sangre y el amor por la confrontación violenta, una sin argumentos, una, que quería sacar vivo o muerto al presidente de la república, imponiendo su manifestación ante once millones y medio de votantes en 2022;  inclusive leí comentarios como que era necesario “eliminar a toda la ralea petrista”; no erraba el expresidente Restrepo, ya citado en este escrito, cuando proclamaba que, "esas modalidades se hicieron partidos políticos, y no comoquiera, sino que, cultivadas por agentes sin educación y levantisca; inculcadas como instinto y como pasión a masas ignorantes; y fomentadas por oligarquías ávidas de oro y de mando, se convirtieron en intransigencias y en odios.”

La oposición toda, no solo el uribismo, hace gala de sus mentiras, saca pecho por poner 250 mil almas en las calles de la república a punta de argumentos confusos y llenos de mendacidades. ¡Son tan malos en matemáticas que sacan pecho por 250 000 manifestantes y deslegitiman a 11 500 000 electores!

Es una clásica treta, “sacarlos emputados” a protestar, a amenazar, a intimidar, a pisotear, en palabras más sencillas, a promover el delito; solo unos cuántos desprevenidos se logran dar cuenta de la real dimensión de las acciones y actitudes de los manifestantes opositores y, a pesar de que algunas traspasan los límites de la legalidad,  los medios se empecinan en normalizarlo, nadie se percata del peligro, existe una falsa lealtad entre los medios, no existe uno de ellos que confronte las mentiras de sus colegas, simplemente, o apoyan fervientemente o voltean la mirada mientras silban alguna melodía inoportuna.

Las marchas del 21 de abril fueron la síntesis de lo que somos como país. Un verdadero carnaval del canibalismo. Los medios, la ciudadanía, los políticos abyectos están decididos a declarar sempiternamente la guerra, estamos decididos, como país, a seguir extendiendo en el tiempo, esta oscura y horrible noche, estamos decididos a seguir sacrificando ante el altar de las deidades de la guerra y la muerte a nuestros rivales políticos, somos un escándalo ante la humanidad.

Que nada ocurra en Colombia, a pesar, de que, Felipe Zuleta invite a un golpe de Estado contra Petro, tal cual, calcado al de 1957 contra Rojas Pinilla, no es para los medios una noticia importante. Es un Lleras, y con ello es más que suficiente; que un Germán Vargas, pescando en río revuelto, solicite paralizar al país para despachar pronto al gobierno Petro, es cosa menor, al fin y al cabo, es el delfín frustrado que no ha podido sentarse en el Solio de Bolívar y se le debe permitir saltar encima de la mesa de la democracia, recordando al pequeño malcriado de pantalón corto que se paraba en las mesas ante la mirada cómplice de su abuelo el presidente Lleras. Que, en un medio nacional la señora Cabal sostenga el discurso de una posible salida anticipada  de Petro del poder con el favor del pueblo, tendría que llevar a las autoridades, como mínimo, a abrir una investigación en su contra, que un Enrique Gómez, imbuido por el espíritu de su abuelo Laureano haya sido uno de los primeros conspiradores, no es de extrañar, pues, “de tal palo tal astilla”; y de Andrés Pastrana, ni gastemos tiempo, es la marca certificada de la incompetencia e ineptitud política en Colombia.  Toda esta élite es la que lidera sin compasión el golpe blando, muy cercano, digo yo, al golpe duro, ansiado por todos esos mequetrefes que han mal gobernado por décadas estas tierras macondianas.

Mentir, golpear y matar es la tesis política de la actual oposición, a ellos no les importa la nación; ellos se han apoderado del Estado, lo han secuestrado para sí; ellos, lo digo desde sus egotistas perspectivas, son el Estado, remedos de Luis XIV mezclados con azucenos y déspotas recuerdos de criollos decimonónicos. La fuerza del Estado es la fuerza que usan ellos y los cuida a ellos; cuando llega un hombre casi calco del Olimpo Radical y émulo de Murilo Toro, los regeneradores del s. XXI salen como esos falsos prestidigitadores a lanzar profecías apocalípticas. Son Sanjuanes gritando futuras desgracias desde su pequeño reducto, su pequeño Patmos.

Habrá que esperar. Estar con el ojo abierto. Y solo pedir al Supremo, o sea, al Pueblo Soberano, que legitime el sistema democrático defendiendo el cuatrienio de Gustavo Petro, respetando las reglas del juego, entendiendo que, ellas se respetan, sea quien sea el gobernante de turno y su tendencia ideológica. Así, solo así, podremos iniciar una era de paz, de lo contrario, viviremos en un eterno Armagedón colombiano, pero, un Armagedón donde ni Dios ni el diablo saldrán vencidos, pues, la sangre la seguirán aportando por millones de litros, como siempre, los hijos de “Nadie”.

Hasta la próxima.

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