Opinión

Es la empatía, estúpido

Escuchar a los jóvenes, dialogar, es lo que se necesita como base para cambiar las cosas, y eso no se logra si no somos capaces de ponernos en los zapatos del otro

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mayo 17, 2021
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Es la empatía, estúpido
La inmensa mayoría de los jóvenes considera que el saldo del paro será positivo. Foto: Leonel Corrdero/Las2Orillas

El primer paso para superar el paro consiste en escuchar y dialogar, en identificarse con la situación de millones de jóvenes, comprender su situación emocional, base para cualquier acuerdo con ellos.  Para ello se requiere de una habilidad escasa: la empatía.

El país está bloqueado, ciertamente: enormes bloqueos de oportunidades para millones de jóvenes, los más afectados por el desempleo y la precariedad laboral, la pobreza de los hogares, las grandes dificultades para acceder a la educación superior de calidad. No es posible que en este país, al que le sobra el talento, los jóvenes se sientan en un callejón sin salida. Inequidades que la pandemia ha hecho más agudas.

Manifestaciones como las de Bogotá antier en Los Héroes y las de muchas ciudades y municipios más pequeños a lo largo de 18 días nos han mostrado, con creces, que los actores de primera línea son los jóvenes y que su mensaje va de la mano de la protesta pacífica.

Dos encuestas en la última semana se han referido a los sentimientos de los jóvenes y al nivel de confianza que les inspiran distintas instituciones. La del Centro Nacional de Consultoría comienza con la pregunta  de “¿cuál es el sentimiento que predomina en usted frente al país?”, que arroja resultados que deberían conmover. Que la incertidumbre, la frustración, el miedo y la rabia, muy por encima de la esperanza, sean los estados emocionales predominantes en la actualidad, debería ser suficiente para que gobernantes, legisladores, la fuerza pública, políticos, empresarios, medios de comunicación comprendieran que hay que escucharlos.

Hay total simetría entre sus sentimientos y la imagen que los jóvenes tienen del gobierno nacional (83% negativa), las cortes, la policía, la fiscalía, la procuraduría, los bancos, es decir, una inmensa desconfianza hacia las instituciones de la democracia y de la economía.

Aún así, la inmensa mayoría considera que el saldo del paro será positivo.  El mensaje para le gobierno es claro: las dos primeras claves que manifiestan ellos para dejar de protestar son las de “dialogar con los jóvenes, el comité de paro, la oposición, los indígenas”, y “escuchar las demandas y propuestas de los diferentes frentes del paro y llegar a un acuerdo” ((Cifras y Conceptos, U. Del Rosario, El Tiempo).

Dialogar. Escuchar. Como base para cambiar las cosas.

Se habla hoy de las habilidades blandas y entre ellas, de la empatía, que es la capacidad que tienen las personas para ponerse en la situación emocional del otro, de saber escuchar, de comprender sus problemas y sus emociones.  No se puede dialogar ni escuchar sin empatía.

La cadena de errores derivados de la ausencia de empatía en los que ha incurrido el gobierno y líderes del CD, con el eco de algunos medios de comunicación, solo han contribuido a agravar el problema.

Es atroz poner en el mismo saco el vandalismo, el terrorismo y las protestas, muestra inequívoca de la falta de disposición a escuchar.

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Es atroz poner en el mismo saco el vandalismo, el terrorismo y las protestas, muestra inequívoca de la falta de disposición a escuchar

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La cadena de errores derivados de la ausencia de empatía en los que ha incurrido el gobierno y líderes del CD, con el eco de algunos medios de comunicación, solo han contribuido a agravar el problema. Entre ellos, la narrativa (que en Chile se intentó imponer), de vender el relato de las protestas como resultado del complot del comunismo, el terrorismo y fuerzas oscuras, es inútil, como lo es la adopción de teorías como la de la revolución molecular disipada. Sólo contribuyen a aumentar la desconfianza de los jóvenes. Es atroz poner en el mismo saco el vandalismo, el terrorismo y las protestas, muestra inequívoca de la falta de disposición a escuchar.

El error más grave de todos, en una época en la que cualquier ciudadano con un celular es un reportero que puede documentar en tiempo real los acontecimientos de la calle y los excesos de la fuerza pública, es la ausencia de una posición clara de parte del gobierno nacional de rechazo tajante a la brutalidad de parte de algunos miembros de la Policía (no es sólo el Esmad), por una parte, y de solidaridad con las familias de más de 40 personas asesinadas y de centenares de las que se desconoce su paradero, por otra. Solidaridad que, por supuesto, deben tener de parte de toda la sociedad, las familias de los miembros de la fuerza pública que han sido víctimas de actos violentos.

No es sólo el gobierno el llamado a desplegar empatía. Algunos empresarios como el exalcalde Armitage han puesto el dedo en la llaga refiriéndose al egoísmo y la indiferencia que frente a los jóvenes tienen buena parte de los dueños del capital. Distribuir, ofrecer oportunidades a los jóvenes, están en la mano, también, de los empresarios. Los hay que tienen la película clara  de contribuir a ofrecer futuros promisorios a los jóvenes por la vía de la educación y el mercado laboral en Cali, Medellín, Barranquilla, Bogotá, que pueden jugar un papel de primera línea a nivel local, regional y nacional en estos tiempos que requieren de acercamientos con ellos.

Ayer, con el triunfo de Egan Bernal en la etapa novena del Giro, hubo un inusitado despliegue de empatía en las redes sociales: personas que cotidianamente buscan destrozar moralmente a quienes consideran sus enemigos, de la derecha y la izquierda, depusieron la agresividad y dirigieron mensajes con la emoción de quienes reconocen el esfuerzo y se sienten orgulllosos de lo que son capaces jóvenes como Egan. Esa empatía es la que se requiere en estos momentos para escuchar a los jóvenes, dialogar con ellos y llegar a acuerdos.

 

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