
Mark Rothko nació en la rusia zarista en 1903. Su nombre fue Marcus Rotkowitiz nombre que cambió en 1940. Su familia judía emigró a los Estados Unidos en 1913 y se establecieron en Portland, Oregon. Tuvo una juventud difícil porque se padre murió en 1910 y tuvieron que vivir todas las adversidades de unos inmigrantes sin mucho apoyo. El vendió periódicos y ayudó a su madre y hermanas a sobrevivir en medio de la precariedad.
Rohtko es el artista más importante dentro del expresionismo abstracto. Un hombre que desde su niñez recordaba cómo los Cosacos de llevaban a los judíos a cavar sus propias tumbas. Dicen algunos académicos que, tal vez fue una referencia constante en sus pinturas con rectángulos y el interés por obras de gran tamaño donde el formato tenía de altura el tamaño de un hombre.

Sobre ese episodio el artista anotaba: Los Cosacos se llevaron a los judíos del pueblo hacia los bosques y les hicieron cavar una fosa común [...] Imaginé esa tumba cuadrada tan claramente que no estaba seguro si realmente la masacre ocurrió durante mi existencia. Siempre estuve atormentado por la imagen de esa tumba y que de alguna manera profunda estaba encerrada en mi obra pictórica. Nadie sabe si lo vivió pero, lo tuvo en mente como referente toda su vida. Y, como si fuera poco buscaba en su pintura crear emociones.
Y es verdad, cada cuarto en cualquier museo norteamericano, Rothko se encuentra solo, solemne rodeado de sí mismo. Porque buscan crear esas emociones: de miedo, de soledad, de angustia…Por eso tuvo largas series donde los colores oscuros eran sus mundos preferidos.
Era un gran aficionado a la música y Mozart, lo acompañaba casi siempre. Pensaba que debía haber un equivalente entre la música y la pintura. Por eso sus propósitos eran ambiguos, sus pinturas eran elusivas porque no quiso nunca que hubiera un claro propósito de su mundo. Prefería significados que no fueran obvios. No hubo jamás un titulo para que la conexión entre la pintura y el observador tuviera una conexión más directa. Que la ambigüedad trascendiera sus superficies flotantes en emociones. Donde la luminosidad y los contrastes de color acudieran a algo más profundo del ser humano. Buscada, en su complejidad de colores, unas composiciones simples, en unas superficies flotantes sin ninguna línea de demarcara el principio ni en fin. Y no se trataba de encontrar metáforas sino trascender al mundo de la soledad.

En 1970, después de lograr un cuadro de negro sobre negro.
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