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Opinión

¿Será que Uribe entendió el mensaje?

Si Uribe y su séquito siguen en las mismas después de la visita papal, se habrá perdido la oportunidad de bajar las barreras que le ponen al posconflito y la paz

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Septiembre 12, 2017
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¿Será que Uribe entendió el mensaje?
Álvaro Uribe en compañía de miembros del Centro Democrático dan la bienvenida con pancartas al papa Francisco, en la calle 26 de Bogotá

Mucha gente necesitaba en Colombia un mensaje de reconciliación, de dejar atrás los odios, de hacer del fin del conflicto una verdadera oportunidad. Sin exagerar, casi la mitad de nuestro país ha estado debatiéndose en cómo ignorar las posibilidades que se presentan en el futuro y seguir empeñados en las cosas que no han salido tan bien o que han salido definitivamente mal, en el proceso de negociación entre el gobierno y las Farc. Con estos sectores no se había encontrado la fórmula para que comprendieran algo tan obvio como que una cosa es un país con un conflicto armado y otro sin ese peso tan grande. Nadie ni nada había logrado frenarles ese pesimismo tan destructivo. Pero vino el papa Francisco a Colombia y llenó plazas, parques y calles en distintos lugares del país. La gente se volcó a verlo y ciudad a donde llegaba se paralizaba porque se generaba una especie de pausa a esta permanente confrontación que tiene agotada a esta sociedad.

Su mensaje fue reiterativo y claro: reconciliación, no más venganza y construir un futuro sobre el dolor inmenso que esta guerra causó a muchos colombianos. Habló con las víctimas, las abrazó, les dio claras muestras de comprensión. Actuó como lo que es; un ser humano y un jefe de la Iglesia católica del siglo XXI, solidario y muy vital en medio de su profunda sencillez.

La pregunta que cabe es si el expresidente Uribe y su bancada entendieron el mensaje. Fue sin duda un error, de esos cada vez más frecuentes de este expresidente, haberle enviado esa carta al papa Francisco dejando el proceso de paz por el suelo. Y el papa, así no lo quieran ver los uribistas, le dio la dosis que necesitaba. El tema ahora es si él y sus iracundos seguidores, lo entendieron o no. Católicos, no católicos y ateos escucharon su amable prédica que entre otras fue muy distinta a la que con frecuencia les escuchamos a algunos jerarcas de la Iglesia. Nada condenatorias fueron sus palabras para quienes disienten de sus ideas, de su prédica.

 

Fue sin duda un error,
de esos cada vez más frecuentes del expresidente,
haberle enviado esa carta a Francisco dejando el proceso de paz por el suelo

 

Colombia necesitaba a gritos esta pausa llena de afecto y de mensajes de paz y sobre todo la requería esa élite rabiosa que nos vive amenazando con que la próxima Venezuela será Colombia. Ese sector recibió una buena dosis de mensajes que nos obligan a pensar seriamente que estamos frente a la posibilidad de un país menos radicalizado, y sobre todo con una necesaria oposición más racional, menos emotiva y más clara en sus ideas.

Lo mejor de esta visita papal se verá cuando terminen estos días y volvamos a la cruda realidad que vivimos. La esperanza es que el uribismo, que además es tan conservador y religioso, cambie y nos deje al resto pensar que nos debemos, a nosotros mismos y a nuestros descendientes, un país en paz. Ese será el momento de la verdad y ojalá todos aquellos que le han hecho eco al odio, reflexionen, se sientan tocados por las palabras del papa, y dejen de ser la gran barrera para que Colombia realmente pueda entrar a una difícil pero fundamental etapa de su historia actual: el posconflicto.

Si después de estos días donde los mensajes recibidos han sido otros, Uribe y su séquito siguen en las mismas, Colombia habrá perdido la oportunidad de sellar para siempre las brechas que han impedido construir un país solidario, moderno, competitivo y sobre todo, lleno de oportunidades para todos. Ojalá esto no suceda. Porque queda la posibilidad de que Uribe no escuchara y menos aún, sintiera el mensaje del papa Francisco.

 

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