¿Por qué Jaime Gilinski no le teme a un Gustavo Petro presidente?

Hace 20 años, como representante a la Cámara defendió a accionistas minoritarios y a los Gilinski en su disputa por Bancolombia con el Sindicato Antioqueño, hoy GEA

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enero 23, 2022
¿Por qué Jaime Gilinski no le teme a un Gustavo Petro presidente?
Foto: Gustavo Petro en 2001 durante una sesión del Congreso. El Espectador.

En mayo de 2001, la pelea entre el Sindicato Antioqueño —hoy GEA— y los Gilinski por el Bancolombia aterrizó en el Congreso. El enfrentamiento entre los dos poderosos grupos económicos, que comenzó en 1997 cuando el sindicato le compró el 51% de las acciones del Banco de Colombia a Jaime Gilinski por US $415 millones para después fusionarlo con el Banco Industrial Colombiano (BIC), había llegado a los estrados judiciales. El desplome de la acción, el desequilibrio operativo y el no reparto de utilidades le produjo a los Gilinski, que habían conservado un importante paquete de acciones, un descontento tal que derivó en señalamientos de autopréstamos y usos indebidos de los dineros de los ahorradores y clientes para adquirir el banco.

El 25 de agosto de 1997 se cerró el negocio entre el Sindicato Antioqueño, liderado por Nicanor Restrepo, y Jaime Gilinski con un contrato de compraventa. A través del Banco Industrial Colombiano, que integraba el grupo empresarial, adquirieron el Banco de Colombia, que había sido privatizado tres años antes y comprado por Gilinski, quien lo sacó de un hoyo negro financiero y lo convirtió en una sólida entidad bancaria. La transacción era sencilla: el sindicato haría un primer pago por US $265 millones y posteriormente otros US $150 millones a través de capitalizaciones. Para ello, el sindicato tramitó un empréstito con la tradicional financiera norteamericana J. P. Morgan. Sin embargo, los problemas comenzaron cuando la capitalización del Banco de Colombia no alcanzó la cifra esperada y solo lograron recaudar US $90 millones.

Aquello que parecía ser uno de los negocios de la década se convirtió en un complicado litigio económico y judicial, que trascendió las fronteras nacionales.

En medio de la disputa estaban 8.000 accionistas minoritarios, entre antiguos empleados del Banco de Colombia y ahorradores que pasaron a ser clientes del nuevo banco. Entre ellos también estaba Jaime Gilinski, que al final de la operación se reservó el 20% de las acciones, siendo el minoritario con mayor poder, aunque sin un puesto en la junta directiva.

Recién empezaba el gobierno de Andrés Pastrana con el que la gran cabeza del Sindicato Antioqueño, Nicanor Restrepo, tenía gran afinidad y juego, cuando los minoritarios en cabeza del abogado Maximiliano Echeverri Marulanda y Gilinski se propusieron escalar la disputa a un escenario público: el Congreso de la República. No era fácil conseguir quien casara la pelea contra el poderoso grupo antioqueño, que a través de sus empresas aportaba importantes recursos a las campañas de los congresistas que además representaban más del 20% de la pauta publicitaria de los más influyentes medios de comunicación del país y que además contaba con el respaldo nacional. Un congresista se le midió: Gustavo Petro.

Con 38 años, Petro era por segunda vez Representante a la Cámara cuando fue elegido en 1998 en la lista de Antonio Navarro Wolff con una importante votación. Durante tres semanas estudió documentos que abogados del antiguo banco le hicieron llegar a su despacho. Se reunió con decenas de personas hasta que armó un debate sólido en contra del sindicato. Las cartas estaban jugadas y los Gilinski veían una nueva punta de lanza para poner la balanza a su favor en una pelea que estaban perdiendo en todos los frentes. El joven abogado Álex Vernot, quien era coordinador de la defensa jurídica de los Gilinski, se convirtió en el enlace de los banqueros con el representante Gustavo Petro.

Gustavo Petro se le midió a hacerles un debate al Sindicato Antioqueño, que tenían gran credibilidad y respaldo a nivel nacional. Foto: El Espectador

El debate en el Congreso se promocionó con bombos y platillos en los principales medios del país. En diarios como El Espectador y El Tiempo apareció el siguiente aviso: “Si en 1997 usted era accionista del Banco de Colombia, no se pierda el debate sobre el Bancolombia, miércoles 9, 2 p.m., Señal Colombia”, y a renglón seguido rezaba, “Buscamos indemnización para los accionistas minoritarios”. Entre ellos, Jaime Gilinski.

La Comisión Tercera de la Cámara de Representantes citó al debate al presidente del Bancolombia, Jorge Londoño, a la superintendente bancaria, Patricia Correa Bonilla, y a algunos exempleados del banco. Expectantes estaban los Gilinski y sus abogados encabezados por Néstor Humberto Martínez frente a la intervención de Gustavo Petro que estrenaba esta figura de control político a particulares introducida en la Constitución del 91.

El debate, televisado por Señal Colombia, duró casi seis horas. El representante Petro, sabiendo que la cámara apuntaba hacia él, hizo una exposición didáctica frente a un tema complicado. Los datos comenzaron a aparecer.

“Por qué es tan importante que no exista un solo peso del dinero de los ahorradores colombianos? Porque en nuestra legislación esto es un delito penal, porque significa que uno señores a los que se les ha depositado la confianza de manejar billones de pesos de los colombianos usarían esos dineros para comprar sus empresas y por tanto lo que harían es enriquecerse con el dinero que no es de ellos”.

Según Gustavo Petro, el Banco de Colombia, ya bajo la operación del Sindicato Antioqueño, comenzó a hacerse autopréstamos para pagar la compra de la entidad, pues la capitalización con la que buscaban US $150 millones no se logró. Apenas se recaudaron US $90 millones, es decir, los otros US $60 millones se obtuvieron con movimientos del mismo banco dándose dinero. Néstor Humberto Martínez, como abogado de los Gilinski, ya había dicho antes que la compra del Banco de Colombia se había hecho con la cédula, señalando que el banco tomó el dinero de los ahorradores para pagar la deuda. Petro repitió esta tesis al pie de la letra durante el debate: “Asistimos a una clarísima compra de un banco con la sola cédula”.

Néstor Humberto Martínez ha sido uno de los abogados financieros más reconocidos del país. Además de trabajar con Jaime Gilinski, es abogado de cabecera de Luis Carlos Sarmiento Angulo y el Grupo Aval. Foto: Archivo El Heraldo.

Pasadas un par de horas de debate, Gustavo Petro entró a la defensa de los accionistas minoritarios, a quienes Bancolombia, según él, les había cargado la deuda de US $265 millones sin notificarlos. Esto se dio porque el pasivo del BIC cuando asumió la deuda pasó a ser pasivo de Bancolombia cuando el BIC se fusionó. Esta deuda, sumada al precio de las acciones capitalizadas que se vendieron a precios más altos a los minoritarios, significó una pérdida de $256.000 millones de pesos para los 8.000 pequeños accionistas: exempleados, amas de casa, y los Gilinski. En palabras de Petro: “¡A estos accionistas los desplumaron!

Tras la exposición de Petro, la superintendente bancaria, Patricia Correa Bonilla, tomó la palabra, quien le dio la razón al congresista al asegurar que efectivamente el crédito que había tomado el Sindicato con J. P. Morgan se lo había trasladado a los accionistas de Bancolombia. Sin embargo, Correa Bonilla negó que, hasta el momento, se hubiesen hecho autopréstamos.

En la misma línea respondió Jorge Londoño como Presidente de Bancolombia. Según Londoño, los US $60 millones que no se consiguieron en la capitalización del BIC se obtuvieron de un préstamo del mismo banco que tenía una filial en Panamá. Londoño centró su defensa en la fortaleza del Sindicato y el prestigio que tenían las empresas antioqueñas, que habían impulsado la economía colombiana. Además, recalcó que con la creación de Bancolombia el país había ganado una entidad financiera nacional que sería orgullo de los ciudadanos. Y de paso lanzó sus dardos contra los Gilinski, señalando que, a diferencia de ellos, el dinero de la transacción era una inyección a la economía nacional, mientras que la familia de origen árabe se había llevado el dinero al extranjero.

Jorge Londoño, como presidente de Bancolombia, salió en defensa del sindicato y de sus actuaciones durante el negocio con los Gilinski. El respaldo que recibió en el Congreso durante el debate fue absoluto.

A la defensa del Sindicato Antioqueño también salieron varios congresistas paisas. Óscar Darío Pérez, hoy representante del Centro Democrático, tomó la palabra para reafirmar lo expuesto por  Jorge Londoño. Pérez hizo énfasis en la antioqueñidad y el empuje del empresariado paisa. Enumeró las fortalezas de Bancolombia, las excelentes cifras de la entidad financiera y la cobertura por todo el país. Otro de los representantes que tomó la palabra fue el también antioqueño Rubén Darío Quintero, quien calificó a los abogados de la familia Gilinski de “lagartos”. Los representantes Dilia Estrada de Gómez, Franklin Donado y Rafael Amador, se unieron a las voces de sus colegas. Este último incluso dio un duro golpe a Gustavo Petro, insinuando que el representante de la bancada independiente estaba actuando como colaborador, “martillo o yunque” de alguna de las partes involucradas en la pelea por Bancolombia.

“Nos abstenemos de emitir ningún juicio de valoración por tratarse de un conflicto entre particulares que ya se está dirimiendo en los organismos jurídicos y de control competentes”, fue la proposición que firmaron 13 representantes. Gustavo Petro se dio a conocer como parlamentario aguerrido con ese debate que dejó en el aire interrogantes sobre una transacción que después de cerrada le costó a los dos grupos económicos millones en abogados y al final el Banco de Colombia debió reconocerle a los Gilinski cerca de US$ 15 millones para darle fin a un pelito jurídico de cinco años que dejó heridas abiertas.

Para muchos lo que se está dando con la toma hostil del Grupo Gilinski al GEA tiene sabor de revancha y finalmente detrás de todo está la ambición de hacerse nuevamente con Bancolombia. Pero algo más de aquel debate quedó una relación de Jaime Gilinski con Gustavo Petro con quien mantuvo desde entonces distintas formas de comunicación. Una relación que quizás le da la confianza que necesita para no tener temores a la hora de liderar la billonaria inversión de recursos provenientes del extrajero en un momento de incertidumbre política y un eventual triunfo electoral de Gustavo Petro. En su eventual llegada al Palacio de Nariño, Jaime Gilinski es uno de los pocos grandes empresarios que tendría línea directa y entrada sin barreras a la Casa de Nariño. Es sin duda uno de los pocos que no le temen a un Petro Presidente de Colombia.

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