Pandemia global o una nueva forma de eugenesia

Una mirada a propósito del virus que el mundo enfrenta por estos días

Por: Leguis Antonio Gomez Castano
marzo 30, 2020
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Pandemia global o una nueva forma de eugenesia
Foto: Pixabay

En 1883, tiempo después de la publicación de El origen de las especies, Francis Galton, primo de Charles Darwin, quien fuera naturalista y amante apasionado de los viajes, publicó varios estudios que dieron origen a lo que hoy conocemos como eugenesia. En ellos, Galton expresaba entre otras cuestiones, que si los seres humanos habíamos perfeccionado distintas razas de animales, también se podía perfeccionar al ser humano mismo para dar paso a una especie mejor desde su nacimiento.

Las ideas de Galton sirvieron para que se presentaran casos como el del médico oncólogo norteamericano Cornelius P. Rhodes, quien en 1931 aseguró en una carta dirigida a Simon Flexner, director científico del Instituto Rockefeller lo siguiente: "Los puertorriqueños son sin duda la raza de hombres más sucia, perezosa, degenerada y ladrona que jamás ha habitado este planeta. Enferma habitar la misma isla que ellos. Son incluso más bajos que los italianos. Lo que la isla necesita no es trabajo de salud pública, sino una ola gigante o algo para exterminar por completo a la población. Entonces sería habitable. He hecho lo máximo que he podido para impulsar el esfuerzo de exterminio matando a ocho de ellos y trasplantando células cancerosas a varios más”.

A pesar de que la carta de Rhodes fue conocida en Puerto Rico y en gran parte de los Estados Unidos, todavía en 1979, su nombre fue usado para nombrar el premio nacional de la American Association on Cancer Research (AACA), y no fue sino hasta el 2002 cuando se revivió el episodio y su nombre fue removido del premio.

Si bien la forma como cada país hizo experimentos de mejoramiento de la especie durante gran parte del siglo pasado, es sujeto de investigaciones en el campo histórico y sociológico actual, lo cual pudiera parecer como una etapa más del proceso de maduración humana como especie, las circunstancias coyunturales relativas a la pandemia del coronavirus, y otras previas como el ébola, entre otras enfermedades más, permiten pensar que estamos muy lejos de haber superado tales etapa de selección.

Aunque la explosión de casos con el virus en territorio chino hizo suponer a muchos que la proliferación hacia otras latitudes era una cosa lejana, separada precisamente por la enorme distancia geográfica, en poco menos de dos meses, el mundo se ha tenido que encontrar con una realidad que lo tiene ad portas de un colapso de efectos económicos sin precedentes en la historia reciente. Ello supondría, lógicamente, consecuencias a nivel humano mucho más profundas que las que se han presentado en épocas tan cercanas como la crisis del 2008.

Algunas experiencias en torno a la forma como se ha manejado la crisis sanitaria podrían explicar el porqué de esta proliferación sin precedentes. Lo primero que hay que tener en cuenta es la respuesta física de algunos estados al problema de la transmisión del virus. China, por ejemplo, es un estado no democrático de carácter totalitario, lo que le permite ejecutar políticas de contención con mucha más eficacia que la experiencia en otros lugares del globo. Por otro lado, su sistema de salud tiene la capacidad para afrontar el impacto de una suma creciente de contagiados, lo cual, sumado a un inicio rápido de la cuarentena (que se extendió por casi sesenta días), parece ser bastante efectivo. Un tercer factor a considerar en la experiencia del país oriental, ha sido la puesta en práctica de pruebas de medición de la cantidad de infectados en un tiempo récord.

En ese sentido, la tan popular curva de crecimiento de la cantidad de infectados, es un dato muy importante a tener en cuenta. La razón: el hecho fundamental de que muchos sistemas de salud no pueden soportar una avalancha de infectados desproporcionada. La prueba de que esta curva es tan importante, lo evidencian los casos de Italia, España y de forma creciente hasta los Estados Unidos. No hay otra manera de explicar que un estado como Italia, con un sistema sanitario en mejores condiciones que casi cualquier otro país de América, haya sucumbido a la cantidad de infectados tan abrumadora. La curva de crecimiento es mayor que la que el sistema sanitario puede soportar y ello se ha debido principalmente al hecho de que no se tomaron las medidas de contención adecuadas a tiempo.

Miles de italianos y españoles salieron del país, huyendo de la circunstancia sanitaria y llegaron a España, país que no ejerció ningún mecanismo de control sanitario en sus aeropuertos, principal medio de entrada de viajeros entre los dos países europeos. Italia concentra tal vez la mayor cantidad de españoles viviendo fuera de su país de origen, pero además, existe una relación de intercambio entre los dos países lo cual ha producido como resultado que la cifra de infectados en el país ibérico se haya disparado exponencialmente.

España ha actuado en consecuencia, para tratar de frenar la expansión del virus, pero no pocos creen que lo ha hecho tarde y las críticas al gobierno no se han hecho esperar, especialmente, porque dicho problema se pudo frenar con solo aplicar mecanismos de restricción de entrada en los aeropuertos, lo cual, como he anotado antes, se hizo de forma tardía. Desde hace una semana se ha aplicado una normativa que confina a la población en sus domicilios y restringe de manera drástica la libre circulación de los ciudadanos no solo por tierra, mar y aire, sino incluso hasta en los sitios comunes de las residencias, parques y plazas. El incumplimiento por parte de los habitantes puede conllevar no solo penas privativas de la libertad, sino incluso hasta sanciones de índole económica.

En el caso del continente americano, la proliferación de casos se ha reducido, no detenido, en gran medida al hecho sustancial del cierre de fronteras en algunos países, entre ellos, Colombia, Perú y Ecuador. Sin embargo, en el caso de los Estados Unidos, la explosión hasta el momento imparable de casos se ha debido, y esto hay que decirlo claramente, a la negligencia de un gobierno que estuvo negando la importancia del fenómeno sanitario hasta el último minuto, cuando ya no se podía tapar más la realidad que les golpeaba en la cara.

En medio de toda esta situación que, en efecto, ha tomado a más de un gobernante por sorpresa, la realidad es que los sistemas sanitarios se han tornado ineficientes e insuficientes para contener que esa curva de crecimiento supere a la capacidad para atender a los contagiados. Italia ha respondido a este problema teniendo que elegir a quien se le brindan los medios existentes. Ello implica que cientos, por no exagerar que miles, no podrán recibir el tratamiento necesario para sobrevivir, porque ya no se puede materialmente atenderlos. Italia ha tenido que pedir ayuda, le ha seguido los pasos España, aunque este último aún no ha superado la capacidad de atención sanitaria.

Esta situación vista en perspectiva del pasado, no es nueva. Cada cierto tiempo, algún líder o personaje de reconocida popularidad se atreve a salirle al paso al problema de la sobre población mundial con una solución cuasi salomónica. Hace unos cuantos años, Bill Gates, el creador de la multinacional Microsoft y uno de los hombres más ricos del planeta, propuso la creación de un fondo especial de varios millones de dólares que serían destinados a la búsqueda de una vacuna con la intención de ser aplicada aleatoriamente a los recién nacidos, con el fin último de reducir “naturalmente” la población nueva. En otras palabras, morirían tempranamente sin que se pudiera explicar el por qué.

Aunque la eugenesia que el mundo conoció desde finales del siglo XIX y hasta buena parte del siglo pasado buscaba el mejoramiento de la especie humana, evitando las mezclas étnicas que produjeran la degeneración de los seres resultantes, como tanto temía Galton, la sospecha de una nueva eugenesia relacionada con la curva de crecimiento de la enfermedad se asoma en la forma como algunos gobiernos pretenden responder a la incapacidad para atender a todos los pacientes.

Hace solo una semana el presidente de los Estados Unidos consideraba que cada ciudadano debía asumir los costos relacionados por las pruebas de evaluación del virus e incluso con su tratamiento. Para desgracia de sus deseos y bienestar de millones de norteamericanos, se tuvo que retractar diciendo que el estado asumiría el proceso de realizar la prueba de manera masiva. No muy lejos de esta postura, hoy los medios en España hablaban ya de no poder tratar a todos los contagiados que presentaban síntomas y que se tendrían en cuenta criterios como la edad, salud mental y el más controvertido, el “valor social”, podrían recibir el tratamiento vital.

En este sentido, no dejan de surgir algunos cuestionamientos al respecto: ¿qué es un valor social?, ¿qué criterios se tienen en cuenta?, ¿quién los establece?, ¿cómo se miden? Y si hablamos de una posible vacuna, aunque estemos aún lejos de probar su efectividad, ¿quiénes podrán pagarla?

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