Un murmullo a voces
Opinión

Un murmullo a voces

De lo que constituye la nacionalidad

Por:
agosto 22, 2013
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En la animosidad de la información, varias son las expresiones para, por lo menos, buscar cohesión social, identidad —y, hasta unanimidad— en lo que se ha dado por denominar la ‘opinión pública’; hasta se acude a los llamados formadores de ‘opinión pública’ para que aúpen lo que se desea sea la ‘única’ mirada a la realidad; expresiones como  ‘héroes’,  ‘patria’,  ‘emprendedores’ son utilizadas y abusadas con un contenido ideológico determinado, como si ellas tuviesen partido o postura política.

Así, héroes serán aquellos que en términos de guerra o en postura guerrerista por parte del Estado logren algún éxito militar o, simplemente pertenezcan al cuerpo armado, es decir, el héroe es quien hace parte de la maquinaria de guerra y, tanto se ha  abusado de la expresión, que se ha llegado a aceptar, cosa del todo sorprendente, que sea aplicada a quien habiendo sido parte del aparato militar, que se ha dado por denominar lateral o  paramilitar, ha hecho dejación o entrega de armas; ¿recuerdan? se escuchó hablar de la dejación de armas por parte de los ‘héroes de ….’.  Ahhh, o la expresión ‘patria’, para distinguir lo que es propio de una facción política, sin relación con el sentido, otra vez, ordinario de las misma; se es patriota cuando se está de acuerdo con alguna política de gobierno, que no de Estado, que es bien diverso; o, lo que constituye ser ‘emprendedor’, del verbo emprender, pero apuntado al vivo o ‘avivato’, que no al ingenio o, a quien con dedicación crea y apuntala empresa. En fin, de esta manera o manejo del idioma se busca cohesión y, casi unanimidad para el avance de lo que se cree ha de ser un valor, cuando solo es un ‘decir’ de quienes detentan un mandato, una función; tan limitado como su período.

El hábil mecanismo produce réditos, ha sido útil; por ejemplo, se logró mediante el truco del ‘lenguaje’ toparse con la sustitución de cruentas realidades, ocultándolas en interminables debates; placebos que disfrazan, encubren graves atentados como la ingeniosa invención de ‘falsos positivos’ o el ‘fuego amigo’; son parte del catálogo. Lo que está detrás: una realidad atroz.

El útil maquillaje diluye la vivencia diaria de muchas gentes; sus realidades difíciles, se ocultan. Pasan los días, otros días y, cuando se exige el derecho, nada pasa, la realidad ya se encuentra oculta, la respuesta del Estado, silente. Surge la protesta, estrategia que, obvio, por constituir un derecho, su ejercicio ha de ser pacífico, símbolo de convivencia en lo que se reclama. Pero al derecho a la protesta, al derecho a la expresión por la búsqueda de mejoramiento social, se le cuelga, allí mismo, por mágicas razones, la expresión ‘infiltrados’, cuando es de la obligación del Estado  presentar soluciones. Miren ustedes, hace mucho rato, pero mucho, que a la protesta social se le observa como algo subversivo y caótico. Se considera siempre estar infiltrada por el narcotráfico o por la guerrilla y, allí el diálogo se torna imposible. Se crea tal panorama, se llama a la sociedad, se concita su atención, se homogeniza la ‘opinión’ y, hasta allí el derecho; paso siguiente, la denominada judicialización.

Los sectores de la producción, el agrario, el cafetero, el minero, ora las minorías (como es el caso de las etnias, los indígenas), que hacen parte de la población, que producen, que están en su derecho a buscar la supervivencia, son rechazados, ‘satanizados’. Precios de sustentación, realidad de insumos y créditos, situación educativa, acceso a los servicios, hasta el de justicia, son ausentes, por no decir inexistentes. En lugar de considerar el problema, la respuesta viene siendo única y facilista... ‘se trata de infiltrados’—se dice—, son portadores de desorden, producto de actividades fuera de la ley, para restarles razón. Así, la exigencia y el fundamento de Estado son reemplazados por la represión, por supuesto, por la respuesta penal. Nada nuevo.

La postura guerrerista avanzó, pero con un verdadero dislate: una vez se entra en diálogo y/o una vez se llega a acuerdos, lo que sigue es el retiro de la judicialización y, por tanto, desaparece, en pase mágico —otra vez— la ‘filtración’. La sociedad queda tranquila. Pero, ¿será que lo adecuado es que solo cuando la protesta se presente se vaya al diálogo y solo allí se busque la solución? ¿Será que la filtración fue exitosa o, que más bien,  no existió y solo fue una justificación para la distracción? No sería aceptable pensar que con la ilegalidad se logren los avances sociales. Y, no es aceptable, pues la solución a las necesidades no es propiedad de la subversión o del narcotráfico, sino del Estado y, por supuesto, de la sociedad y sus componentes. En la solución de las necesidades por el Estado, la sociedad y sus miembros, se hace nacionalidad; sentimiento que permite gozar de lo propio.

Miren ustedes, por tan hábil instrumento se ha trasmutado el contenido de lo que es el sentimiento de membresía: la nacionalidad. La nacionalidad es ‘1.f. Condición y carácter peculiar de los pueblos y habitantes de una nación. 2. f. Estado propio de la persona nacida o naturalizada en una nación. (…)’[1]; condición y carácter, estado propio, calidad de quien pertenece, de quien hace parte, de quien es incluido: una membresía. Ello constituye la nacionalidad.

El hacer parte de una sociedad, el sentimiento que se vive y explicita por ser miembro de un conglomerado y que constituye la nacionalidad, no solo se encuentra  en la inclusión social, en el sentido en que venimos comentando, sino que, además, usted lo puede percibir en otras tantas manifestaciones de la vida diaria, como ocurre con las glorias en el deporte. ¿Quién no sintió, acaso, júbilo y orgullo en días pasados, como parte del sentimiento de nacionalidad, con los triunfos en el ciclismo y atletismo? ¿Quién no vibró con el goce de esos embajadores de la nacionalidad que muestran al país, a Colombia como una sociedad de triunfadores, de grandes, ahora sí emprendedores, ahora sí de héroes? Eso sí es patria. Allí el valor, allí la identidad.

El deporte, símbolo de unión, de inclusión, de hacerse partícipe, de membresía, de nacionalidad.

La nacionalidad, inclusión, goce de los bienes a que se tiene derecho, sentimiento por lo propio, en política es:“(…) normalmente concebida como un grupo de hombres unidos por un vínculo natural, y por lo tanto eterno –o cuando menos existente ab inmemorabili-, y que, en razón de este vínculo, constituye la base necesaria para la organización del poder político en forma de estado nacional. Las dificultades comienzan cuando se trata de definir la naturaleza de este vínculo o incluso solamente especificar los criterios que permitan delimitar las varias individualidades nacionales, independientemente de la naturaleza del vínculo que lo determina”[2]; dificultades que se superan cuando el vínculo consiste en la inclusión, el derecho a poseer lo propio y, el sentimiento de lo propio: la membresía.

Esa membresía, ese gozar lo propio, esa forma de ser y de ser incluido es lo que se murmura a voces: lo que constituye la nacionalidad.

 


[1]Real Academia Española © Todos los derechos reservados. http://lema.rae.es/drae/?val=nacionalidad

[2]Norberto BOBBIO; Nicola MATTEUCCI y Gianfranco PASQUINO. Diccionario de Política. Siglo XXI Editores. 13ª Edición. Madrid. 2002. Pág. 1023.

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