Opinión

México debe aprender de Colombia

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Enero 14, 2014
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Para los colombianos que han sufrido en carne propia las consecuencias de llenar vacíos del Estado con paramilitares, son sorprendentes las noticias que provienen de México. De acuerdo con un reciente titular de El País de Madrid, el presidente Peña Nieto respalda a las autodefensas, lo cual le ha generado fuertes reacciones. Se refiere la publicación a la excesiva, según muchos, vigilancia oficial del hospital de Ciudad de México donde el líder de las llamadas autodefensas de Michoacán, José Manuel Mireles, está recluido a raíz de un accidente que sufrió recientemente.

Ya los noticieros mexicanos habían mostrado escenas escalofriantes para quienes han vivido las consecuencias de estos grupos de autodefensas que rápidamente se convierten en lo que en nuestro país representan los paramilitares y las bandas criminales que se han desprendido de esos grupos. Pero a raíz de este último evento, ha quedado en evidencia pública que el gobierno mexicano reconoce a este líder como “una persona que ha lastimado a los carteles, particularmente a los Caballeros Templarios (el grupo narcotraficante que domina la región)”, según las palabras del secretario de Gobernación de México, Miguel Ángel Osorio Chon, nada menos que el equivalente a nuestro ministro del Interior. Hasta ofrecer pagar sus gastos médicos ha llegado el apoyo estatal, según insinuaciones de este alto funcionario gubernamental, afirma El País.

Ante esta actitud estatal ha salido un reconocido periodista, Carlos Puig, a advertir lo que ha sucedido en Colombia cuando se deja a autodefensas funciones que tiene que asumir el Estado, lo que ratifica el presidente de la Comisión de Derechos Humanos de ese país. Colombia, ante esta situación debe presentarle a México cooperación horizontal que consistiría en pasarle la información que se tiene sobre las terribles consecuencias que el paramilitarismo, que junto con las guerrillas y desmanes de sectores de la fuerza pública, le han ocasionado al país. Colombia ha vivido una de las peores crisis humanitarias, si no la peor de América Latina.

Tan asesinos como la guerrilla, los paras ocasionaron los actos de mayor crueldad llegando a extremos impensables como el uso de motosierras para asesinar a sus enemigos. Contaminaron la política colombiana de manera que aun hoy cuando se reconocen sus delitos, siguen teniendo representación nada menos que en el Congreso de la República. Lo que sucedió con la violencia de género que se dio también en las operaciones y en el actuar de la guerrilla, según estudios de Memoria Histórica, fue particularmente sanguinario entre los grupos de paramilitares.

No tendría excusa alguna que México pase por iguales o peores circunstancias en su esfuerzo por acabar el narcotráfico. Lo que se requiere es fortalecer el Estado y no perder su derecho al control y uso de las armas en la sociedad. Claro que las noticias sobre el estado de Michoacán son espeluznantes: “El año pasado registró 990 homicidios, la cifra más alta desde 1998. Desde su aparición, a inicios de 2013, las autodefensas controlan 10 alcaldías y fuentes oficiales reconocen que tienen presencia en al menos 40 de los 113 municipios del Estado”. Pero la solución no es el paramilitarismo sino el fortalecimiento del Estado. Algo tan evidente parecería desaparecer ante la angustia de los gobernantes frente al narcotráfico. Pero como lo afirman personalidades mexicanas que critican la actitud actual del Gobierno: “no se puede  jugar con fuego.” O como dirían muchos colombianos: la solución puede ser más grave que la enfermedad. De todo corazón, mucha solidaridad con México.

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