Los pobres también tienen la culpa

"Es hora de que el pueblo haga un mea culpa, que comprenda que la realidad que sufre la merece, y desde ahí, del sentimiento del arrepentido, emprenda el viaje del cambio en el país"

Por: Ariel Alberto Quiroga Vides
abril 27, 2020
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Los pobres también tienen la culpa
Foto: Leonel Cordero

Es paradójico, la mayoría de las personas que en Colombia viven del comercio informal, es decir, “del rebusque” son en su grueso, aquellos que componen la masa electoral de gobiernos idénticos  en temas económicos en los últimos veinte años. Uno no entiende como un vendedor de frutas de esos que se pasean por la carrera quinta de Santa Marta, con sudor en la cien, con la guayabera tierra-santera pegada al espinazo y el temor casi paralizante de que por cualquier esquina se aparece el “paga diarios” sobre su amenazante  moto bóxer, pueda votar por Uribe, Santos o Duque, líderes que de pueblo, solo conocen la manera en que se crea la ambrosía de las masas, la demagogia.

En ocasiones que veo a muchos compatriotas de las clases pobres y trabajadoras como mis padres, sufriendo vejámenes solo comparables a los flagelos que padecerían en países como Haití, Rwanda, o de esa nación desértica y llevada por la malparidez de la ignorancia denominada La Guajira, o de aquel país africano enclavado en el pacifico suramericano, que parece sacado de un campo de refugiados de Senegal, cuyo nombre es Chocó, me digo a mí mismo, en un acto inmoral y desalmado, “la verdad se merecen lo que tienen”.

Hace un par de días, un humilde vendedor ambulante de la ciudad de Santa Marta se suicidó, aparentemente porque después de un tercer o cuarto intento de salir a vender su producto por las calles de la ciudad, la policía lo detuvo,  le incautó su capital de trabajo, lo llevó a la Unidad de Respuesta Inmediata de la Fiscalía (URI), y posteriormente fue puesto a disposición de un juez de control de garantías, que al constatar que el señor solo buscaba alimentar a sus hijos de formas no criminales, ordenó su libertad.

El sujeto del que hablo en el párrafo anterior, presumiblemente, después de constatar que era inútil trabajar tranquilo y llevar el pan a su casa, porque las autoridades no se lo permitían, decidió acabar con su vida y seguramente acallar los quejidos y llantos de sus hijos por la pura y física hambre que sentían, lamentaciones que cesaron no porque se saciaran de alimentos, sino porque los oídos del vendedor ambulante, nunca escucharían más desgracias, de un país desigual e injusto que gentes incautas como el, habían ayudado a construir con su voto en vida, y conociendo las malas mañas del uribismo, el liberalismo, el conservadurismo y en sí todas las maquinarias que siempre han gobernado, seguramente también contribuiría con la decadencia nacional en muerte, porque recuerden, en el país del ñeñe, los muertos también votan. Ahora nuestro desventurado ciudadano si recibirá un giro de ingreso solidario.

Es de esperarse, que muchos que pelean por la noble causa de dignificar a las mayorías, me criticaran y dirán que soy un desalmado e hipócrita, que mi queja no tiene asidero moral, pues encarno a un pequeño burgués con algo de comodidad, un clasemediero arribista que hasta hace un par de años vivía en el arrabal y ahora pretende codearse con los pupis de Santa Marta, comentarios que no me importaran en los más mínimo, y que a ellos contestaré al mejor estilo del ahora liberal y desvirgado padre Alberto Linero, MVM.

Sin embargo, aquellos líderes sociales que llevan a sus defendidos como eternas victimas del sistema, sin hacerles ver que la dosis de realidad fecalizada que se comen a diario, también es creación de los más pobres del país, son como el padre que sabe que su hijo es un holgazán desde la infancia, pero lo cría sin reprensión, hasta que un buen día, en la más alta dosis de ignorancia personal, el posterior adulto que solo por suponer, es gay, afro-descendiente y de orígenes humildes, se enlista en un partido político, que rechaza la libertad sexual, que es elitista y con tintes racistas; un cariñoso mensaje a Miguel Polo Polo, el nuevo pachito santos pero de los pobres.

En este país no solo podemos atacar a los políticos tradicionales, a la élite financiera y a las elites feudales de las regiones, también hay que culpar al pueblo por la torpe decisión de escoger una y otra vez a Barrabás, porque es que al final, mientras tengamos el débil andamio de la democracia, podemos cada cuatro años escoger a quienes nos gobiernan, y hay que ser muy pendejo y desubicado para siempre preferir a los mismos, que aunque señalen con argucias que la izquierda nos convertirá en Venezuela, ellos, la derecha que gobierna desde que somos república, nunca nos ha convertido en Suiza o Japón, sino primero en un país endeudado con Inglaterra, después en la finca de banano de los Estados Unidos y ahora en una mina barata y a cielo abierto para las multinacionales.

Es hora de que el pueblo colombiano haga un mea culpa, que comprenda que la realidad que sufre la merece, y desde ahí, del sentimiento del arrepentido, emprenda el viaje del cambio en el país. Para terminar ¿ya revisaron si el ñeñe recibió su giro de ingreso solidario?

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