ELN: 60 años de lucha guerrillera inútil

ELN: 60 años de lucha guerrillera inútil

Pronto el ELN cumplirá 60 años de estar en guerra. Toda una vida de trincheras que no fue capaz de liberarnos sino dejarnos en medio de una estela de muertos

Por: Víctor Manuel Rojas Cárdenas
mayo 10, 2024
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ELN: 60 años de lucha guerrillera inútil

Cuatro estudiantes y un joven campesino, alebrestados e influidos por la revolución cubana, decidieron un día sórdido de julio de 1964, crear el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Curiosamente quien menos elementos ideológicos tenía era el campesino que apenas si sabía escribir su nombre. Sin embargo, él fue el primer líder del naciente movimiento subversivo.

A mi parecer el ELN nace por puro ímpetu, sin un programa político concreto y al alcance de las masas desposeídas. Lejos estaban estos folclóricos estudiantes, y el campesino, de sospechar que sus buenas intenciones no eran la de aliviar la vida de los desarrapados de Colombia sino de empeorarla y llenarla de miedo.

Empezando por ellos mismos, pues, pronto fue a parar uno de ellos al paredón de fusilamiento y después otro y otro más. Pero no solo ellos, sino también una campesina santandereana que sin querer se dio cuenta que cerca de su parcela, una tarde cualquiera pasaba un burro cargado de armas para la recién creada guerrilla. Contra un árbol fue acribillada, por el delito de ver pasar.

Así empezaba el ELN a ejecutar su tenebroso lema: ¡Liberación o muerte! Hasta el momento, duele constatar, solo la última parte de la consigna ha tenido validez. ¡Sesenta años después seguimos sin liberarnos!

También fue sentenciado a entregar sus huesos a la tierra uno de los pocos dirigentes de masas que el grupo guerrillero ha tenido, el cura Camilo Torres. No porque haya sido fusilado, sino porque con premeditación fue enviado a una muerte segura. Locura de locuras.

Eso por no hablar de otro dirigente de masas, Ricardo Lara Parada, quien fue uno de los primeros en hablar de la urgencia de hacer un proceso de paz y encaminar todos los esfuerzos a convencer a los sectores espoleados de la sociedad a tomar las riendas de su propio destino. La lucha está con las masas y no a nombre de las masas, alcanzó a mencionar antes de caer abatido por sus supuestos hermanos de armas. Hasta acá, sigue la muerte prevaleciendo ante la liberación.

El ELN y sus fusilamientos internos me recuerda a aquella figura anillada de la mitología nórdica, llamada Serpiente de Midgard, cuya esencia es morder su propia cola, al tiempo que amenaza al mundo con destruirlo. Ese mismo fenómeno de acabar con sus propios miembros, lo ejerció también uno de los grupos guerrilleros de El Salvador cuando decidió matar al poeta Roque Dalton, acusado del grave delito de discrepancia.

Qué falta nos hace ese sencillo respeto a la vida del divergente. Es igual de desgarrador cuando la derecha asesina al contrincante de izquierda que cuando la fuerza que se hace llamar de izquierda, de representante del pueblo, asesina a alguno de sus miembros que discrepa en algo. O alguien que nada tiene qué ver en el asunto. No traigo a colación los bárbaros sucesos de Tacueyó, para no salirme del tema. Basta con señalar que eso de terminar pareciéndose al enemigo es muy fácil.

A estas alturas de la vida uno se pregunta a quién sirve el ELN. Su falta de programa político lo ha llevado a convertirse en un ente terrorífico, no solo con la vida humana sino también con el medio ambiente. Hasta hace poco tiempo explotaba oleoductos sin tener en cuenta la catástrofe que el petróleo derramado ocasionaba sobre la naturaleza.

Mas no contento con eso tuvo, durante un buen lapso, como política central secuestrar personas de todos los estratos sociales. Sobre todo, tenderos de pueblos y clase media de las ciudades. Sus dirigentes se consideran un día teólogos de la liberación y al otro día marxistas puros. Sin embargo, más de medio siglo después no se han dado cuenta que los teólogos rebeldes se han convertido en bufones que levantan iglesias en los garajes donde cobran por cuotas la entrada al paraíso.

Mucho menos se han enterado que un comunista chino y otro vietnamita llevaron a cabo sendas revoluciones de la mano, y con profundo respeto, del llamado frente de masas. Es decir, un frente popular antiimperialista y progresista donde cabe Raimundo y todo el mundo que quiera construir una sociedad alegre, soberana y de bienestar.

Tampoco procuraron saber en qué consistió la caída del Muro de Berlín. Ni del adiós a las armas en tiempos de fortunas amasadas por internet. O de las canciones de protesta compuestas por la inteligencia artificial. Sencillamente, siguen tan arcaicos y rudos como el enemigo que dicen combatir desde hace tres generaciones atrás. Que alguien les haga caer en cuenta que la hora de los fusiles hace tiempo pasó.

Después de más dos siglos de administraciones antipopulares en Colombia, por fin toma las riendas del Estado un gobierno con claro mandato popular. Un régimen liberal de cepa o socialdemócrata, si así se le quiere llamar. Sea lo que sea, es una administración diferente en todos sus ángulos. Sin dudarlo es un mandato de izquierda.

De esa de la cual el ELN dice pertenecer. Decía, un gobierno novicio que no goza un solo instante de descanso porque tiene encima la lupa, mentira y difamación de una minoría política, que sabe mover sus borregos y que no se resigna a perder privilegios y oportunidades de saquear el erario. Mas no solo eso, sino que tampoco se resigna a dejar de limpiarse con los Derechos Humanos la parte más carnosa y menos aristocrática de su cuerpo. Así es esa élite política que tanto el ELN dice combatir.

Es ese nuevo gobierno es el que ahora lo invita a enfrentar mancomunadamente las fuerzas intolerantes de la derecha. Esas mismas fuerzas ignaras que no respetan los iconos culturales del país. Bástenos recordar las burlas y alegría que expresó una de sus más agudas representantes cuando Gabriel García Márquez dejó de existir. Esa misma derecha inmoral que guarda silencio sepulcral ante los viajes pederastas que realizaba su expresidente a las islas Bahamas, en compañía del mayor pedófilo del mundo, Jeffrey Epstein, hoy por fortuna, encarcelado.

Ahí, como ya dije, impera el silencio, pero golpea bombos y platillos maltratando la memoria de una adversaria política, Piedad Córdoba, de quien después de muerta le descubrieron el execrable delito que cometía al viajar a su finca a jugar tejo y tomar aguardiente. En países civilizados al enemigo que se va se le tiende un puente de plata y no se le difama. Pero volvamos a lo nuestro.

No obstante, la guerrilla en lugar de acercarse al presidente, en aras de que éste ayude a desmontar los frentes de combate y juntos encarar democráticamente las fuerzas oscuras de la sociedad, lo único que hace es torpedear, como émulo derechista, el proceso de paz. Por si acaso eso no bastara, acaba de pregonar que es más fácil negociar con gobiernos de derecha que con esta administración liderada por una persona que un día también estuvo levantada en armas.

Es decir, la gente del ELN reza para que el fascismo regrese a Colombia con sus falsos positivos, sus agro ingresos seguros y sus cambios de verbos donde esquilmar los impuestos de todos ya no se llama robar sino abudinear.

A los guerrilleros del momento, se les olvida, sí es que alguna vez lo supieron, el adagio popular que obliga a que el enemigo de mi enemigo, es mi amigo. Aquello que la gente de a pie llama el sentido común de las cosas. En fin, esa incongruencia del ELN, y de paso, las disidencias de la segunda Marquetalia, me hace recordar al lobo Fenris, también de la mitología nórdica, que se tragó la mano del poeta que le daba de comer.

Allá ellos, si en nombre de la política, quieren seguir con su guerra de bienestar personal. Es lúgubre terminar esta nota asegurando que pronto el ELN cumplirá sesenta años de estar en guerra. Toda una vida de trincheras y emboscadas que no fue capaz de liberarnos, sino el por contrario, dejarnos en medio de una estela de muertos.

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