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Opinión

Indignados virtuales

Bien usadas las redes pueden convertirse en una pieza fundamental para el boicot contra empresas que violan derechos humanos, laborales o ambientales

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Enero 19, 2016
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El inicio en 2008 de la crisis económica mundial más grave desde 1929 puso “de moda” la protesta ciudadana y la indignación en plazas y calles, Occupy Wall Street o los indignados reunidos por meses en Plaza del Sol en Madrid y cientos de plazas de España, el inolvidable 15M. Nuevas formas de protesta, nuevos discursos, ausencia de líderes, horizontalidad y tecnología son sus características.

La movilización, la protesta y la indignación ciudadana están de moda en las poderosas redes sociales, quienes las usan suelen enojarse todos los días por muchos temas que causan estupor. En Colombia la casta política y empresarial facilita ese sentimiento cuando solo sabe dar malas noticias en contra de los menos favorecidos y a favor de los poderosos, cuando aparecen los videos virales de aquellos “personajes” del famoso “¿Usted no sabe quién soy yo?”, los que maltratan a los animales, los que evaden por su posición la justicia, las multas o pagar impuestos.

Defender el aumento inexistente en la práctica del salario mínimo para este año y al mismo tiempo defender que no se les puede reducir salarios a los congresistas, molesta profundamente a la mayoría excluida, explotada, relegada.

Un día antes de la subasta de Isagén, el gobierno Santos dirigió todos los medios y las redes sociales del Estado para defender esa mala decisión que terminó empobreciendo a los colombianos. Y actuó a pesar de la oposición de la mayoría del Congreso, de los expertos, hasta de los medios tradicionales y de las redes sociales, donde la oposición a la venta se convirtió en tendencia mundial.

Decenas de columnas, estados, memes y comentarios se hicieron al respecto. Ya empieza a ser tendencia el rechazo a la reforma tributaria anunciada en contra de la clase media y baja, mientras a la casta se le sigue, no solo permitiendo evadir, sino concediendo exenciones tributarias.

Hasta la idea de un “paro” para el próximo domingo circula. Las redes tienen una capacidad de difundir las cosas, propuestas e ideas de una forma poderosa.   Pero hacer un “paro” un día de descanso obligatorio además de chistoso, es incoherente. No se puede “parar” el día en que casi todo está “parado”. El paro implica parar los medios de producción y la acción del Estado.

Pero nuestra indignación dura poco, y los asesores en comunicación estratégica del gobierno lo saben. Por eso están tranquilos, aunque saben que los casi 7 billones de pesos que se recibirán por Isagén, supuestamente para las vías de cuarta generación, terminarán soportando una campaña presidencial, y la indignación por la venta de Isagén ya habrá pasado.

El negocio de Isagén hace parte de un negocio completo. Muy fácil de comprender. Se vende Isagén para hacer carreteras, programa liderado por el vicepresidente Germán Vargas Lleras, con lo cual hará campaña para dentro de dos años. Pero lo que no han visto los trabajadores, por ejemplo, es que el gobierno, mediante el decreto 1385 de 2015 les permite a las administradoras de los fondos de pensiones, “autoprestarse” dinero de los aportes de miles de obreros, siempre y cuando sea para invertir en las mismas carreteras de cuarta generación. El negocio es redondo. Es de poderosos con poderosos y con grandes ganancias políticas y económicas.

Muchos creen que las redes sociales pueden reemplazar la lucha política y la protesta social. Y a pesar del aumento de las movilizaciones, las protestas, los paros, las huelgas, los ceses, bloqueos y demás formas de acción colectiva, son necesarias más. Y es urgente que los que protestan, los que se indignan, se desliguen de los actores políticos clientelares, no sirve de nada indignarse, renegar y protestar si seguimos eligiendo a los caciques de siempre.

El problema no son las redes. Es la zona de confort,
debido a la falta de educación y de debate político,
que sufre la mayoría del pueblo colombiano

Entonces el problema no son las redes. Es la zona de confort, debido a la falta de educación y de debate político, que sufre la mayoría del pueblo colombiano. Hoy las redes son importantes en procesos de transformación colectiva que permitieron interesantes apuestas como la “Ola verde” cuando Mockus era candidato presidencial o la en la innovadora primera candidatura presidencial de Barack Obama en Estados Unidos. Podemos en España también las usa para captar la atención de las clases bajas, medias y hasta de la pequeña burguesía.

Bien usadas las redes pueden convertirse, por ejemplo, en una pieza fundamental para el boicot contra empresas que violan derechos humanos, laborales o ambientales. Como bien lo señala Marcio Tulio Viana en su ensayo De la huelga al boicot: los varios significados y las nuevas posibilidades de las luchas obreras: “Cuando se hable de boicot, es importante recordar, una vez más, como el sindicato y la empresa se han imitado, a lo largo de los tiempos –cada cual sirviéndose de las armas del otro. Así, en una época en que, para el empresario, la imagen pasa a ser también un producto, nada mejor que el sindicato la compre, apropiándose de ella en defensa de los trabajadores.” Y de la ciudadanía en general completaría yo.

Se avecinan gigantescas movilizaciones sociales y laborales por la defensa de lo público y las reformas regresivas para el pueblo colombiano. En las calles, en las plazas y los edificios públicos, en el mitin, en el sitio de trabajo. Y claro en las redes sociales, pero no solo ahí. Recordemos que lo que se está negociando en La Habana el fin del conflicto armado. La desigualdad, los abusos del poder y la segregación nos toca combatirla a nosotros con la movilización y la protesta.

 

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