Ignorancia política

“Mientras persista la arcaica política de educación, el paradigma de que Colombia es el mejor vividero reinará en las mentes macondianas”

Por: Iván Antonio Jurado Cortés
Abril 16, 2018
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Ignorancia política
Foto: istockphoto

A nivel de Latinoamérica, Colombia se encuentra mal posicionada. No es capricho de los estándares internacionales sino resultado del equivocado sistema gubernamental que ha controlado al Estado por más de 200 años. Nadie se puede equivocar después de tantos ensayos; al contrario, se debe fortalecer la capacidad de respuesta para encontrar soluciones estructurales a los problemas que agobian a la sociedad. Calificativos como: ‘Colombia, tercer país más desigual del plantea’, suficiente para que los gobernantes entiendan que este régimen está mandado a recoger.

Está probado que uno de los factores influyentes en el enquistamiento de los mismos con las mismas es la ignorancia política del constituyente primario, quien finalmente tiene la facultad de elegir a las autoridades estatales. El desconocimiento o desinterés de la gente del común en asuntos que por obligación debe conocer es el combustible para que los grandes ‘caciques’ enmarquen sus cruzadas en favor de una aseda oligarquía y en contra del pueblo ignorante.

El descaro de la mayoría de dirigentes políticos ha tocado fondo, hasta el punto que son los mismos quienes se burlan directamente de sus electores, diciendo que acabaran con la corrupción, sin detenerse a revisar sus asesores y patrones electorales, cuyos nombres son comunes encontrarlos en los estrados judiciales no como testigos sino en calidad de sindicados de este flagelo que cobra más víctimas mortales que el mismo conflicto armado interno. La arrogancia de los políticos es tan cínica que olvidaron por completo de que quienes los eligen tienen cerebro y pueden pensar.

A escasos meses para la elección del nuevo presidente de la República de Colombia, las campañas se intensifican de tal manera que rompen cualquier esquema de formalidad. Por lo general los partidos tradicionales conocen muy bien las estrategias que por años les ha dado excelentes resultados, siendo la desinformación una de ellas. Muestra de ello, lo sucedido el año pasado con el plebiscito, cuando sensatamente se esperaba que ganara el sí, se impuso un no, producto de una campaña sucia orquestada desde las entrañas de una agrupación política conocida como Centro Democrático, (conservadores).

En este caso la información malintencionada hizo efecto en las mentes livianas de millones de ciudadanos, quienes no dudaron en acatar conceptos vanos cuyo objetivo era tergiversar la verdad y posicionar falacias que con el tiempo se convierten en armas de defensa en favor de actos ilegales. Desafortunadamente el pueblo se viene culturizando con las distintas presentaciones de las mafias, tanto así, que cualquier propuesta enfocada en corregir estos vejámenes se recibe con cierto recelo y temor.

Suena sarcástico pero muchos colombianos se han adecuado a la exigencia de la ilegalidad, conllevando a una degradación paulatina de la decencia, y con esto, engrandeciendo el poder de una élite gubernamental colmada de vicios. En todo este tema juega un papel importante la ignorancia política, cualidad muy bien aprovechada por los dictadores camuflados de demócratas. Cómo es posible observar masas de público avivando a candidatos amantes de políticas nocivas a los vulnerables, solo existe una explicación: ignorancia política.

Entre los países suramericanos, Colombia no ha mostrado avances económicos y sociales acordes a las exigencias del siglo; caso contrario, Perú, Chile, Brasil, Argentina, Uruguay y Ecuador, que se ufanan del mejoramiento de calidad de vida de sus habitantes. No se puede ocultar el sol con la mano, cualquier persona con mínimo de análisis concluye que nuestros vecinos están mejor en todo sentido. La lucha cuya bandera debiera ser la igualdad y prosperidad, se ha trasladado a una exigencia fanática, defendiendo un cacicazgo conservador que ha gobernado cíclicamente a la tierra del ‘Corazón de Jesús’ y lo seguirá haciendo hasta encontrar razonamiento popular.

Mientras persista la arcaica política de educación, el paradigma de que Colombia es el mejor vividero reinará en las mentes macondianas, con la equivocada idea de que dirigentes producto del empresariado nacional velarán sinceramente por las penurias de los desfavorecidos. Es tan frágil el análisis de muchos electores que están convencidos que si votan por ciertos candidatos a la presidencia, Colombia se convertirá en una segunda Venezuela. El cuento es tan bien montado, que ni siquiera con gafas de gran alcance pueden detectar que la miseria está absorbiendo a los colombianos, mientras los dueños del país, toman whisky y juegan tenis en los mejores clubes bogotanos. Si no se combate la ignorancia política, estas escenas se repetirán.

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