Opinión

Cómo ganarle la guerra a Venezuela

La fórmula es sencilla: ignorar por completo todas las provocaciones y dejar que Maduro se caiga solo, por el peso de su propia podredumbre. Análisis

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Octubre 01, 2018
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Cómo ganarle la guerra a Venezuela
Maduro ha anunciado que está listo para responder cualquier provocación, movilizó tropa hacia la frontera, y dice que está dispuesto a convocar a sus aliados en China y Rusia. Foto: Twitter/Nicolás Maduro

Se dice en Venezuela que los encuentros del presidente Duque con el gobierno Trump la semana pasada responden a una alianza patrocinada por Estados Unidos para invadirlos en este mes de octubre.

Maduro lleva meses anunciando que está listo para responder a cualquier provocación, ya movilizó tropa hacia la frontera, y dice que está dispuesto a convocar a sus aliados en China y Rusia. Hace unos días, atribuyéndose la vocería del chavismo, salió Pedro Carreño a anunciar que desde hace mucho tienen montados los planes para “dividir a Colombia en dos” destruyendo en un solo ataque todos los puentes sobre el río Magdalena en una serie de bombardeos que nos arrastrarían a una guerra que, según él, no estaríamos en capacidad de sostener por más de un mes.

Pues si ese es el caso, se me ocurre una forma verdaderamente rápida y realmente efectiva de ganarle la guerra al gobierno de Venezuela. La fórmula es sencilla: ignorar por completo todas las provocaciones y dejar que Maduro se caiga solo, por el peso de su propia podredumbre. Esa dictadura, que tiene a la gente muriéndose de hambre, necesita desesperadamente una guerra, y no hay duda de que cualquier incidente, por insignificante que sea, prolongaría su permanencia en el poder por las próximas décadas. Maduro sabe perfectamente que usando a Colombia como chivo expiatorio, reuniría a Venezuela en torno suyo y destruiría a la oposición política legitima. Aquí algunos elementos para este análisis:

  1. Colombia no necesita otra guerra, ni está en posición de agenciar una guerra en nombre de otros:  Estamos saliendo, con grandes dificultades, de décadas de miedo y sangre sin tregua. La apuesta no es por volver a la guerra, sino por comprometernos a no repetirla. Para lograrlo, nos sobran los desafíos pendientes: las bandas criminales, la lucha contra el narcotráfico, los retos de integración de todo el territorio, la implementación exitosa de los acuerdos de paz.
  2. El pueblo venezolano tampoco merece entrar en un conflicto que lo arrastre hacia una crisis peor de la que ya esta padeciendo:es ese pueblo soberano el que debe emanciparse contra la tiranía que lo gobierna. Colombia ya cumple un papel fundamental mediante la asistencia humanitaria de los refugiados. En una guerra con Venezuela no hay sino un posible vencedor: Nicolás Maduro, que esta desesperadamente tratando de aferrarse al poder convirtiendo a Colombia en el enemigo común. Hay que dejarlo que se caiga solo, no caer en su juego. Va a caer, está cerca, la situación actual es insostenible y él lo sabe. Va a caer por la mano de su propia ineptitud y deshonra.
  3. No existen tales cosas como los “ataques relámpago” o las “operaciones perfectas” que resuelvan un conflicto en cuestión de horas, días, semanas o meses: las amenazas de Carreño producen verdadera risa, sobre todo cuando se hace un chequeo de las capacidades de un ejército que no sabe lo que es sostener un combate, que no cuenta con una red hospitalaria, ni alimentos para sostener a esa tropa en la frontera, ni tienen la más remota idea de cómo es que se usa ese armamento del que tanto presumen, o del tipo de estrategia que necesitarían para enfrentar a la segunda fuerza armada más grande del continente. Precisamente porque nosotros sí sabemos lo que es la guerra, también sabemos que no existe tal cosa como una “guerra corta”, ni “limpia”, ni “sin daños colaterales”.  Y en eso, el Presidente Duque cuenta con bastante experiencia en su propio partido. A mediados del 2002 se anunció que en seis meses se daría fin al conflicto. Después de muchos años, miles de vidas y un gasto escandaloso, se dijo que estábamos en el “fin del fin” y que la cosa se había prolongado porque la “serpiente estaba viva”. Al final del día, tocó negociar. Esa es una lección aprendida. No hay ganadores en las guerras. Ni guerras ganadas limpiamente. Las guerras solo dejan ruina, miseria, pobreza, y siempre, los que más sufren son los más inocentes. Nada ganamos con una guerra. Y yo me niego a creer que llenarse las manos de sangre sea la manera como Duque esté planeando pasar a la historia.

 

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