¡A vitalizar la lectura y la literatura!

Necesitamos que hagan su triunfal aparición más lectores. Que surjan más escritores. Que inquietos emprendedores se metan la mano al dril por la causa editorial

Por: CÉSAR CURVELO
diciembre 03, 2021
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¡A vitalizar la lectura y la literatura!
Foto: Pixabay

Por mera casualidad, hace días me tropecé con uno de los inquietos compañeros que compartía conmigo en animados diálogos que sosteníamos en indistintas tiendas de Mocanápolis.

Este apelativo se lo damos un puñado de autonomistas a nuestra ciudad interracial mocaná-caucásica-afro-amarilla, o sea Barranquilla, La Bella, como proclama el inmortal Joe Arroyo en la canción Echao pa´ lante.

Reivindicamos de esta forma al pueblo más conocido al momento de la llegada de los conquistadores españoles, o sea al pueblo caribe mocaná, que ocupaba el departamento del Atlántico. No todo es perfecto: tuvimos que apelar al sufijo heleno de ciudad, o sea polis.

Debido a la nefasta persistencia de la covidemia, he cortado de tajo los gratos encuentros de fines de semana con amigas y amigos contertulios.

Como te venía diciendo, me topé con el amigo cerca del cruce de la calle 59 con la carrera 43 o Veinte de Julio, donde se encuentra la esquina de La Cueva, el tomadero en que otrora se reunía el famoso Grupo de Barranquilla.

Sí, ese mismo de los escritores Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Samudio, José Félix Fuenmayor y Ramón Vinyes, entre otros.

Sin el antiguo choque de manos, ocultos con los ya normales tapabocas y a metro, nos saludamos de puño.

Muy crítico el tipo. “Es una lástima que aquí la gente no apoye la literatura”, espetó en determinado momento y prosiguió de largo, sin darme chance a decir esta boca es mía. “La culpa del menoscabo literario y ensayístico en Barranquilla y toda nuestra Caribia es de la academia. Tantos especialistas, magísteres y PhD, que se supone cuentan con buena formación para escribir y, ¡válganos Dios!, no componen ni media epístola”, añadió.

Le comenté que conozco a varios escritores de la ciudad, pero me consta que por aquí no hay editoriales que se arriesguen a imprimir libros por su cuenta y riesgo, puesto que por estos lares es mínima la demanda de estos bienes materiales muebles de carácter cultural, a pesar de la ventaja económica de estar exentos del IVA. Bueno, vale la pena aclarar: esto siempre y cuando tengan ISBN, o sea el internacional stándar bibliográfico numeral, en castizo.

Respondió que yo tenía algo de razón, pero que aun así, la academia seguía siendo culpable en buena parte: “Ahí está de ejemplo Titico Crissien, el ministro de Ciencias: un copión incapaz de redactar sus propios ensayos”.

Le contesté que oí sobre la defensa de Titico en el sentido que, en un ensayo con apartes plagiadas, sin su consentimiento incluyeron su nombre entre quienes aparecían como autores.

Hago paréntesis y aprovecho para presentar aquí un apunte conexo a Titico. Hace unos cuatro años recibí, de manos de una vecina bibliófila, un libro de autoría de su padre, el señor Eduardo Crissien Samper, titulado El Presidentico, impreso por Editorial Antillas, la misma que fundó mi profesor de sociología en la Universidad del Atlántico, el escritor Abel Ávila, autor de Sociología económica, Abstencionismo y anticarisma en Colombia, El líder carismático y Sociología del hambre.

El compinche de tertulias y farras siguió repitiendo, ya de forma machacona, que la omisión es de la susodicha academia, así fuera de manera indirecta.

Al despedirme, le insistí que yo creo que la mayor falla no es de los miles de posgraduados, sino más bien del gobierno, de la falta de costumbres de familia que lleven a la lectura, de los mismos escritores, etc. Por aquí hay buenos escritores, aunque pareciera que los medios que sabemos solo los sacan a la luz pública cuando son llamados al otro barrio que, como tú sabes, es el barrio de los acostados.

Por cierto, en enero pasado murió el escritor currambero de corazón y samario de nacimiento, Ramón Illán Bacca, autor de las novelas Deborah Kruel, La mujer barbuda, La mujer del defenestrado, Disfrázate como quieras y Maracas en la ópera.

Años atrás, en 2016, también nos dejó el escritor Diego Marín Contreras, autor del estupendo poemario Ventana de tiempo y numerosas columnas periodísticas. Con ambos alcancé a cruzar palabras. En nuestro último encuentro, Ramón me comentó la entrega de mi novela de ciencia ficción Ysier o los confines del cosmos al escritor Antonio Mora, cultor de este mismo género, autor de los libros de cuentos Glitza y Lorna es una mujer.

Sea como sea, necesitamos que hagan su triunfal aparición más lectoras y lectores. Que surjan más escritores. Que más inquietos emprendedores se metan la mano al dril por la causa editorial.

Que se  construyan más bibliotecas públicas, en especial en las amplias zonas populares de distritos y municipios que carecen de ellas. Que las campañas pro lectura en colegios, universidades, cooperativas, sindicatos, empresas y vecindarios sean masificadas por docentes, líderes sociales y autoridades oficiales.

¡Vamos, animémonos a vitalizar la lectura y la literatura! Considero, por poner un ejemplo, que debería promoverse la ciencia ficción, esa misma de Jules Verne, Arthur Clarke, Isaac Asimov, Ray Bradbury, el argentino Adolfo Bioy Casares, nuestro subachoqueño René Rebetez, etc.

Esto se haría realizando periódicos encuentros en que se divulguen proyecciones futuristas de la ciencia y la tecnología en las universidades, un club en cada municipio o localidad, charlas con autores, programas televisivos o virtuales, concursos de cuentos o novelas de anticipación, etc.

Contra todo pronóstico, tengamos fe en el advenimiento de un tempestuoso bum que riegue con su caudal torrencial este árido desierto del campo cultural relativo al frondoso cultivo de las letras.

Para ello se necesita masificar la lectura en los todos los barrios y que los literatos superemos nuestras deficiencias, una de las cuales podría ser la falta de rigurosidad, según planteó el filósofo y ensayista sogamoseño Rafael Gutiérrez Girardot.

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