Las confesiones de Petro en Barcelona sobre el futuro de los colombianos en el exterior

"Ese no es el servicio diplomático que el Pacto Histórico en el gobierno va a tener. El servicio diplomático en el exterior debe ser de servidores y servidoras"

Por: César Augusto Patiño Trujillo
enero 14, 2022
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Las confesiones de Petro en Barcelona sobre el futuro de los colombianos en el exterior
Foto: Pixabay

La pasada semana, Gustavo Petro Urrego, precandidato presidencial del Pacto Histórico (PH) lanzó su campaña desde la gran Barcelona.

Mientras sus seguidores, fanáticos o no, hacían sonar bullosas y alegres palmas por el evento, muy seguramente sus contradictores y enemigos políticos, expulsaban babaza por el desconcierto e ira que despierta el líder ante cualquier paso dado por él en pos de llegar al Solio de Bolívar.

El orgullo de los seguidores y los ataques de sus enemigos, (no contrincantes, porque en sus desafectos, como el caso de la señora Marbelle, no lo desean vencido en las urnas si no muerto), ponen al candidato en lo más alto de los intereses nacionales.

Es claro que la posibilidad de que se siente en el Solio de Bolívar es altísima, no inminente; ¿y por qué no es inminente? Porque la extrema derecha apoyada aún por oscuros y maledicentes personajes mediáticos rabiosos, por el neoparamilitarismo y por las instituciones estatales cooptadas por el ejecutivo tienen como tarea una persecución política contra la oposición más exitosa a este gobierno. Claro ejemplo de los líderes de los Decentes y el mismo senador Petro, y en su momento la representante Robledo a la que le arrebataron groseramente la curul en la Cámara de Representantes.

El desprestigio mediático, la estigmatización, la alta reproducción de mentiras guebelianas en su contra son artimañas utilizadas por órdenes de quienes han sido dueños del establecimiento; de no funcionar las tramposas tretas, no se puede descartar un magnicidio, la historia de este país demuestra cuán efectiva ha sido esta mortal herramienta para los intereses de las oscuras fuerzas que mueven los hilos del poder en Colombia.

Mientras los funestos perros del vigilante afilan sus dientes para enviar dentelladas mafiosas, invitando a disparar, el precandidato del Pacto Histórico hace historia.

Realmente supera en mucho a hombres de buen talante intelectual, y sus actuales rivales y enemigos, apenas si balbucean alguna sílaba inconexa en sus discursos vacíos de ideas y llenos de odio y rabia.

En el lanzamiento de su campaña a nivel internacional manifestó una serie de ideas llenas de altruismo, producto de sus vastos estudios y serios análisis sobre la diversidad de problemas que agobian a los colombianos en el exterior.

Es el objetivo de este escrito, presentar algunas de sus exposiciones más profundas y necesarias para la recuperación de la moral de esta patria.

Fue una fiesta el lanzamiento de la campaña en Barcelona. Los colombianos asistentes al evento estaban llenos de jolgorio y felicidad. Se sentían visibilizados, ¡existían para alguien!, se respiraba cierto aire de triunfo, no de triunfalismo. Llega el momento del precandidato. Con su voz musical y erudita, hace una reflexión  sobre el papel que el mundo le ha diseñado al nacional colombiano y sobre el que deberán rediseñar para demostrarle al mundo mismo que, frente a ellos, ha estado equivocado; que, sin demeritar los oficios varios, el colombiano no está para ser esclavizado con los más básicos empleos en España y cualquier latitud a donde aterrice.

El colombiano, hijo de la tierra del realismo mágico garciamarquino, tiene en su cabeza otro proyecto, el del uso del cerebro, el de la adquisición del conocimiento, y para ello es fundamental promover una educación que lleve a esos ciudadanos a asir con sus neuronas todo el saber que hace progresar al mundo.

En los años 90 del pasado siglo, ese mar de colombianos iba a las ciudades del primer mundo a buscar, como decía el Precursor Miranda, “una patria más civilista” (Ramírez y Patiño, 2012) que le tratase con dignidad.

Así Petro exclama allí, en el  Centre Civix Cotxeres de Sants que:

“Ese mundo de la colombianidad que en aquella época iba clandestina por las calles de las ciudades del poder […] iba tratando de ocultarse, iba volviéndose invisible, ante el mundo del poder mundial, condenada a trabajar haciendo edificios, poniendo ladrillos; condenada a trabajar limpiando baños, en los servicios domésticos de la gente del poder condenada incluso a no mostrar su bandera, su nacionalidad; a veces rebelde, a través del baile, de la música, ¡bailando!, se podía expresar el hecho de ser colombiano, colombiana, latinoamericano”.

Esta reflexión mostraba cómo el mundo y su poder invisibilizaban al colombiano, pero, y peor aún, la misma colombianidad se invisibilizaba, lo deseaba, según el candidato, “dado que nos habían asignado un papel en el mundo, un papel que nosotros no queremos, el papel de embrutecernos en el trabajo esclavo de las grandes capitales del mundo, el papel de condenar a muchas de las juventudes femeninas, simplemente a ir al barrio rojo de Holanda; el papel de asignarnos el remoquete de narcotraficantes, el poder de condenarnos a ser parias de la Tierra como dijera el poeta, papel que no queremos; contra el cual nos rebelamos”.

Y acota que: “el pueblo de Gabriel García Márquez no nació para eso. El pueblo del realismo mágico no está para aceptar ese tipo de papel al cual nos quieren condenar”; y sentencia que: “¡Colombia no es eso. El papel de la sociedad colombiana no es ser retaguardia en el mundo, no es ser invisible, no es humillarse, no es bajar la cabeza; no es arrodillarse, es buscar un lugar bajo el firmamento mismo de la humanidad donde podamos mirar a los otros seres del mundo de cara a cara, a los ojos, de frente, y decir, este es un pueblo que tiene dignidad y capacidad; que puede no solo aprender del mundo, si no que tiene muchas cosas que enseñar”.

Lo anteriormente expresado por Petro, es “una campaña de redignificación del pueblo colombiano”, es el gran horizonte que, con sus palabras, dibuja en la mente de sus acompañantes transterrados (empatriados) en la apertura de dicha campaña.

Le recuerda al honorable público el papel heroico de las juventudes que salieron a protestar en el 2021, de los abusos del gobierno asesino, de las mutilaciones, persecuciones infames y un largo etcétera de violación a los derechos humanos de aquellos que solo querían dialogar y manifestar su inconformidad.

Ese no era un papel que se debía asignar a los jóvenes que hoy son perseguidos para ser judicializados, encarcelados, humillados. Esos y esas jóvenes de las cuatro esquinas de la patria despertaron, no se quedaron con la cabeza gacha, levantaron la voz, y lograron impactar en el mundo, pues, “de pronto, [continuó Petro] en las calles de París, por las calles de Barcelona y de Valencia, de Madrid; por las calles de Londres, y allá en la lejana Australia; y por las calles de Nueva York y quién dijera, por las calles de Miami […] un largo recorrido, una corriente de camisas y de banderas amarillas, azules y rojas, de pronto fue apareciendo, y las multitudes que antes eran invisibles, llenaron las plazas del poder…del poder del mundo”.

Y asevera con radical orgullo: “una colombianidad se hizo sentir”, y las plazas de las ciudades del viejo mundo se llenaron  de hombres y mujeres hijos de la rica esquina norte de Sudamérica.

Y las élites económicas, políticas e intelectuales del primer mundo, quedaron estupefactas ante la aparición casi fantasmagórica  de tropa tan numerosa de colombianos.

Petro es contundente con sus palabras cuando arguye entonces que los colombianos ya no serán invisibles, que el poder del mundo ya no puede seguir haciéndolo, pues, la colombiana es una sociedad que ahora: “quiere ser detentora del poder, de dignidad, de libertad”.

Petro ha compartido su experiencia de migrante en Bruselas. Conoció connacionales que habían salido para asilarse políticamente, huyendo de las balas de las extremas derechas, e incluso, por cuestiones económicas; en palabras de Petro, colombianos que salían de su patria: “tratando de buscar un lugar donde vivir con alguna dignidad”, manifestándole que: “al menos aquí la nevera está llena”.

Queda claro, Petro como migrante ha logrado comprender la situación del colombiano transterrado a pesar de que él no vivió con las afugias económicas que muchos e sus compatriotas han sufrido y sufren aún por fuera de su patria.

Pero si el papel del migrante colombiano no es ese asignado por el poder del mundo, ¿cuál es entonces? Petro no duda en su encuentro con nuestros hermanos en la capital catalana que:

“Nuestro mundo es otro. Nuestro mundo es el de la ciencia, y el de la poesía; el de la magia y el de la razón; nuestro mundo, nuestra posibilidad como pueblo dentro del Planeta Tierra es el de ser vanguardia, porque tenemos algo qué mostrar, tenemos algo que enseñar, tenemos una potencialidad que se puede volver acto en la historia misma de la humanidad que es la inmensa diversidad natural de nuestra tierra y la inmensa diversidad cultural que la historia del mundo nos ha hecho poseedores. Esa potencialidad es la que permitió un García Márquez; es la que permitió un Bolívar; es la que permitió un Nariño; es la que permitió que desde esas altas montañas pudiéramos destruir un poder colonial y construir una república. Es la que permitió soñar con una democracia que nunca fue al cabo de dos siglos. Es la que permitió que se pudiera posibilitar la esperanza dentro de una humanidad”.

Muchas ideas ha desarrollado el líder de la Colombia Humana (CH), el tema de la supervivencia humana a partir del cambio del sistema económico que nos agobia; realza el papel biodiverso y cultural  de Colombia; envía un mensaje de alerta sobre que no podemos mirar hacia arriba aludiendo a la popular película de NETFLIX, sino que debemos mirar hacia abajo, asegurando que el meteoro que destruirá la Tierra está es abajo, en el subsuelo donde hay petróleo y carbón, destructores de la humanidad; se compromete en utilizar la carrera diplomática para servir a los ciudadanos, no a los mafiosos y traquetos en el poder.

Finalmente, y volviendo al tema de los migrantes, Petro observa que:

“Ya no podemos mirar a Colombia simplemente desde Bogotá, como antaño era, ya no podemos mirar a Colombia simplemente desde el interior de sus fronteras […] millones de colombianos se han tenido que ir, Colombia no cabe solamente dentro de sus fronteras; Colombia no puede ser concebida simplemente como el espacio territorial que hay entre La Guajira y Leticia, y entre el mar Caribe y el Pacífico y las selvas amazónicas. Colombia ya no es solamente una transición de las Andes hacia el Caribe que le provoca su hermosura; Colombia va más allá, Colombia está en el mundo, Colombia está más allá de las fronteras, y por tanto nuestro aparato estatal tan raquítico, tan vacío, tan decaído y degradado por la política ligada a la mafia y a la corrupción, y al asesinato desde el poder, no da las posibilidades de esa gran Colombia, esa Colombia que va más allá de las fronteras, sin ningún tipo de ambición imperial, de esa Colombia que es el pueblo que está en París, que está en Barcelona, que está en Estados Unidos, que está en los demás países vecinos de América Latina”

Y lanza preguntas fundamentales para los migrantes colombianos: “¿Cómo un Estado puede llegar a esa colombianidad?, ¿cómo esa colombianidad que está en el mundo puede sentirse orgullosa de su país?, ¿cómo esa colombianidad se puede volver visible?”

La crítica a la diplomacia es contundente, acusa al Estado y al gobierno de simplificar las relaciones con otras naciones solo para firmar TLC, acuerdos comerciales, dejar pasar productos libremente por el territorio colombianos sin pagar ningún tipo de arancel, pero no para defender el derecho de los colombianos en el exterior.

En ese orden de ideas quienes tienen derechos son las cosas, no las personas, “tienen derecho los capitales si pueden hacer ganancias en Colombia, pero la gente que sale de Colombia, en cambio, no tiene derechos. ¿Y por qué un Estado tiene que aceptar esa condición?, ¿Por qué un Estado y un gobierno de los colombianos y las colombianas todas, deba aceptar que los derechos son de las cosas y no de las personas? La prioridad [sentencia Petro] si ganamos las elecciones en el mes de mayo, y tengo el pálpito de que vamos a ganar, la prioridad de todo el servicio diplomático que se nombre, la mayoría de carrera diplomática ojalá, será, antes que nada, garantizar los derechos fundamentales de los colombianos y las colombianas en los países que hayan decidido alojarse. Esa es la prioridad de cualquier embajador. Esa es la prioridad de cualquier cónsul hombre o mujer”

Y recuerda que tuvo él que sufrir hace más de treinta años al embajador de Colombia en Bélgica, el paramilitar Carlos Arturo Marulanda, que siendo dueño de la Hacienda Veracruz en el Cesar, masacraban campesinos con su venia: “Ese era nuestro embajador”, y denunciando el papel de estos funcionarios en el servicio diplomático, los acusa de ser esos engreídos servidores que se sienten descendientes del rancio abolengo de la nobleza, que no le importan los colombianos, que llegan a sus puestos a descansar y a ver como se logran materializar sus intereses personales y los de su familia:

“Vienen a pensar que tienen derechos heredados, de esos esclavistas que le confieren la opción real de ser embajadores y cónsules. Vienen a tramitar cómo sus hijos estudian en las mejores universidades, vienen a tramitar cómo se hacen los negocios de sus familias, de ellos mismos; vienen algunos incluso a ser embajadores mientras tienen laboratorios de cocaína en sus haciendas, o como el embajador que yo conocí [el paramilitar Marulanda] a mirar cómo se exporta el banano de Colombia mientras se masacran los campesinos en el Cesar en sus propias haciendas. Ese no es el servicio diplomático que el Pacto Histórico en el gobierno va a tener. El servicio diplomático de Colombia en el exterior debe ser de servidores y servidoras, si lo ponemos en palabras más castizas deben ser sirvientes y sirvientas del pueblo colombiano. No son aristócratas. Deben ser trabajadores y trabajadoras en solidaridad no simplemente con esas élites de colombianos que llegan a una embajada a ver cómo se organiza la fiesta del 20 de julio…sino de esa Colombia invisible que recorre las calles de estas ciudades del poder, sirviendo, lavando baños, poniendo ladrillos incluso de los edificios del poder sin que se les reconozca los derechos. El servicio diplomático de Colombia en el Pacto Histórico se pone al servicio del pueblo colombiano en el exterior, y su objetivo fundamental es que todo colombiano o colombiana por el simple hecho de ser un ser humano es sujeto de derechos, plenamente, como las demás personas que habitan estos países y que ese es el papel de un Estado”.

He querido hacer el esfuerzo de extraer las ideas más importantes de este discurso de lanzamiento, ya que, los medios escritos y televisivos no hicieron un despliegue de tan importante evento. Ustedes sacarán sus propias conclusiones. A título personal, un discurso brillante con un sentido humanista pocas veces escuchado dentro y fuera de nuestros linderos.

 ADENDA: 

Feliz 2022 a todos los que leen mi columna en Nota Ciudadana gracias a la apertura que Las2Orillas hace para que los colombianos de a pie podamos emitir nuestras opiniones.

Referencias.

Ramírez, A. C, Patiño, C. C. (2012). Francisco de Miranda, Precursor de la utopía colombiana. Imaginarios Pedagógicos. Bogotá.

Discurso Gustavo Petro en el lanzamiento del Pacto Histórico en Barcelona - 07 de enero de 2022 en Canal Gustavo Petro: https://www.youtube.com/watch?v=NVg0pTJGxu0&t=173s

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