Hubo un tiempo en que Bogotá terminaba mucho antes de donde hoy termina. Al sur, después de las últimas calles, comenzaban las haciendas, los potreros y las montañas; entre ellas estaba Casa Blanca, una enorme propiedad que pasó por las manos de José María Cobos, del legendario terrateniente antioqueño José María “Pepe” Sierra y, posteriormente, de la familia Gaviria.
Allí se cultivaba trigo y cebada. También se criaba ganado, mientras el río Tunjuelo marcaba parte de los límites de una ciudad que todavía conservaba fincas y grandes extensiones verdes en sus bordes. La Bogotá que entró en las últimas décadas del siglo XX ya era otra. La violencia y la pobreza empujaron a cientos de familias desde distintas regiones del país hacia las montañas del sur, donde comenzaron a levantar con palos, cartón, plástico y zinc los primeros cambuches de lo que sería Potosí.
En los años 80, aquellas familias no solo construyeron sus casas con sus propias manos: también organizaron jornadas comunitarias, improvisaron redes para llevar agua y luz y, ladrillo a ladrillo, convirtieron una invasión en un barrio que terminaría siendo reconocido legalmente en 2002. También le puede interesar: La antigua Hacienda Niza de la familia hurtado en Bogotá termino dando el nombre al barrio Niza de Suba.

Una ciudad sin tanto trancón y aún con grandes terrenos y haciendas
A finales del siglo XX, Bogotá ya había sobrepasado los 4 millones de habitantes. La ciudad empezaba a crecer aún más con la llegada de gente desplazada por la violencia de las diferentes zonas del territorio nacional. Los inmigrantes se asentaron en las zonas periféricas de la ciudad: Usme y Ciudad Bolívar, dando origen a barrios de invasión.
La carrera séptima, antigua Calle Real, era el eje principal de Bogotá. en aquella época, los peatones iban vestidos con ruana, chaqueta de cuero o gabán. Solían salir a vitrinear al centro de la ciudad, mientras que políticos, intelectuales, artistas, se reunían a diario a debatir en los sitios emblemáticos de la ciudad.
Bogotá era una urbe en expansión: de grandes casonas coloniales, mezcladas con arquitectura moderna, predominaban los cines de barrio y los teatros antiguos especialmente en la localidad de Chapinero. El transporte de la ciudad era multicolor: los colectivos y busetas recorrían las vías de sin mayor contratiempo porque no había los trancones ni la congestión de hoy. Eran días de constante transformación, donde aún existían fincas y haciendas con grandes extensiones de terrenos.
También puede leer: La jugada de los comerciantes de San Victorino para no dejar que Shein y Temu les sigan cogiendo ventaja en ventas

Una hacienda del siglo pasado rodeada de desplazados por la violencia
La Hacienda Casa Blanca estaba ubicada en lo que hoy conocemos como Ciudad Bolívar. En 1929 perteneció a la familia Cobos, en cabeza del señor José María Cobos. Posteriormente, la propiedad fue adquirida por el terrateniente antioqueño José María Sierra, más conocido como Pepe Sierra, quien a su vez la vendió a la familia Gaviria. Las grandes extensiones de tierras limitaban con los cerros del sur de la ciudad y otras zonas rurales de la sabana, como la finca Olarte, donde hoy se encuentra el barrio barlovento, también tenía límites con el rio Tunjuelo.
Era una hacienda ganadera y agrícola donde se cultivaba trigo y cebada que abastecía los mercados locales, los molinos de la industria y las cervecerías de la ciudad. La economía de la hacienda dependía cien por ciento de las cegadoras de trigo y los trabajadores que se dedicaban a la recolección masiva de las cosechas.

A mediados del siglo XX, las grandes extensiones de terrenos -que hacían parte de la Hacienda Casa Blanca de propiedad de los Cobos, luego de Pepe Sierra y posteriormente de la familia Gaviria- se transformaron radicalmente con el avance de la ciudad, dando origen a la concentración de comunidades en sectores populares del sur.
Allí, empezó el desarrollo urbano, la creación de asentamiento subnormales y los barrios tradicionales de la parte alta de Ciudad Bolívar como Potosí. En 1980, llegaron a la capital del país cientos de familias procedentes de varias regiones del territorio nacional empujadas por la violencia, la pobreza y en busca de nuevas oportunidades y una vivienda para meter la cabeza.
El barrio empezó a conformarse y construirse con invasores que levantaron casas informales, con el apoyo de urbanizadores piratas. Los inmigrantes levantaron cambuches rápidamente para asegurar el terreno: palos, ramas, madera cartones, plásticos, tela, lona y láminas de zinc les sirvieron para improvisar las primeras viviendas.
También le puede interesar: A sus 58 años sigue trabajando en la barbería más antigua de Bogotá por donde pasaron Gaitán, Lleras y Turbay
Una larga historia de desalojos y regresos: del cartón al ladrillo
Entre 1982 y 1983, los inmigrantes iniciaron la construcción de viviendas con sus propias manos. Las precarias casas fueron impulsadas por organizaciones comunitarias como el Instituto Cerros del Sur con el fin de evitar posibles desalojos por parte de la policía y autoridades locales.
Los fines de semana organizaban jornadas comunitarias donde la comunidad participaba en la construcción de las viviendas. Ya con las casas en pie, a medida que avanzaba el tiempo y las familias conseguían trabajo informal, comenzaron a reemplazar los cambuches por ladrillos e hicieron la transición a materiales definitivos.
De forma empírica, las mismas familias aprendieron albañilería para construir sus casas con libre albedrio y de forma progresiva. No tenían dinero suficiente para levantarlas de un solo envión, sino que las iban construyendo por pedazos: primero una pieza, luego la cocina y así sucesivamente. Más tarde, con alguna entrada extra o casi milagrosa, el segundo piso y cuartos independientes para sus hijos.
La comunidad, además, creó su propio sistema para llevar la luz y el agua Al principio, el agua la recolectaban en la zona baja y la subían hasta la parte alta con baldes, pero también recogían agua lluvia. Posteriormente, crearon sistemas artesanales con mangueras para la recolección del líquido, conectándose de forma clandestina a las redes del acueducto de Bogotá.
Para tener luz eléctrica, hicieron la misma operación: conectarse ilegalmente a postes que estuvieran más cerca al asentamiento. De ese modo, asumieron los riesgos de cortocircuitos y apagones constantes por la precariedad de las redes improvisadas.
En los primeros años, la comunidad del Barrio Potosí cocinaba con leña y en algunos casos utilizaban cocinol. El barrio inició con cinco familias y paulatinamente fue creciendo: 10, 30, 50, hasta llegar a tener las 100 familias que comenzaron a construir las primeras casas.
Después de muchos años de mantenerse como un barrio más de Ciudad Bolívar, construido de manera informal, pero con fuerte organización comunitaria, en 2002 siendo Alcalde de Bogotá Antanas Mockus, Potosí fue legalizado tras la expedición de la resolución # 0395 el 1 de octubre de ese año.
Con la invasión que dio lugar al barrio Potosí, el propietario de los terrenos de la Antigua Hacienda Casablanca decidió lotear y vender los terrenos por medio del Banco Interamericano de Desarrollo con la financiación de lotes con servicios. De ese modo, se dio origen a los demás barrios que se construyeron en los terrenos de Casablanca: la Isla, las Brisas, Arborizadora Alta, Santa Viviana y Verbenal Sur, entre otros.
Puede leer también: Estos son los 5 mejores hospitales de Bogotá especialista en pediatría, oncología y cardiología
Anuncios.


