Frente al parque de Las Cruces, en el centro de Bogotá, Jairo Baquero conserva la silla, las máquinas y los objetos de un oficio que heredó de su padre y su abuelo

Two-panel scene: exterior of Museo Barbería GHB with a worker at a window and a mural reading 'BARBERÍA'; a barber cuts a client inside. - A sus 58 años sigue trabajando en la barbería más antigua de Bogotá por donde pasaron Gaitán, Lleras y Turbay

La Barbería Baquero lleva cerca de ocho décadas frente al parque de Las Cruces y parece haber encontrado la manera de atravesar todas las modas sin dejar de ser la misma. Mientras Bogotá pasó de las antiguas barberías de barrio, con tertulias, periódicos y clientes que llegaban a conversar mientras esperaban su turno, a los modernos establecimientos donde jóvenes buscan cortes, diseños y estilos cada vez más sofisticados, en este pequeño local todavía sobreviven las máquinas manuales, la silla de barbería de mediados del siglo XX y los objetos con los que varias generaciones de bogotanos se arreglaron el cabello.

Detrás del negocio, está Jairo Hernán Baquero, de 58 años, quien aprendió el oficio de su padre y su abuelo y terminó regresando a ser barbero después de haberse formado como técnico metalúrgico y trabajar durante años en la industria automotriz. Hoy atiende con cita previa, conserva más de 200 objetos que convirtió en museo y espera que su hijo Cristian tome algún día las tijeras para llevar el negocio a una quinta generación.

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Herencia familiar

A principios de la década de los 20, las zonas rurales de Santander estuvieron marcadas por una metamorfosis económica, desigualdad, tensiones sociales y la violencia de la época. La vida campesina giraba en torno a la agricultura. El motor que movía las grandes haciendas y fincas de la región era el café. Allí, nació la bisabuela de Jairo Hernán Baquero, María Teresa Castillo, una matrona y campesina santandereana de estirpe comunera, quien recorría fincas, haciendas y veredas, entre caminos reales, ofreciendo sus servicios de peluquera con tijeras y cuchilla en mano.

Posteriormente, dicha sabiduría empírica se transmitió de generación en generación. Su hijo Gabriel Antonio Baquero, su nieto Hernán Baquero y su bisnieto, el actual dueño, completaron cuatro generaciones familiares en el oficio. Sin embargo, con la explosión de la guerra de Los Mil Días, que estalló en 1899, y la crisis del café, se acrecentó aún más la violencia que involucraba a liberales y conservadores, acelerando la migración a otras regiones del territorio colombiano, incluyendo la helada Santafé de Bogotá de esos días.

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Un barrio popular: obreros, chircales y la Virgen

Allí, llegó huyendo de la violencia Hernán Baquero. Se radicó en el corazón de la naciente y pujante urbe. En el barrio las cruces, donde se concentraban obreros, artesanos y pequeños industriales. Además, estaban los jornaleros de las fábricas de loza y de los chircales donde se producía artesanalmente ladrillo y tejas de barro cocido. Era un barrio de calles angostas, empinadas en las partes altas y casas de estilos coloniales y republicano, de un solo piso con puertas y ventanales grandes.

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Los lugares de encuentro de la clase popular eran plaza de mercado, la iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, que luego pasó a llamarse Nuestra Señora del Carmen de Las Cruces, la fuente de la Garza, el parque principal y el antiguo Teatro Las Cruces, ubicado en la esquina de la calle 2ª con carrera 8ª.

Durante varios años, Hernán Baquero, papá de Jairo Hernán, laboró como empleado. En los años 50 montó la barbería, justo a lado del teatro, en un local muy pequeño. Tenía, entonces, una sola silla: la clásica regia de estilo americano o Mid – Century, fabricada por la compañía de muebles la Malinche S.A, en Monterrey (México).

Ya instalado y con un negocio propio que le daba para vivir, en 1957, Hernán Baquero decide traer toda su familia, que se encontraba en Santander, a radicarse de forma definitiva en Santafé de Bogotá. Con la llegada de su abuelo Gabriel a la barbería, se turnaban los clientes para que cada quien tuviera sus propias ganancias. Posteriormente, en 1957 consiguieron un nuevo local a donde se mudaron frente al Parque de Las Cruces. Desde entonces permanece allí casi detenido en el tiempo.

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La Barbería más antigua de Bogotá

Por la Barbería Baquero desfilaron personajes ilustres de la Bogotá antigua. El exalcalde de Bogotá Jorge Eliécer Gaitán. También expresidentes como Carlos Lleras Restrepo, Guillermo León Valencia y Julio Cesar Turbay Ayala. El legendario lugar era ideal para las tertulias, la cultura y hasta para los chimes del barrio. Los cortes de la época eran el italiano, el argentino y el Humberto, que aún son de los favoritos de la clientela demostrando que lo clásico nunca atraviesa las modas.

 Barbero y partero

Gabriel Antonio Baquero, aparte de dedicarse a la peluquería, también era partero. Fue él quien recibió al nieto Jairo Hernán Baquero cuando nació. Hoy, 58 años después, está al frente del legado de su abuelo. Tenía 13 años cuando comenzó a aprender el oficio con su papá Hernán y su abuelo Gabriel, pero se apartó luego de haber sido castigado por trasquilar a su amigo Robert, quien le puso la cabeza para repartirse los 5 pesos que costaba el corte. Por el incidente, se alejó del negocio familiar y se dedicó a estudiar.

De 10 centavos a 20 mil pesos

Jairo Hernán Baquero estudió en el Colegio Técnico Industrial La Salle. Luego, se gradúo como técnico metalúrgico del SENA. Durante años trabajó en una empresa de ensamblaje automotriz, de propiedad de Salomón Kassin, que quebró por temas sindicales en el año 2.000. Entonces se retiró. En 2007, volvió a la Barbería y tomó clases de peluquería en Crear Barber y Marcel France para dedicarse de lleno al oficio.

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Tras la muerte de su abuelo y su padre, Jairo Hernán Baquero asumió la barbería y conserva más de 200 objetos de la época, entre ellos máquinas manuales y una traída de Serbia durante la Segunda Guerra Mundial. Los cortes, que alguna vez costaron 10 centavos, hoy valen $20.000. Baquero atiende entre 10 y 12 clientes diarios y combina el oficio con su labor como gestor cultural. La barbería funciona también como museo bajo el nombre Museo Barbería GHB o Barbería Clásica Hernán Baquero. A sus 58 años, asegura que seguirá trabajando mientras pueda. Su hijo Cristian, experto en barbería, está preparado para recibir el legado y llevarlo a una quinta generación. Mientras ese día llega, trabaja en optometría.

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Por Ramiro Pacheco

Periodista en Las2Orillas, dedicado a informar y analizar los hechos que marcan nuestra vida diaria.