¿Una nueva gobernabilidad para Bogotá?

Claudia López obtuvo la alcaldía de la capital y la composición del Concejo sufrió transformaciones importantes, ¿significará esto un cambio para la ciudad? Una mirada

Por: Foro Nacional por Colombia Capítulo Región Central
octubre 29, 2019
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¿Una nueva gobernabilidad para Bogotá?
Foto: Pixabay

Este 27 de octubre Colombia fue testigo de unos comicios locales y regionales con una importante participación electoral teniendo en cuenta las tradicionales cifras de abstencionismo, que para esta ocasión se reportó con 40% aproximadamente en todo el territorio nacional. En estas elecciones, las principales ganadoras fueron las coaliciones o alianzas interpartidistas que obtuvieron 24 de las 32 gobernaciones, en contraste con las elecciones del 2015, cuyo número de gobernaciones fue de 18. Para el caso de las alcaldías de las capitales, 15 de ellas quedaron en manos de las alianzas, tal como sucedió en la ciudad de Bogotá.

Contra todos los pronósticos de las últimas encuestas que planteaban un empate técnico e incluso señalaban como ganador a Carlos Fernando Galán, la candidata por la coalición Alianza Verde-Polo, Claudia López, obtuvo el segundo cargo más importante del país. Fue elegida alcaldesa del Distrito Capital. Es un hecho sin precedentes debido a que es la primera mujer elegida por voto popular para dirigir las riendas del Palacio de Liévano y además consiguió la votación más alta en la historia capitalina (1'108.541 votos), aspecto que representa no sólo una victoria para su campaña sino también para la democracia distrital, de manera especial por alcanzar una votación que llegó al 55% del potencial electoral. Bogotá demostró un avance importante en términos de participación política, tal como lo demuestran las cifras; en efecto, de 2'810.832 personas que votaron en las elecciones del 25 de octubre de 2015, se pasó a 3'219.343 de votantes en estos comicios, lo que representa una corta pero significativa reducción en la abstención, que pasó del 48,46% al 44,97%.

De otro lado, la composición del Concejo Distrital también sufrió transformaciones importantes. De los 45 miembros se renovó un poco menos del 50%, es decir, llegan 23 concejales nuevos a la corporación, con la presencia de movimientos alternativos. La Alianza Verde, por ejemplo, pasó de tener 6 curules a 12, alrededor del 20% del cabildo, lo que significa que la colectividad será la principal fuerza política de dicha corporación. De igual forma, la bancada de izquierda tendrá una representación importante, 4 curules del Polo más 3 de Colombia Humana sumarían alrededor del 13%. Por su parte, las fuerzas alternativas, encabezadas por Bogotá para la gente (de la cual hace parte Carlos Fernando Galán) y el movimiento Colombia Justa Libres, reclamaron su cuota con 3 y 2 curules respectivamente.

Sin duda los grandes perdedores fueron las maquinarias, el uribismo y los partidos tradicionales. Cambio Radical pasó de tener 9 concejales a 5; el Centro Democrático logró 5 curules, perdiendo una curul; el Partido Conservador, por su parte, pasó de 3 a 2 curules, y los partidos de la U y el Mira, casi se quedan sin representación; el partido de la U alcanzó sólo 1 curul de las 3 que tenían y el Mira pasó de 2 a 1 curul. Con esta nueva configuración del mapa político se presume un escenario político en el que la gobernabilidad y la articulación entre la administración López y el Concejo pueda ser una realidad, y le permita garantizar un importante apoyo a los proyectos que requerirá Bogotá. Con este margen de maniobrabilidad, sin duda el principal ganador es el electorado de una ciudad que tradicionalmente se ha caracterizado por no tener la mejor de las sinergias entre el mandatario y los cabildantes.

A pesar de este escenario un tanto optimista, sin lugar a dudas, el principal reto para la nueva administración será dotar a la ciudad de condiciones aptas para que la participación ciudadana sea algo más que una promesa de campaña y se convierta en una realidad y en una oportunidad para recuperar la confianza de la gente hacia la institucionalidad pública. En su discurso de posesión, Claudia López resaltó que trabajará para que Bogotá ejerza un gobierno para todos y todas, en el que la cultura ciudadana jugará un rol protagónico, un gobierno sumado a la causa anticorrupción y a la lucha contra el clientelismo. La nueva mandataria llamó a que las nuevas generaciones políticas, de las que hace parte su contendor Miguel Uribe, se desliguen de las castas tradicionales y se sumen a una cultura de la transparencia, de la participación, del diálogo y del desarrollo ambiental y socio-económico sostenible. Como bien sentenció López “Bogotá votó para que la alcaldía vuelva a escuchar con respeto a la ciudadanía. Votó para que ésta y cualquier alcaldía entienda que se debe con respeto a la ciudadanía, que ellos son sus jefes y que a ellos nos debemos (…) vamos a tener un gobierno abierto, ciudadano, que escucha, que concerta, que no abusa, que cuida cada vida y cada peso como sagrado, que sabe que gobierna para cada uno de los 9.2 millones que viven en la ciudad región”.

Se trata de una enorme responsabilidad que tendrá la nueva administración en términos de la promoción de espacios deliberativos con sectores que hasta el momento no la han tenido fácil para incidir en lo público, como es el caso de la población LGBTI, las mujeres, los jóvenes, la población rural, los ambientalistas, los animalistas o los recicladores. Durante su campaña, Claudia firmó aproximadamente 17 pactos con estas y otras poblaciones, con quienes espera ejercer poder en un ambiente de gobernanza y diálogo abierto.

El reto reside justamente en cumplir dichos acuerdos y en trabajar para garantizar una educación pública gratuita y de calidad, mejores condiciones de seguridad, la conservación y protección de las reservas naturales, entre otros aspectos, no menos importantes. De hecho, una de las primeras peticiones que hizo la alcaldesa electa al saliente alcalde Enrique Peñalosa, fue que no impusiera el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT) por la vía del decreto, pues representaría un irrespeto hacia la ciudadanía y hacia ecosistemas tan importantes como la Reserva Forestal Thomas van der Hammen o los cerros orientales. De parte de la ciudadanía, la tarea no es menor, pues se trata de involucrarse activamente en lo público y velar porque las promesas de campaña sean cabalmente cumplidas y beneficien a una Bogotá que para 2023 espera ser de nuevo la ciudad de la inclusión, la diversidad, la ciudad de la cultura y la participación ciudadana. 

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