Opinión

¿Qué se fizo dona Isagén?

Consumado el traspaso, Isagén desapareció del diccionario oficial, y ni la dura oposición del Centro Democrático volvió a acordarse del silencio que cubre la controvertida venta

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julio 07, 2017
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¿Qué se fizo dona Isagén?
"Nadie, al menos en los medios de comunicación, puso en duda la transparencia del proceso mientras no afloraron los contrasentidos, como el de la subasta de un solo proponente"

La opinión pública colombiana recuerda que el gobierno ponderó a dos voces, las de Santos y Cárdenas, el milagro extraterrestre que era Isagén como negocio del Estado. No obstante, como quien se fastidia de la joya de la corona, un día imprevisto el ministro de Hacienda convocó una subasta para vender la empresa, porque el mundo de plata que produciría sería lo nunca visto. La lógica obligó a la gente a preguntarse en coro: ¿Si es tan buen negocio para qué enajenarla tan de repente?

En medio de las explicaciones ambiguas del ministro, por alguna de sus respuestas en una entrevista entendimos que al país le iría mejor vendiendo la mina e invirtiendo la bolsa con posibilidades sobrenaturales de rendimiento. Pero de ahí para acá, un velo de misterio cubre la suerte corrida con las inversiones. Consumado el traspaso, Isagén desapareció del diccionario oficial, y ni la dura oposición del Centro Democrático volvió a acordarse del silencio que cubre la controvertida venta. Quiebres de la memoria.

Nadie, al menos en los medios de comunicación, puso en duda la transparencia del proceso mientras no afloraron los contrasentidos, como el de la subasta de un solo proponente. Cabalgando sobre ese absurdo, y contra viento y marea, el señor Cárdenas no paró de acelerar. Al contrario, siguió hundiendo la palanca, porque cuando él se inspira no se le satura la sensibilidad. Parecía que fuera un hombre lleno de ausencias, pero vemos que no abdica de sus tozudeces.

 

¿Cómo evitarse las suspicacias
cuando se juntan unos actos arbitrarios
con una cuantía de ceros que se nos enredan en la boca?

 

¿Cómo evitarse las suspicacias cuando se juntan unos actos arbitrarios con una cuantía interminable de ceros y más ceros que se nos enredan en la boca? Imposible. Peor todavía: crecieron más con el privilegio que la voluntad irreductible del ministro otorgó al proponente único con un “se hace o se hace” terminante ¿Cómo se evadía un olor bituminoso en esa desesperación que sacaba de sus casillas al ministro cercado de críticas?

El Cárdenas agobiado y temeroso, aturdido e infantil que se petrificó durante el debate que le hizo el exsenador Javier Cáceres por el escándalo de Dragacol, siendo ministro de Transporte, se transformó en un defensor desapacible y temerario de la venta de Isagén. Había momentos en que el ceño y el bozo del ministro reflejaban el tropel de sus emociones y el oleaje insonoro de sus expectativas. ¡Imagínense! Era como si sus ojos inexpresivos miraran, esta vez alegres, la tierra desde el espacio.

Alguien comparó a Cárdenas, por aquellos días, con el dueño de un cañaveral que muele y muele y no deja de moler en su trapiche. El ministro ha molido en cuatro ministerios y el Departamento Nacional de Planeación, como carta fiable de tres presidentes tan diferentes como César Gaviria, Andrés Pastrana y Juan Manuel Santos. A eso obedece, tal vez, que, como don Fernán Gómez de Guzmán, el comendador de Fuenteovejuna, atropelle y no pare y haga burla de la justicia jactándose de su poderío. La vida le ha deparado manjares de regusto a pesar de su congénita acidez temperamental.

Entre las familias Santos y Cárdenas parece que hubo un intercambio de favores planeados con precisión de torneros, bajo el amparo y los recursos de la Federación de Cafeteros y del Estado, obvio. Juan Manuel Santos fue nombrado por Jorge Cárdenas Gutiérrez en Londres, como representante de la Federación, por varios años. En retribución al gesto, Santos nombró al hijo de su nominador en los ministerios del petróleo y la chequera, por siete años, y ha paseado por las embajadas de Colombia en Japón, Brasil y México a su hermana Patricia. Y por si faltara otra cuotica le adjudicó a su hermano Jorge Hernán unos contratos por $22.000 millones.

Si la gente repasara las actuaciones de Cárdenas en Reficar, Isagén y Bioenergy sacaría varias conclusiones, pero yo apuesto pesos a merengue que, si de alguna investigación le apareciese al ministro un rocecito con el Código Penal, verbigracia un peculado, no hay duda de que sería un peculado culposo. Ahí muere la vasta periferia de sus tropiezos.

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